Augusto explotó con inteligencia el hecho de asociar
su gobierno al disfrute de un largo período de paz y
lo aprovechó para desarrollar su extraordinario programa
político con el que cerraba un proceso de transformación
radical de las formas de poder en Roma. En el marco de la reorganización
general del Imperio, desde el punto de vista administrativo,
militar y político, Hispania quedó estructurada
en tres provincias: La Tarraconensis, con capital en Tarraco,
la Baetica, con capital en Corduba y la Lusitania, con capital
en Augusta Emerita. Si bien durante la República se realizaron
fundaciones y promociones sin duda importantes, con Augusto
se produjo un salto cuantitativo y sobre todo cualitativo. A
la visión integradora del conjunto de los territorios
de la Península, se unió la puesta en marcha de
planes concebidos a partir de cuidadosos estudios geográficos
y cartográficos.
Muralla
romana de Lucus Augusti (Lugo)
Entre
las colonias y municipios promovidos en época augustea
se cuentan centros destacados como: Colonia Augusta Emerita
(Mérida), Colonia Caesar Augusta (Zaragoza), Colonia
Caesarina Augusta Asido (Medina Sidonia), Colonia Norbensis
Caesarina (Cáceres), Colonia Augusta Firma Astigi (Écija),
Colonia Faventina Iulia Augusta Paterna Barcino (Barcelona),
Lucus Augusti (Lugo), Bilbilis (Calatayud) y muchos otras.
Bilbilis (Calatayud - Zaragoza)
Las
fundaciones augusteas demuestran la capacidad de proyectar los
esquemas urbanos a territorios nuevos no urbanizados, o de retocar
la trama existente según las exigencias de los nuevos
planteamientos. El acierto en la elección de los lugares
apropiados, otorgaría a las nuevas ciudades un papel
determinante en la cohesión y la organización
social, económica y política de los territorios
de su ámbito y, como resultado, la organización
ciudadana y viaria del conjunto de la Península que dejó
establecidas las líneas maestras de su vertebración
geo-urbana para toda la antigüedad. En función de
esto, la imponente ingeniería romana paso a cobrar una
gran significación política por cuanto se convertía
en la prueba más contundente de que Roma era capaz de
superar las trabas o los condicionantes de la naturaleza.