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PENÍNSULA  IBÉRICA  -  RURALIZACIÓN

EL FUNCIONAMIENTO DE UNA CETARIA ó FÁBRICA DE SALAZÓN

La primera fase, tras la pesca, consistía en el proceso de limpieza y tratamiento del pescado para la elaboración de conservas. Estas actividades debieron realizarse bien en los propios barcos, en el caso que las redes se izasen en la mar o bien en la propia costa. La existencia de salas destinadas específicamente a estos fines en las factorías de salazón inducen a pensar que tales actividades se debieron desarrollar, preferentemente, en el interior de estas grandes cetarias, en salas pavimentadas. La actividad de despiece del pescado ha podido ser estudiada con gran detalle gracias a los hallazgos arqueo-zoológicos documentados en los sondeos realizados en el conjunto industrial de la factoría de salazones de Baelo Claudia.
Baelo Claudia cetaria Baelo Claudia cetaria
Cetaria de Baelo Claudia (Bolonia - Cádiz)
Los esqueletos de túnidos aparecidos en posición anatómica presentan restos de las huellas del despiece (el empleo de grandes cuchillos está atestiguado desde época helenística) que han permitido proponer un modelo del proceso. Como si de reses se tratase (solo mencionar que el tamaño medio de los atunes documentados hasta la fecha en factorías hispánicas se sitúa por encima del metro y medio), tales operaciones comenzaban con la decapitación del animal. A continuación se separaba el lomo del vientre y se fileteaba, esto es, se separaba el lomo de la columna vertebral. Dado que la etapa final, que implica el troceado de la carne, no genera improntas sobre los huesos solo es factible inferirla a través de informaciones indirectas. El salar el pescado era imprescindible para permitir su conservación ya que el consumo en fresco se limitaba a las zonas del litoral y, evidentemente, a una mínima parte de las capturas. Se conocen muchos datos sobre el proceso de salazón a partir de las descripciones de los autores clásicos, como sucede con el gaditano Columella, que detalló el proceso de salado de la carne de cerdo indicando que la maceración de la carne de pescado debió ser similar. El proceso de salazón es una actividad tradicional que no se ha visto modificada sustancialmente desde los inicios, en el siglo V a.C., hasta la actualidad. Para la elaboración del pescado en salazón es necesario contar con una ratio concreta de sal por cada kilo de pescado a salar. Hay una serie de factores fundamentales a la hora de evaluar la cantidad de sal necesaria: la calidad de la sal, el tamaño del pescado y el método utilizado; aunque, en cualquier caso, unos valores entre una parte de sal por una de pescado -caso del bacalao- y una parte de sal en cuatro de pescado -caso del nouc man oriental- en las estimaciones más bajas son ilustrativas.
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Cetaria de Baelo Claudia (Bolonia - Cádiz)
La salazón del pescado y la elaboración de conservas se efectuaba en las piletas de salazón, unas cubetas de tamaño variable, pero con capacidades muy grandes, que generalmente oscilan entre los 2 m3 y los 10 m3 de producto. Este es precisamente el único dato fehaciente que se puede usar en la actualidad para hacer una estimación del volumen de producción de cada factoría. No es habitual contar con datos arqueológicos sobre el tipo de conserva realizada en estas piletas de salazón, pues suelen aparecer a los ojos de los arqueólogos reutilizadas como vertederos tras su abandono. Una vez elaborados los productos, y como paso previo a su conservación, se procedía a su envasado en los recipientes habilitados al efecto. Desde época fenicio-púnica, en Occidente, la comercialización de excedentes alimenticios se realizó en grandes envases cerámicos denominados ánforas.
ánforas salsarias ánforas salsarias
Ánforas salsarias del Museo Arqueológico de Granada y Cádiz.
Una vez rellenas las ánforas se procedía a la hermetización de las mismas mediante un proceso de sellado que utilizaba normalmente opercula o tapadera de cerámica, sobre la que se vertía cal, que antes de fraguar era sellada con un signacula (sello) metálico, hecho que permitía colocar los datos de los comerciantes. Antes de su expedición comercial se pintaban rótulos "tituli picti" sobre la zona alta de la panza y el cuello, alusivos tanto a los productos contenidos como a los agentes responsables de la distribución.
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Piletas de Salazón y horno para elaboración de cerámica de la Villa Romana del Secretario (Fuengirola - Málaga)
La industria de la salazón conllevaba una serie de actividades subsidiarias, entre las cuales destacan dos con diferencia sobre las demás: la alfarería y la producción de sal. La producción alfarera era una actividad necesaria debido a la notable demanda de envases requeridos por estas fábricas para el transporte marítimo de sus conservas. Los talleres alfareros, que solían situarse en las propias cetarias, en sus cercanías o en los centros urbanos próximos, solían producir mayoritariamente ánforas de transporte y, de manera complementaria, material de construcción para la febril actividad edilicia de la época y cerámicas comunes. De las ánforas, que suelen constituir más del 75% de la producción en términos absolutos, casi el 90% son envases de salazón. La actividad salinera, por el contrario, ha dejado menos huellas arqueológicas. Se sabe que pocas zonas eran las óptimas para producir la cantidad de sal necesaria en una industria que conllevaba un consumo cotidiano de toneladas de este producto cuando se encontraban en activo.
Mazarrón cetaria Mazarrón cetaria Mazarrón cetaria
Factoría romana de salazones (Puerto de Mazarrón - Murcia)
La información disponible sobre las denominaciones de las conservas y su modo de elaboración en época romana remite tanto a los textos antiguos de agrónomos y gastrónomos como a las inscripciones pintadas que habitualmente figuran sobre las ánforas en las que se comercializaban estos productos. Se pueden dividir las conservas en dos grandes grupos: el pescado salado o los trozos de pescado en salazón y las salsas de pescado, entre las que el producto estrella era el "garum" (si bien se conocen actualmente una multitud de denominaciones entre la que destacan el liquamen, la muria, el allex o los cordula).
Mazarrón ánforas Mazarrón sello de ánfora Mazarrón jarra pintada
Ánforas y Jarra pintada (Puerto de Mazarrón - Murcia)
La carne de pescado en salazón debió ser posiblemente uno de los productos derivados del mar más habituales, incluyendo en su manufactura aquellas especies que por sus carnes ricas en grasa se prestaban a ello: los túnidos eran posiblemente uno de los ingredientes más habituales. Los libros IX y X del gastrónomo Apicio dan buena cuenta del tipo de platos preparados con pescado tras su desalación. Respecto de las salsas de pescado, todos los investigadores parecen coincidir en la existencia de diversas calidades, hecho que explicaría la diversidad de denominaciones. Garum sería el producto primario, de mejor calidad, al cual se refieren algunos autores como Plinio: "sustancia sangrienta de la putrefacción" ó Séneca: "líquido carísimo de los peces malos".
Gades cetaria Gades cetaria
Piletas de Salazón de Gades (Cádiz)
El garum era el producto resultante de la auto fermentación de las partes no cárnicas de del pescado en un medio salino, para evitar la putrefacción. Los ingredientes eran variados, escómbridos -caballas- según Plinio, mezclados con vísceras, pequeños peces completos, moluscos y condimentos de diversa naturaleza. Las variedades de salsas derivaban de la naturaleza de los ingredientes, del modo de preparación y del gradiente de salazón. Productos como una "flor del garum de morena" recogida en una inscripción pintada, es testimonio claro de la variedad de salsas de pescado producidas en la costa hispana en época romana alto-imperial.
Mazarrón tapón de ánfora Mazarrón tapón de ánfora
Tapones de ánforas (Puerto de Mazarrón - Murcia): una presenta la imagen de un candelabro de siete brazos.
Respecto de los tituli picti se conoce que el formulario sobre las ánforas es un modelo bien establecido en época alto-imperial y que remite a ocho datos concretos: contenido (garum, muria, hallex, etc.); el origen (lixitanus, malacitanus, tingitanus, etc.); la materia prima (scombri); sus características (argutum -picante-, saccatum -filtrado-, etc.); sus atributos de calidad (excellens) y su vejez o solera (bien de manera genérica utilizando adjetivos como vetus -viejo- o recens -recién preparado-, bien indicando la añada con numerales). Los dos últimos campos indicaban el peso del producto y la denominación del comerciante.
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