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Localización: se llega
tomando un acceso señalizado que parte de la carretera
BA-632 entre Zalamea de la Serena y Quintana de la Serena (Badajoz).
Grado de Accesibilidad:
Bueno – Centro de Interpretación y Recepción
de Visitantes – Posee cuadros explicativos.
Descripción: se sitúa
en pleno llano, en un lugar que, desde el punto de vista del
control visual, difícilmente podríamos calificar
de estratégico, junto a un curso de agua, el arroyo Cagancha,
de escaso caudal. De cara a las comunicaciones tampoco parece
ocupar un enclave especialmente privilegiado, alejado más
de 40km del río Guadiana y de las vías de tránsito
naturales tradicionalmente señaladas para la zona. El
terreno parece apto para la explotación agrícola,
menester al que en la actualidad se dedica, sin que sean significativas
otras potenciales fuentes de riqueza. Seguramente la reorientación
económica surgida de la crisis de tartessos (principios
del siglo VI a.C.), tras el abandono de la explotación
y comercio de minerales en el sudoeste peninsular, provocó
el desarrollo de las antiguas zonas periféricas, cuya
principal actividad económica era la agrícola.
A partir de este momento estas zonas toman la iniciativa económica
y comercial, basando su rápido desarrollo en el control
de la tierra, hecho que dará un nuevo impulso y más
poder a las clases dominantes.
En este nuevo marco socioeconómico se encuadra Cancho
Roano que, sin renunciar a su marcado carácter religioso,
y en función de las actividades artesanales que se organizan
en su entorno, parece estrechamente relacionado con el control
sociopolítico del territorio. Probablemente este lugar
estuvo regido por una figura vinculada con la aristocracia dominante,
cuyo poder debió tener un fuerte componente sacro para
ser creíble ante la comunidad.
Se documentan tres fases cronológicas distintas, si bien
aún no ha sido posible determinar con seguridad la datación
de las fases más antiguas, presididas por otros tantos
edificios de adobe superpuestos, siendo común a todos
ellos la presencia de un altar. Cada uno de estos fue construido
sobre los restos del anterior, es decir, todos fueron concientemente
inhabilitados por sus moradores para asentar sobre sus restos
un edificio posterior, que iría ganando complejidad arquitectónica
y funcional al tiempo que mantendría la sacralidad. De
la construcción más antigua o fase C solo se conoce
la habitación en la que se desarrollaba el culto, que
se corresponde exactamente con los espacios sagrados que ocuparon
los dos edificios posteriores (marca la pauta y evolución
constructiva del complejo). El elemento sobresaliente de la
estancia es el altar circular construido en el centro de la
misma, cuya forma recuerda a símbolos conocidos en el
mundo fenicio púnico. No se conocen las causas que motivaron
la destrucción intencionada de este santuario, aunque
parece lógico pensar que nuevas necesidades de espacio,
y tal vez la intensificación del ritual religioso, motivarían
la construcción de un nuevo edificio más grande
y complejo, el de la fase B. Esta nueva construcción
mantuvo el espacio de la sala principal, en la que se colocó
un altar en forma de lingote chipriota (forma de piel extendida).
También se levantaron los cuerpos adelantados que conforman
las habitaciones 1 y 11 y se adosó a todo el edificio
una gran terraza perimetral. Un sistema de canalizaciones permitía
el desagüe de todo el edificio por la entrada este. Por
último, sobre el derrumbe del edificio B, se levantó
la fase A del edificio que ha llegado a nuestros días.
Presenta un conjunto de edificaciones integrado por un núcleo
central sobreelevado por una terraza pseudo ciclópea
y una serie de habitaciones rectangulares que lo circundan por
sus cuatro costados. Todo ello se sobreeleva de nuevo mediante
una serie de terraplenes y, finalmente, se rodea por un gran
foso excavado en la roca. El conjunto sufre un gran incendio
a fines del siglo Va.C., fecha en que se abandona definitivamente
dejando entre sus ruinas una gran cantidad de materiales de
singular riqueza. No se discute su carácter de anaktoron
o residencia áulica pero sí, con matices, el de
santuario; de ahí que se reconozca bajo las denominaciones
de palacio o palacio-santuario. |
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