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PENÍNSULA
IBÉRICA - RURALIZACIÓN |
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SITUACIÓN DE LA VILLA
Tan importante como conocer las cualidades y el modo de cultivar
el fundo era saber dónde y cómo debía edificarse
la casa. De los escritos de los agrónomos se deduce que
el objetivo principal era conseguir que ésta fuera saludable,
segura y útil. En la elección del lugar se debían
tener en cuenta algunas de las recomendaciones que ya se hacían
con respecto a la elección del pago: condiciones climatológicas
y atmosféricas favorables, la presencia de agua, etc.
Para que se dieran estas condiciones lo más aconsejable
era construir a media altura, en una posición un poco
más elevada que el resto del terreno, a pie de monte
o en mitad de una colina. En estos lugares, el aire es templado,
no helándose en invierno ni abrasándose en verano,
y se evitan los inconvenientes de las cimas de las montañas
donde la edificación estaría expuesta a la violencia
del viento y las lluvias. En esta posición también
se eludían los problemas de los lugares bajos: a salvo
de los riesgos de inundación, de ataques de ladrones,
de insectos, etc. Finalmente, otra ventaja práctica era
el pleno dominio sobre el valle y el disfrute de una agradable
vista. Otro aspecto importante a tener en cuenta era su situación
dentro del predio. Columela
consideraba que la orientación más conveniente
era al este o al sur en los parajes saludables, reservando la
orientación norte para las ocasiones en las que la casa
se construyera en parajes poco saludables (el aire del norte
se consideraba purificador). El agrónomo gaditano opinaba
que también era óptima una situación frente
al mar, con tal que estuviera en la propia orilla o a larga
distancia de ella, nunca en un punto intermedio.
Era además absolutamente imprescindible para su utilidad
que la casa dispusiera de una fuente de aprovisionamiento de
agua. Así Varrón,
consideraba que lo mejor era disponer de un manantial o una
corriente constante (un río o en su defecto un arroyo),
y conducir el agua potable hacia el caserío mediante
tuberías de barro. En el caso de que faltase la corriente
de agua, Columela aconsejaba
buscar un pozo en las inmediaciones de la casa o recoger el
agua de lluvia en cisternas. Aunque la provisión de agua
era necesaria, no era en absoluto recomendable buscarla en lugares
donde ésta se encontrara estancada. Debían evitarse
los terrenos pantanosos o lacustres, ya que éstos eran
de naturaleza dañina por la abundancia de insectos y
reptiles que, además de molestos, ocasionaban enfermedades
y por la constante humedad, que estropeaba las herramientas
de labor, muebles y frutos.
En definitiva, como decía el mismo Columela,
el edificio debía de levantarse no sólo en un
pago saludable, sino en la parte más saludable del pago.
Si bien una casa podía resultar insegura o poco útil
dependiendo del lugar en el que se levantase, también
podía serlo en función del modo en que se construyera.
El objetivo primordial que se perseguía era lograr el
equilibrio entre los vientos para que refrescara en verano y
calentara en invierno. Los autores coinciden en que las fachadas
podían orientarse libremente al este o al sur, pues ambas
orientaciones cumplían con ésta pretensión
básica, mientras que las orientaciones al norte o al
oeste no se recomendaban a menos que, de forma circunstancial,
estuvieran justificadas por algún otro motivo. |
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