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PENÍNSULA
IBÉRICA - CULTURA CELTA - VETTONES |
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LA SOCIEDAD
La sociedad Vettona de la época de las guerras de conquista
aparece dividida en dos clases bien diferenciadas: una aristocracia
militar (clase dirigente) que proporciona los jefes en las guerras
y la masa del pueblo que constituye el conjunto de los combatientes.
Además de estos dos grupos, durante el asedio de Aníbal
a Salamanca, se menciona también la existencia de esclavos,
si bien tal situación es poco probable (seguramente los
autores clásicos mencionaron la existencia de esclavos
porque para ellos sería inimaginable una polis que no
los tuviera).
Arqueológicamente la existencia de la aristocracia se
comprueba en las tumbas de las necrópolis, con ajuares
de guerreros que presentan panoplias ricamente decoradas. Es
probable que el caballo en ésta aristocracia guerrera,
fuese un elemento de prestigio, y que el combate lo librasen
a pie, ya que su armadura se inspiraba en la del hoplita clásico.
En este sentido, se han puesto en relación las representaciones
ecuestres de las fíbulas hispanas de la Meseta y de las
monedas que, ya bajo la romanización, acuñan algunas
ciudades. Dichas fíbulas serían elementos de adorno
de su indumentaria que funcionarían como símbolos
de su estatus social superior. Desde el punto de vista económico,
esta clase era la propietaria de tierras y de ganados (principal
manifestación de riqueza). Las razzias de Vettones y
Lusitanos tenían como finalidad el saqueo de cabezas
de ganado y resulta fácil presuponer que los jefes de
estas expediciones (los aristócratas) se quedasen siempre
con la mayor parte del botín. Parece haber existido una
cierta dualidad en el poder, una magistratura de carácter
ordinario con características civiles y/o religiosas,
y otra de tipo extraordinario elegida para momentos especiales,
en concreto para la guerra. Los escritores griegos se refieren
a los jefes militares con el término de begoumenos,
es decir, conductores, y no parece existir una regla sucesoria
entre ellos sino que su nombramiento se debía a una elección
en la que pesaban diversos factores como el valor.
Un conjunto de instituciones que tuvieron gran importancia en
la Hispania antigua fueron los pactos basados en la mutua confianza,
o fides, conocidos como hospitium
y clientela. El hospitium
era una institución que permitía adquirir los
derechos de un grupo determinado (grupo familiar, comunidad
urbana, etc.) a otros grupos semejantes o a individuos aislados.
Como los grupos familiares y las comunidades urbanas eran grupos
cerrados, en los cuales solo tenían cabida los miembros
emparentados descendientes de un antepasado común o los
individuos con estatuto ciudadano en una determinada comunidad,
las relaciones entre ellos o entre miembros de un grupo con
otros, tenían que darse sobre la base de la personalidad
propia que tenía cada uno. Estas relaciones se establecían
mediante los pactos de hospitalidad que convertían en
hospites (huéspedes)
mutuos a los que contraían ese pacto, según las
costumbres de hospitalidad generalizadas en las sociedades antiguas
del mundo clásico y, fuera de él, entre los celtas,
los germanos, etc. Un tipo de relación diferente, aunque
basada en principios semejantes, era la de la clientela. La
relación de clientela es ya una relación de desigualdad
en la cual la más poderosa o influyente de las partes
ofrece protección o algún tipo de beneficios a
la otra parte a cambio de obsequios, apoyo o reconocimiento. |
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