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CASTILLO  DE  DOÑA  BLANCA

Localización: se encuentra ubicado en El Puerto de Santa María (Cádiz), en el kilómetro 3,2 de la carretera A-2002 (Carretera de El Portal) que une esta localidad con Jerez de la Frontera. Se encuentra flanqueado al norte por la Sierra de San Cristóbal y al sur por una amplia y extensa llanura de marismas y salinas formada por depósitos aluviales del río Guadalete. En los tiempos en los que surgió el asentamiento esta llanura formaba parte de la bahía de Cádiz (el mar llegaba hasta la base del cerro).

Grado de Accesibilidad: Bueno – Centro de Recepción de Visitantes – Posee cuadros explicativos.

Descripción: el yacimiento tiene forma de colina amesetada, de planta casi rectangular, con una extensión de 6,5 ha. Su relieve es totalmente artificial y se ha formado por la superposición de depósitos y construcciones que se han ido acumulando a lo largo del tiempo alcanzando en algunos puntos hasta 9 metros de estratos arqueológicos.
Los restos más antiguos pertenecen a una fase tardía de la Edad del Cobre, de finales del III milenio a.C. De esta fase se han excavado algunos fondos de cabañas dispersas por la base del yacimiento que se adaptan a la topografía original del terreno. Tras un periodo de abandono, el yacimiento permanece deshabitado hasta la primera mitad del siglo VIII a.C., momento en el que vuelve a ser ocupado, esta vez de forma continua hasta la llegada de los romanos a la Península Ibérica, con motivo de la Segunda Guerra Púnica (finales del siglo III a.C.). El yacimiento vuelve a quedar abandonado hasta Época Medieval Islámica, momentos en los que se estableció una alquería almohade.
Los restos constructivos pertenecientes al siglo VIII a.C. se localizan generalmente cubiertos por una potente capa de sedimentos acumulados, por lo que normalmente se hace necesario excavar entre 7 y 9 metros de profundidad para hallarlos. No obstante se ha descubierto una amplia zona, extramuros de la ciudad arcaica, en la que no ha habido construcciones posteriores superpuestas, lo que ha permitido la excavación en extensión de un amplio sector de vivienda pertenecientes a estos momentos. Las viviendas se disponen en terrazas artificiales, construidas aprovechando la pendiente natural del terreno. Se componen de 3 ó 4 habitaciones de forma cuadrangular, construidas con paredes de mampostería y alzado de adobes revocados de arcilla y enlucidas con cal, los suelos son de arcilla roja apisonada y la techumbre plana o a un agua formada por vigas de madera y cubierta vegetal. La mayoría de las viviendas contaban con un horno de pan consistente en una estructura de arcilla abovedada de aproximadamente un metro de diámetro de base.
Las excavaciones han permitido documentar otros aspectos urbanísticos e industriales sobre todo en lo referente a la ciudad de los siglos IV-III a.C. como es la existencia de amplias calles de hasta cuatro metros de anchura y zonas abiertas o plazas, o la presencia en una de las estancias de una pileta en la que se recogía el mosto procedente de otras dos piletas situadas a un nivel superior en las que se realizaba el pisado de la uva.
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