|
|
|
 |
 |
 |
|
PENÍNSULA
IBÉRICA - RURALIZACIÓN |
|
 |
 |
 |
|
EL FUNDUS
Para poder interpretar la villa romana como un conjunto formado
por casa y fundo objeto de explotación, los agrónomos
latinos (Catón, Varrón
y Columela) constituyen la
fuente primordial de consulta. Sus meticulosos preceptos, dirigidos
a los propietarios itálicos interesados en las inversiones
agrarias, aportan una valiosísima información
referida a la ubicación y tamaño de la propiedad,
situación del predio y de la casa, distribución
y orientación de sus estructuras, etc. Los hallazgos
arqueológicos permiten comprobar cómo muchas de
sus recomendaciones fueron tenidas en cuenta en la mayoría
de las villas hispanas.
La villa debía ubicarse en un lugar que reuniera unas
características determinadas acordes con sus funciones.
En la elección del emplazamiento los agrónomos
aconsejaban estudiar detalladamente el terreno antes de adquirirlo
para no pasar por alto sus defectos y descubrir sus virtudes.
En sus escritos se observan dos requisitos imprescindibles a
tener en cuenta: la salubridad del lugar y la fecundidad del
suelo. La salubridad es el principio del que parten los tratadistas;
por tanto el terreno debía contar con unas condiciones
climáticas y atmosféricas que se encaminasen a
tal fin: un lugar de temperatura agradable, buena iluminación
y seco. Otra condición ineludible era la fertilidad del
suelo, por lo que era necesario conocer la utilidad y calidad
de las tierras antes de adquirirlas e incluso, como señala
Columela, experimentar con
ellas para obtener mayor rentabilidad, no sólo en los
campos fértiles, sino sobre todo en los terrenos menos
favorecidos.
Junto a estos dos requisitos principales había que tener
presente otras condiciones geográficas no menos importantes,
como la presencia de agua y la buena comunicación del
lugar. La productividad de una finca no sólo dependía
de las cualidades del suelo, sino esencialmente, de la cantidad
de agua que ésta dispusiera. Como afirma Columela,
la presencia del líquido elemento hacía posible
el riego de la hacienda y el suministro de agua a la casa, además
de suavizar las temperaturas y amenizar el lugar. En el mismo
sentido, Varrón decía
que la existencia de agua o, en su defecto, su fácil
transporte, es un requisito primordial anterior a la construcción
de la casa. La cercanía a un flujo de agua importante,
sea el mar o un río navegable, además de la benefactora
acción que ejerce en la casa, ofrecía otras ventajas
como una buena comunicación y el fácil transporte
de mercancías, aspectos que los tratadistas estimaban
primordial pues ello revertía directamente en las actividades
de la villa.
En opinión de Catón
era aconsejable que el pago tuviese una entrada y salida fácil;
Varrón igualaba las
ventajas que conlleva la proximidad de la finca a un río
navegable con un entramado viario que permitiera hacer viajes
a ella fácilmente; y por último Columela
afirmaba que el camino, el agua y los vecinos debían
tenerse tan en cuenta como la salubridad del clima y la fertilidad
del suelo. Esta necesidad de que la villa se sitúe próxima
a las vías de comunicación terrestres obedecía
a motivos económicos, ya que los caminos (al igual que
los ríos navegables) eran los medios físicos para
la salida y entrada de mercancías. Los ejemplos que ofrece
la arqueología demuestran que el objetivo final de la
inserción de la villa en la red viaria era el mantener
un contacto cultural, político y, sobre todo, económico
con la urbe. La rapidez y facilidad de comunicaciones de una
hacienda respecto un centro urbano permitía la simultánea
transferencia de actividades del campo a la ciudad y viceversa,
junto a una serie de beneficios comerciales y económicos
por ahorro en gastos de transporte. Además, se facilitaban
las visitas del dueño a la hacienda contribuyendo a una
mejor supervisión del funcionamiento de la misma. Evidentemente,
el emplazamiento de las villas en el entramado viario resultaba
útil, pero éstas no tenían porqué
levantarse al borde mismo de una vía principal, situación
que podría conllevar algún que otro inconveniente.
Tampoco debían situarse demasiado alejadas de la calzada,
ya que lo que se pretendía era el acceso inmediato. En
consecuencia, lo idóneo era conseguir una conexión
indirecta ubicando la villa en un lugar donde, a través
de caminos secundarios, se enlazara con vías de primer
o segundo orden.
Aparte de todas las disposiciones que las fuentes escritas hacen
sobre el lugar en que debe ubicarse el predio, Columela
añade alguna indicación con respecto al tamaño
del mismo. No informa de sus medidas exactas, pero al menos
dice que debe encontrarse en proporción con las posibilidades
del propietario, para evitar la ruina de éste y privar
de su buen disfrute a otros propietarios más capaces.
Además, los autores recomiendan que la finca guarde también
proporción con la casa de campo, ya que, de este modo,
se evitan gastos superfluos o el desaprovechamiento de los recursos. |
Ir
arriba Volver |
|
|