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CASTRO  DE  EL  RASO

Localización: a unos 5 km de la localidad de Candeleda, por la carretera CL501 dirección Madrigal de la Vera, se toma un desvío señalizado a derecha que, tras recorrer 6 km, conduce al poblado de El Raso. A la entrada del pueblo parte una pista señalizada a derecha que conduce al castro.

Grado de Accesibilidad: Bueno – Acceso señalizado – Punto de Recepción de Visitantes – Posee cuadros explicativos.

Cronología: siglo II a.C. al siglo I a.C.

Descripción: se emplaza sobre una suave colina en la que llaman Cabeza de la Laguna, ascendiendo por la ladera inmediata hasta las alturas de El Castillo, potente fortificación que cierra la muralla que rodea al poblado, y que parece continuar todavía más arriba, hasta alcanzar un segundo baluarte, El Castillejo. Por delante de la muralla, reforzada con torres de planta cuadrada, se halla el foso, de hasta 13 m de anchura y 3 m de profundidad, que protegía la totalidad del perímetro del poblado excepto por el lado occidental, el más abrupto, por el que corre la Garganta Alardos. El interior de este recinto amurallado, de unas 18ha. de superficie, se halla totalmente ocupado por viviendas. Las casas, de planta cuadrada o rectangular, son de grandes dimensiones, hasta 150 m2, con muros de mampostería en los zócalos y tapial en las partes altas. Parecen alzarse por el poblado sin un plan urbanístico preconcebido, pero con calles a veces bien definidas. Algunas se alzan exentas, aunque lo más frecuente es que se hallen agrupadas, formando manzanas cerradas con muros medianeros, donde cada uno abre su puerta donde puede. Las casas suelen tener diversas habitaciones, en cuya distribución se observan también algunas constantes. La cocina constituye siempre la estancia fundamental. En su centro se halla el hogar, de arcilla cocida, y al fondo el banco, en el que acostumbraban a sentarse por orden de edad para realizar sus comidas. Alrededor de la cocina se dispone el zaguán, las despensas y los lugares de trabajo. Por delante de la fachada suele alzarse un porche, prolongación de la cubierta, en ocasiones con otro banco adosado para trabajar o descansar al aire libre. Las gentes que vivieron en este poblado amurallado eran agricultores y ganaderos (la sierra les ofrecía pastos abundantes a lo largo de todo el año sin necesidad de trashumancia). Aprovecharían además los productos que la naturaleza ofrece espontáneamente: bellotas, miel silvestre, caza mayor y menor, pesca, etc.
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