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PENÍNSULA
IBÉRICA - RURALIZACIÓN |
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LA RURALIZACIÓN: VILLAS
ROMANAS
La civitas (incorrectamente traducido por ciudad) según
la terminología romana era una comunidad de ciudadanos
jurídicamente definida que se materializaba en dos elementos
indisociablemente unidos: el centro urbano “urbs”
y un territorio determinado “territorium”,
objeto de varios usos, en el que se difundió el sistema
de villae. En palabras de muchos estudiosos este sistema
de villae constituye la institución implantada
por el sistema económico romano que produjo el mayor
cambio en la fisonomía de Occidente, tanto o más
que las ciudades, siendo la referencia habitual de la presencia
romana en los territorios conquistados. |
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Villa de Sao Cucufate (Beja - Portugal) |
| El
primer problema que se presenta en el estudio de las villas
es la confusión que ha planteado su definición
(leyendo a los autores latinos se puede pensar que ni siquiera
en la antigüedad se tomó una postura definida respecto
al tema). Sin embargo, de todas las alternativas que se han
dado, parece ser que el significado que más se aproxima
al termino villa es el de “Hacienda de explotación
agrícola” que, como aspectos constitutivamente
inseparables, incluye la casa (que se corresponde con la parte
edificada) y el fundus (terreno que era objeto de explotación
desde ella). |
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Villa de Pisoes (Beja - Portugal) |
| También,
en algunos casos, se indica que las villas eran “mansiones
veraniegas” en las que los ricos aristócratas,
hombres de estado, e incluso emperadores buscaban comodidad
y descanso evadiéndose de los negocios y las preocupaciones
de la vida pública, entregándose a la tranquilidad
y los pasatiempos (de cuando en cuando, estos grandes potentados
se concedían unas vacaciones y se retiraban a mansiones
relativamente alejadas de la ciudad en la costa o en apartadas
regiones de interior). |
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Pinturas y mosaicos con escenas de caza
(Museo Arqueológico de Mérida) |
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Mosaico de las Musas (Museo Arqueológico
Nacional) |
| En
definitiva, el término villa fue utilizado por
los escritores latinos para designar a todos los edificios construidos
fuera de la ciudad, aunque sus funciones y destinos estuviesen
bien diferenciados: desde modestas construcciones de campo al
servicio de la explotación agrícola (villas
rústicas) a residencias lujosas concebidas para el tiempo
libre y el descanso desvinculadas de la explotación de
la tierra (villas de ocio). Independientemente de lo
anterior, resulta evidente que entre estos dos extremos se daban
las distintas soluciones intermedias (villae productivas
adecuadamente equipadas para estancias temporales y villae
lujosas que incluían sectores ideados para el cultivo). |
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Villa de El Ruedo (Almedinilla – Córdoba) |
| Las
haciendas agrarias orientadas a la producción especializada
se desarrollaron en las áreas más fértiles
de la Península Itálica en el siglo III a.C. Este
proceso socioeconómico fue posible gracias a la disponibilidad
de abundante mano de obra esclava, obtenida en las victorias
militares romanas, que limitaba los costes productivos a niveles
mínimos (bastaba con garantizarles la subsistencia).
Las suntuosas residencias de campo que surgieron a partir del
siglo II a.C., tienen una escasa representación arqueológica
y son casi exclusivamente conocidas en Italia (las marítimas
de la bahía de Nápoles y las imperiales). |
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Villa del Cerro da Vila (Faro – Portugal) |
| La
mayor parte de las villas documentadas en Hispania estarían
constituidas por un establecimiento que albergaba instalaciones
destinadas al trabajo y por una construcción doméstica
(que reproducía la domus urbana) que servía
de vivienda al propietario. |
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Villa de Las Aguzaderas (Monroy –
Cáceres) |
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