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TARRACO

Localización: en el casco urbano de Tarragona. A la Cantera del Mèdol se accede desde el km 8 de la carretera N340 que une Tarragona con Barcelona (Área de Servicio del Mèdol).

Grado de Accesibilidad: Bueno – Acceso señalizado – Centro de recepción de Visitantes y Museo – Posee cuadros explicativos.

Descripción: se sitúa sobre una elevación costera constituyendo un enclave defensivo natural gracias a los abruptos escarpes que delimitaban la mayor parte de su perímetro (únicamente la vertiente sudoccidental muestra un perfil poco abrupto y fácilmente urbanizable hasta el cauce del río Francolí, antiguo Tulcis). La posición estratégica del enclave dentro de su comarca natural (el Camp de Tarragona) permitía, asimismo, un control de la antigua Vía Hercúlea y del paso natural que, a través de la sierra conducía hacia las planicies interiores. Un carácter geoestratégico acrecentado por la presencia de un gran lago subterráneo que proporcionaría un notable y constante caudal hídrico útil, no sólo en el desarrollo de la vida urbana sino, también, en el abastecimiento de las naves fondeadas en el puerto. Estas condiciones naturales favorecían el establecimiento de un asentamiento urbano, como muestran el núcleo ibérico existente desde el siglo V a.C. y la propia consolidación de Tarraco como realidad urbana a partir de la base militar establecida por el ejército romano en el 218 a.C. en el curso de la Segunda Guerra Púnica. Con el establecimiento de dicho campamento romano se inicia un complejo proceso histórico de ocupación y romanización a partir de una relación de convivencia y bipolaridad jurídica entre un asentamiento militar y una ciudad federada. Durante la confrontación con Cartago la presencia romana se limitó al establecimiento de un puerto militar y a la instalación de un praesidium que, inmediatamente, condujo a un castra hiberna. De esta primera fase de ocupación no se ha identificado ningún vestigio, si bien indicios posteriores sugieren que el primer fondeadero se ubicaría en el extremo oriental de la bahía y que la construcción posterior de un primer recinto defensivo pétreo en la parte alta de la colina se realizaría sobre estructuras del campamento preexistente. La primera muralla se fecha a inicios del siglo II a.C. y de ella se conservan dos lienzos y tres torres cuadrangulares. Su construcción podría relacionarse con la presencia de Catón (hacia el 195 a.C.) y el desarrollo teórico de su planta, no exento de interrogantes, sugiere un perímetro aproximado de 890 m y una superficie en torno a las 4,5 ha. Se conocen numerosas noticias referentes a la llegada y acuartelamiento de numerosos contingentes militares que, junto a los grupos sociales que acompañaban al ejército, debieron ocasionar una importante transformación de la fisonomía urbana de la ciudad ibérica y de sus inmediaciones. De este modo, a partir de inicios del siglo II a. C. se constata en el oppidum ibérico, y sin evidencias de violencia o abandono, una intensa transformación que no sólo afectó al hábitat ibérico (superposición de nuevas viviendas y empleo de técnicas y principios constructivos de origen itálico), ya que también se constatan evidencias de ensanche urbano desde la antigua población hacia el noreste. La consolidación de Tarraco como realidad plenamente urbana debe entenderse como el resultado de un amplio proceso histórico y urbanístico que finaliza después de las guerras celtibéricas y en el que, a tenor de los conocimientos actuales, destacan tres elementos compositivos posiblemente concatenados en el tiempo: una segunda muralla, la red de saneamiento y la retícula urbana intramuros. En la segunda mitad del siglo II a.C. se construyó un segundo recinto amurallado que, partiendo del primitivo, amplió considerablemente la superficie de la ciudad englobando los núcleos precedentes, exceptuando, por motivos topográficos, la parte más occidental del antiguo asentamiento ibérico. Esta obra refleja una clara intencionalidad de adaptación a la orografía existente, utilizando los accidentes geográficos como elementos de protección natural y coincidiendo la orientación del nuevo recinto urbano con la del eje longitudinal de la colina. En torno al 100 a.C. se sitúa la construcción del colector que drenaba gran parte de las aguas excedentarias de la vertiente sudoccidental de la ciudad (el hecho de que el tramo final inflexione bruscamente hacia el sudeste indica que uno de los objetivos de esta obra de canalización fue evitar la deposición de sedimentos en la rada portuaria y permitir la urbanización de esta depresión natural). La modulación de esta ampliación urbana se fundamenta en una ratio para las insulae de un actus de anchura por dos de longitud. La retícula definida es coherente con el trazado de la muralla y se ha comprobado que su orientación condicionó la ubicación y morfología de los grandes complejos arquitectónicos posteriores: el Foro de la Colonia, el Teatro y el Circo. Asimismo, se ha identificado el Cardo Máximo de la ciudad, trazado en el eje del nuevo ensanche coincidiendo en parte con la antigua torrentera, hecho que refleja una continuidad en la función de principal vía de comunicación entre el recinto portuario y la parte alta de la ciudad. La ampliación del recinto amurallado constituye un paso decisivo en la formación urbanística de Tarraco y representa la unificación física de los tres focos urbanos desarrollados en el período precedente: el castrum militar, parte de la ciudad ibérica romanizada y la zona portuaria. No obstante, todavía existen numerosas cuestiones sin resolver referentes a la funcionalidad de la parte alta de la ciudad, posterior sede del Concilium Provinciae y del Circo, y a la realidad jurídica de la nueva ciudad.
muralla foro foro
foro foro foro
Tarraco no puede considerarse una colonia romana hasta época cesariana y la promoción y estatus urbano de la nueva ciudad son aspectos aún no precisados y que plantean numerosos interrogantes a partir de las fuentes históricas y epigráficas. En época augustea se empiezan a establecer las bases de la profunda remodelación del escenario urbano que se puede contemplar en todo su esplendor a inicios del siglo II d.C. Dentro de la primera mitad del siglo I d.C., el Foro de la Colonia adquiere el aspecto que tendrá en época Alto Imperial y se construye el Teatro, todo ello integrado en un proyecto urbanísticamente coordinado en el que la relación de proximidad entre ambos recintos públicos permitía definir un espacio de reunión, expresión y representación de las elites urbanas de Tarraco. El nuevo Foro ocupaba una superficie equivalente a cuatro insulae y su construcción representó el derribo de casas republicanas y el trazado de un criptopórtico meridional de contención para salvar el desnivel orográfico y definir una plaza de considerable extensión (su emplazamiento se considera la continuación de un primitivo recinto republicano). El Teatro, datado en época tardo augustea y construido aprovechando la carena rocosa que delimita la bahía portuaria, fue un elemento fundamental en el proceso de remodelación de la fachada portuaria de la ciudad que culminará en la segunda mitad del siglo I d.C. En la segunda mitad del siglo I d.C. tuvo lugar una profunda transformación urbanística del escenario urbano que afectó con especial intensidad a dos sectores de la ciudad: por un lado, la fachada marítima, desde el puerto hasta la desembocadura del río, y, por el otro, el espacio público de la parte alta, el viejo castrum republicano. El proceso de desecación en los humedales próximos a la desembocadura del río permitió la construcción, en primera línea de costa, de un conjunto de almacenes relacionados con las actividades portuarias. Una actuación probablemente vinculada con un proyecto general de reforma de la fachada portuaria que implicó el desplazamiento de las áreas de almacenaje hacia puntos más periféricos y la reordenación, iniciada con la erección del Teatro, del barrio portuario. Por lo que se refiere al sector público de la parte alta, el proyecto que se ejecuta en época flavia, y que se ha relacionado con la sede del Concilium Provinciae Hispaniae Citerioris, está integrado por un recinto de culto imperial y una gran plaza de representación. Una obra pública de gran envergadura que exigió profundas alteraciones del terreno con el fin de crear tres plataformas artificiales dispuestas escalonadamente siguiendo un mismo eje compositivo. En la terraza superior se disponía una plaza porticada en cuyo muro de cierre septentrional se abre una gran sala axial interpretada como la cella del templo de culto imperial que presidía el conjunto. El límite meridional, en contacto con la plaza de representación, se solucionó mediante un criptopórtico interrumpido para dar cabida a una escalinata monumental que, juntamente, con las torres situadas en los ángulos permitía conectar ambos recintos. La gran plaza de representación constaba de un área central de planta rectangular limitada, en tres de sus lados, por un podio de tres metros de altura y, tras éste, un criptopórtico a dos niveles. La conexión con el Circo, situado a sus pies, se realizaba a través de una escalera axial en forma de hemiciclo y de dos torres ubicadas en los ángulos meridionales de la plaza de representación. A estos recintos, expresión política y religiosa de índole imperial, hay que añadir un gran Circo que, construido de un lado a otro de la muralla republicana, constituyó el elemento de separación y, al mismo tiempo conexión, con la ciudad residencial.
circo circo circo
En la primera mitad del siglo II d.C., la ciudad se dotó de un Anfiteatro que completaba su oferta lúdica. Éste se construyó fuera del perímetro amurallado, en el suburbio nororiental, entre el lienzo oriental de la muralla y la costa, aprovechando el perfil inclinado de la ladera en cuya roca se excavó parte de la mitad occidental de la cavea. El resto del graderío exigió la erección de estructuras macizas y abovedadas en las que se combinaban el opus caementicium y el opus quadratum.
anfiteatro basílica del anfiteatro
Entre finales del siglo III d.C. y un momento avanzado del siglo IV d.C., coincidiendo con las primeras penetraciones bárbaras del 260 d.C., se detecta un proceso de recesión urbanística: el abandono del sector nordoccidental del suburbio portuario y la inutilización servicios y equipamientos públicos (sistemas de captación, distribución y eliminación de aguas). Contrariamente, los recintos públicos de la parte alta no muestran síntomas de alteración hasta finales del siglo IV d.C. o, más probablemente, inicios del siglo V d.C., en el marco de una reordenación general de la estructura urbanística de la ciudad. Después de la crisis que afectó, aunque de forma desigual, importantes sectores urbanos como el barrio portuario y el suburbio sudoccidental, la ciudad tardía parece perfilarse en dos núcleos preferenciales: la parte alta, amurallada y de fácil defensa, y el área portuaria hasta la desembocadura del río Francolí, un espacio de interés agrícola, pesquero y comercial. La parte alta de Tarraco, uno de los ejemplos mejor conocidos del proceso de transformación que acompaña el surgimiento de las ciudades tardías a partir del siglo V d.C., se convierte en el centro nuclear de la ciudad, un carácter que mantendrá hasta época moderna. Los recintos arquitectónicos de la parte alta, incluyendo el Circo, pierden parte de su coherencia original con el fin de definir una nueva ordenación urbanística y funcional más acorde con las nuevas necesidades: las bóvedas del Circo acogen viviendas privadas y ámbitos artesanales, los criptopórticos de la plaza de representación se compartimentan con el fin de ubicar cisternas, el muro de cierre oriental del recinto de culto es parcialmente desmontado con el fin de extender una calle, etc. El área portuaria y el suburbio sudoccidental experimentan, también, una intensa reactivación urbanística a partir de inicios del siglo V d.C., formándose un barrio marítimo entre la línea de costa y la desembocadura del río. La mayor parte de los edificios privados integrados en este suburbio de la ciudad tardoantigua se construyeron en zonas ocupadas en época Alto Imperial por almacenes portuarios afectando, en parte o totalmente, ejes viarios precedentes. En lo que se refiere a las principales vías de acceso a la ciudad se mantienen operativas, aunque modificadas, y se define una nueva red viaria con calles más estrechas, de trazado irregular y carentes de sistemas adecuados de eliminación de aguas residuales. También las termas públicas del siglo III d.C. y su entorno sufren un proceso de transformación funcional, constatado a partir del abandono de la infraestructura termal y la superposición de ámbitos domésticos de reducidas dimensiones. En este mismo proceso de vitalidad urbanística se inscriben los edificios eclesiásticos ubicados en el margen izquierdo del río Francolí, construidos con posterioridad al edicto de tolerancia en un área marginal de la topografía tarraconense. Sobre las terrazas aluviales del Francolí y en una periferia urbana ya abandonada cabe situar la edificación de una memoria a los mártires locales Fructuoso, Augurio y Eulogio; un proceso de cristianización del escenario urbano en el que se inscriben también santuarios extraurbanos como el que surge en la arena del Anfiteatro en el siglo VI d.C. o complejos episcopales como el de la parte alta de la ciudad. Por lo que se refiere al sector intramuros, la falta de datos impide establecer con precisión cual fue su comportamiento durante la Antigüedad Tardía, aunque parece definirse una ocupación diseminada, de baja densidad y de carácter agrícola.
cantera del Mèdol cantera del Mèdol
La cantera del Mèdol, de la que se extrajeron unos 50.000 m3 de piedra calcárea utilizada en la construcción de un gran número de los edificios romanos más importantes la ciudad, se encuentra a 6 km de Tarragona, junto al área de servicio del mismo nombre de la autopista A7. Las extracciones han dejado en aquel lugar un gran agujero, de más de 200 m de longitud y entre 10 y 40 m de ancho, con una enorme aguja de piedra no excavada en su centro de unos 16 m de altura, que indica el nivel de la roca en el momento de iniciarse los trabajos. En algunas paredes aún se puede observar el sistema de extracción de los sillares que se trasladaban a la ciudad a través de la Vía Augusta (vía que discurría a escasa distancia de la pedrera).
Torre de los Escipiones figuras en relieve de la Torre de los Escipiones detalle de una figura de la Torre de los Escipiones
A la Torre de los Escipiones se accede desde el km 6 de la carretera N340 que une Tarragona con Barcelona. Se trata de un típico ejemplo de monumento funerario turriforme de planta cuadrada, con de tres cuerpos superpuestos decrecientes en tamaño. Datado en el siglo I d.C. y situado junto a la Vía Augusta, presenta en la fachada, en el segundo cuerpo, dos figuras en alto relieve representando a Atis (divinidad de origen oriental asociada al culto funerario). Una errónea identificación de estas figuras con los hermanos Escipión dio origen a la tradicional denominación del monumento.
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