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PENÍNSULA
IBÉRICA - RURALIZACIÓN |
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MODELOS DE PRODUCCIÓN
Teniendo en cuenta que, en función del tamaño
de las propiedades, se posibilitan métodos de cultivo
y sistemas de trabajo distintos y que, dentro de las fórmulas
de trabajo agrícola específicamente romanas se
encuentra el sistema del pequeño campesino, el de arrendatarios
y aparceros y el esclavista, se considera que la pequeña
propiedad ha de vincularse a un pequeño asentamiento
ocupado por una unidad familiar cuyos miembros se encargan de
explotar la tierra (algunas veces con un aporte restringido
de esclavos), o de campesinos que cultivaban la finca ajena
a cambio de un salario. Por otra parte una villa que suponía
una fuerte inversión (propiedades grandes y medianas),
necesitaba de una agricultura de alta rentabilidad que exigía
una fuerza de trabajo que superaba los límites de la
mano de obra doméstica: esclavos permanentes y trabajadores
libres temporales. Los tratados de Catón,
Varrón y Columela
indican la presencia de esclavos en el ámbito de la producción
y la gestión de las fincas, así como la inexistencia
de un modelo único de explotación agraria. Pese
a esta diversidad de sistemas de organización de la producción,
parece dominante la presencia del que se ha llamado modelo “puro”,
que emplea un conjunto de esclavos controlados por un administrador
también esclavo (vilicus),
con un volumen de individuos variable en clara relación
con el carácter de la explotación. Así,
una grande requería más esclavos que una mediana,
aunque esto no se producía en proporción aritmética
(a mayor número de hectáreas mayor cantidad de
esclavos) ya que, en realidad, la diferencia en el uso de esclavos
entre ambas propiedades no era sólo cuantitativa, sino
también cualitativa.
El empleo de centenares de esclavos en grandes propiedades implicaba
una organización improductiva debido a la gran presencia
de supervisores que se requerían para vigilar el trabajo
de los esclavos (en proporción de 1 a 10) y a la inactividad
de parte de éstos en los momentos de menor trabajo en
la hacienda. Tal contradicción se podía solucionar
con el desarrollo del cultivo extensivo y la creación
de pequeñas y medianas explotaciones en el interior del
latifundio, donde se adoptaba la fórmula del colonato,
consistente en ceder el cultivo de la tierra a un coloni,
que es el término que Columela
utiliza para designar a los campesinos (deudores insolventes,
desposeídos, libertos, etc.) que trabajaban tierras que
no eran de su propiedad. Esto podía hacerse en régimen
de arriendo (pago de una renta fija) o aparcería (pago
de una renta variable), contratos que en ningún caso
suponían la vinculación a la tierra (la relación
vitalicia con la tierra es propia del Bajo Imperio, cuando los
colonos en régimen de aparcería no podían
hacer frente al pago de la renta y sus hijos heredaban la deuda). |
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