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PENÍNSULA
IBÉRICA - CULTURA CELTA - VETTONES |
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LA ARQUITECTURA DE LOS CASTROS
Los castros constituyen su forma de hábitat predominante.
Son éstos recintos amurallados, situados generalmente
en lugares escarpados y con buenas defensas naturales, que protegen
una serie de casas de planta rectangular, que generalmente no
guardan ningún tipo de orden y suelen presentar un zócalo
de piedra sobre el que se alzaban las paredes y el techo. Para
la construcción de la muralla se usaba la piedra (granito
o pizarra) puesta sin mortero, aunque hay constancia de la utilización
del adobe y la madera. Dada la magnitud de las defensas de algunos
castros, han llamado preferentemente la atención de los
investigadores, que han estudiado más su trazado y composición,
que el poblamiento existente en su interior.
Las murallas se asentaban generalmente sobre la roca madre y
se adaptaban a la topografía del terreno. Suelen estar
compuestas de dos paramentos de piedra en seco, labradas lo
imprescindible y bien ajustadas, rellenos por piedras más
pequeñas, dispuestas en capas horizontales. La anchura
media de estas murallas oscila entre los tres y los seis metros,
aunque algunos casos concretos pueden presentar un mayor grosor.
A esta disposición se añadía a veces un
paramento interno, cuya función era impedir el derrumbamiento
completo de la muralla cuando, ante un ataque, caía el
paramento exterior (disposición que se corresponde con
el murus duplex citado por
César). Los puntos más vulnerables de las defensas,
sobre todo las zonas próximas a las puertas de las murallas,
se defendían además con fosos y con barreras de
piedras hincadas. Estas barreras eran espacios de una anchura
variable (podían alcanzar hasta cincuenta metros) sembrados
de piedras cortantes, puestas en desorden o al tresbolillo,
dejando poco espacio entre unas y otras, con el objeto de dificultar
un ataque por sorpresa de la caballería o un golpe de
mano de soldados a pie. A diferencia de lo que ocurrió
en la Meseta Oriental, dónde numerosos castros Celtibéricos
fueron destruidos durante las guerras de conquista romana, pocos
poblados Vettones muestran huellas de destrucción violenta
o de abandono súbito sino que, paulatinamente y de modo
pacífico, se van transformando bajo la influencia romana.
Muchos de ellos, incluso, alcanzaron la romanización
convirtiéndose en civitates
en época romana; culminando de esta manera un proceso
que comenzó en los siglos III-II a.C. |
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