En la antigüedad, la región que hoy se conoce como
el Estrecho de Gibraltar, fue un espacio económico que
gozaba de un cierto particularismo dentro del ámbito
geográfico mediterráneo. En torno a una actividad
extractiva (pesca de túnidos) se generó un complejo
sistema económico que abarcaba actividades propias del
sector secundario (elaboración de garum, y salazones,
establecimiento de industrias alfareras y explotaciones salineras)
y terciario (comercialización de los productos derivados
de las citadas actividades). Fueron surgiendo de esta forma
enclaves urbanos portuarios que alcanzaron, sobre todo en época
romana, una gran pujanza económica y demográfica
(un verdadero emporio de riqueza).
Piletas
de Salazón y acueducto de Sexi Firmum Iulium (Almuñecar
- Granada)
A
diferencia de otras actividades económicas que eran fiscalizadas
por el Imperio Romano, la industria de salazones podía
ser desarrollada libremente por los particulares al margen de
la intervención y el control estatal. Esta circunstancia
favoreció la proliferación de establecimientos
industriales de salazones en las zonas costeras situadas cerca
de los pasos de túnidos en sus migraciones anuales entre
el océano y el Mediterráneo, así como el
florecimiento de las industrias asociadas (alfares y salinas).
En este pujante negocio no cabe duda que las dos orillas del
Estrecho desempeñaron un papel fundamental, siendo el
punto de origen de rutas comerciales que conectaban Baelo
Claudia, Carteia, Iulia Traducta o Septem
con lugares tan lejanos como la provincia de África,
Germania o Britannia. La pujante actividad
pesquera y de transformación de los recursos marinos
no quedó colapsada con el final del Imperio Romano y
el advenimiento de las invasiones germánicas y musulmana,
sino que se detecta en la zona una continuidad de las técnicas
y labores de pesca y de las industrias derivadas durante la
Antigüedad Tardía y el Medioevo.