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Localización: desde
Solosancho hay que seguir la carretera a Villaviciosa y luego
tomar un camino señalizado que se dirige a la sierra
hasta llegar a una verja dónde se ha colocado un punto
informativo (punto de partida del itinerario señalizado).
El itinerario está marcado con pequeños mojones
de granito y traza la ruta más cómoda y aconsejable
(dado que la ascensión tiene pendientes fuertes, una
subida tranquila supone unos 30 minutos).
Grado de Accesibilidad: Bueno
– Acceso señalizado – Posee cuadros explicativos.
Cronología: siglo III
a.C. al siglo I a.C.
Descripción: la que
fuera la capital del Amblés a finales de la Edad del
Hierro se emplaza sobre un cerro amesetado de la Sierra de la
Paramera a cerca de 1.500m. de altitud. El oppidum
estuvo rodeado de una potente muralla que encierra una superficie
ovalada de más de 60 ha. En el interior se ven las cimentaciones
de piedra de casas cuadradas y rectangulares, un santuario y
altar rupestres, una sauna iniciática labrada en el granito
y dos canteras, al Oeste y Suroeste, de las que se extrajeron
bloques para la construcción de las viviendas y de la
muralla. El poblado se articula en torno a dos grandes vaguadas
que lo atraviesan de este a oeste. El caserío es disperso,
con casas siempre aisladas, que se distribuyen adaptándose
a la topografía sin una ordenación en calles.
Las casas presentan plantas cuadradas y rectangulares con gruesos
muros de piedra. Las hay de planta sencilla, con dos o tres
estancias (de unos 40-80 m2), y de planta compleja, con más
departamentos y mayor superficie (hasta 250 m2). Una potente
muralla de granito rodeó el asentamiento adaptándose
a la morfología del terreno, con un perímetro
de más de 3.000 m y una anchura mínima de 2 m
La puerta del noroeste, por donde se accede al oppidum,
estuvo además protegida por varias líneas de muralla
que la anteceden mientras que la del noreste, por dónde
se sale siguiendo el itinerario de visita, es una puerta en
esviaje. Por las laderas todavía se ven las rampas por
donde discurrían los caminos que llevaban al llano (las
huellas de ruedas de carro son visibles en algunos puntos).
En el sector noroccidental del poblado, y en una zona relativamente
apartada de la concentración de casas, se encuentra el
santuario y el altar de sacrificios. El santuario es una estancia
parcialmente excavada en la roca de planta rectangular asociada
a una gran peña, en la que una doble escalera conduce
a una plataforma con dos concavidades comunicadas entre sí.
Una de ellas vertía en una tercera que a través
de un canalillo conducía los líquidos al pie del
altar. Por paralelos con otros santuarios de piedra parecidos
del occidente peninsular se puede asegurar su carácter
sacro y suponer que se realizarían sacrificios de animales
dedicados a las divinidades. Casi al pie de la ladera en la
vertical del santuario hay una cueva, más bien una estrecha
grieta entre los granitos, que podría vincularse a concepciones
religiosas de tradición céltica. A unos 150 m
hacia el sur del santuario se encuentra una sauna ritual excavada
en la roca, que se divide en tres ámbitos: horno para
fuego, antecámara y cámara con dos asientos labrados
para recibir el baño de vapor. Se trataría de
una sauna iniciática para grupos de guerreros, que tiene
larga tradición en el mundo atlántico indoeuropeo
y paralelos en los baños castrexos de los pueblos del
NO peninsular. |
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