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PENÍNSULA
IBÉRICA - CULTURA CELTA - VETTONES |
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RELIGIÓN y MUNDO FUNERARIO
Las fuentes que pueden utilizarse para conocer la religión
de los Vettones antes de la conquista romana son muy escasas
y siempre de carácter exclusivamente arqueológico.
Principalmente se trata de esculturas de verracos, grabados
rupestres (a los que se les atribuye un valor simbólico
o religioso) y restos de estructuras que parecen haber sido
santuarios. En lo que respecta a los supuestos santuarios indígenas,
solamente en el castro de Ulaca existe cierta evidencia de un
conjunto de restos que, comparados con otros santuarios mejor
conocidos en Hispania, se pueden interpretar como un lugar de
culto. Se trata de un santuario a cielo abierto, con una gran
piedra de granito en la que se cinceló una escalera,
oquedades y canales, que muy probablemente sirvieran para recoger
la sangre de las víctimas del sacrificio e incinerar
sus despojos o las ofrendas. Este tipo de santuario se relaciona
con el concepto céltico de nemeton,
un espacio natural (peña, bosque, río, cueva,
etc.) consagrado a los dioses en el que se les rendía
culto y se depositaban las ofrendas.
La existencia de sacrificios está bien atestiguada entre
los Vettones así como entre todos los pueblos de la Península
en general (el sacrificio era el acto central del culto de las
religiones indoeuropeas). Estrabón y Livio atestiguan
la existencia de sacrificios humanos entre los lusitanos, de
la misma manera que existían entre los galos y germanos.
Estos sacrificios, evidentemente, se celebraban en situaciones
especiales y no eran lo habitual dentro de la religión
de estos pueblos (lo común en la vida cotidiana, era
el sacrificio de algún pequeño animal o las ofrendas
incruentas de tortas, leche, cerveza, etc.). Se conocen relativamente
bien dos divinidades cuyo culto debió ser importante
entre los Vettones. Uno era el dios Vaelicus
que tenía un santuario cerca del castro de El Raso de
Candeleda (identificado por un lote bastante numeroso de inscripciones
votivas de época alto imperial). Por la relación
con el nombre celta vailos
“Lobo”, se ha supuesto que Vaelicus
sería un dios-lobo, probablemente una divinidad de ultratumba
o infernal. Otra divinidad bien conocida es Ataecina,
la “Renacida”, de la cual se conocen numerosas inscripciones
repartidas en las provincias de Cáceres y Badajoz. Durante
el Alto Imperio se identificó con la Proserpina
clásica y se introdujo en Emérita Augusta (Mérida),
de dónde proceden varias dedicatorias importantes.
En lo que respecta al carácter religioso de los verracos,
es ésta una idea muy extendida en la actualidad, aunque
si se analizan los argumentos esgrimidos, o mas bien al ausencia
de ellos, se puede llegar a la conclusión de que se trata
mas bien una suposición general, que no se fundamenta
en pruebas precisas. El carácter funerario de algunos
verracos realizados o reutilizados en época romana parece
hoy día probado y se relaciona con el conjunto de ideas
acerca de la vida de ultratumba (que entran en la categoría
de ideas religiosas); pero si se excluye esta consideración,
es poco lo que puede decirse acerca de un carácter o
significado religioso de estas esculturas zoomorfas. Además
de los verracos, se conocen también un gran número
de relieves rupestres con representaciones de caballos, jinetes
y eventualmente otros animales o figuras geométricas,
a los que en ocasiones se les ha supuesto un carácter
religioso, aunque nuevamente la falta de un mejor conocimiento
de las mismas, impide de momento el pronunciarse al respecto.
Todas las necrópolis presentan una serie de elementos
característicos. La mayoría de ellas se sitúan
a corta distancia de las puertas de los poblados (siendo visibles
normalmente desde ellos) y presentan una ordenación interna
del espacio funerario, organizado en distintas áreas
o zonas de enterramiento, separadas por espacios vacíos,
con ajuares muy diversificados. Durante la segunda Edad del
Hierro el rito funerario practicado casi exclusivamente fue
el de la incineración. Los cadáveres eran quemados
y las cenizas se colocaban luego en un hoyo con o sin urna cineraria.
En algún caso la cobertura de la tumba era muy escasa,
pero en otros se procedía a cubrir la sepultura con una
estructura tumular y un encanchado de piedra.
Las posibilidades de interpretación sociológica
e histórica de las necrópolis Vettonas son muy
difíciles por lo incompleto de los datos y por el conocimiento
desigual de las mismas pues, mientras que en algunas se han
excavado un elevado número de tumbas (caso de la necrópolis
de La Osera), de otras se tiene un conocimiento muy superficial.
El hecho de que en la mayor parte de los casos se trabaje con
conjuntos arqueológicos que no son cerrados, sino que
aún queda un número difícilmente evaluable
de tumbas por excavar, hace que los resultados obtenidos por
los distintos investigadores sean no solo divergentes sino,
a veces, contradictorios. En todos los casos, sin embargo, se
puede observar una división social básica entre
un conjunto de tumbas de guerreros con ajuares más completos
(lanza, espada, cuchillo, escudo, etc) y en ocasiones ricos,
que pueden ser consideradas como tumbas aristocráticas,
y otras tumbas con ajuares más modestos en las que aparece
un armamento muy variado (un cuchillo, o una espada, o regatones,
etc.) que deben corresponder a guerreros de menor rango pero
cuyo estatus resulta difícil de evaluar. |
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