Los ritos y los monumentos funerarios de época romana
hunden sus raíces en el sustrato ibérico, una
cultura que se caracteriza por las cremaciones, enterramientos
selectivos, tumbas en hoyo y superestructuras en forma de monumentos
tumulares. Las tumbas, agrupadas en necrópolis, suelen
disponerse a lo largo de los caminos que llevan a las ciudades,
un hecho que se ve reforzado con su integración en el
ámbito cultural romano en un momento en que están
en proceso de desarrollo lo que se conoce como vías funerarias;
esto es, la utilización de los caminos, en los tramos
más próximos a la ciudad, como verdaderos escaparates
donde lucir el rango económico y social alcanzado por
las principales familias.
Los edificios funerarios comenzaron a adquirir monumentalidad,
con altos cuerpos pétreos que se alzan sobre el suelo,
para ser vistos desde lejos por los caminantes que se aproximan
a la ciudad; a veces se decoraban con las efigies de los difuntos,
sus retratos o epígrafes alusivos a su vida, o divinidades.
La tumba romana suele ser individual, familiar o colectiva,
y suele estar rodeada por un recinto que la delimita y protege.
Tumba
de Servilia - Necrópolis de Carmo (Carmona - Sevilla):
datada en époda de Augusto, reproduce una lujosa
mansión de cánones helenísticos con
un amplio patio porticado, en cuyo frontal se encuentra
la cámara funeraria.
Tumbas de la Necrópolis de Carmo: el ritual
de enterramiento más frecuente era la incineración.
Los cadáveres se incineraban en quemaderos excavados
en la roca donde se colocaba la pira funeraria.
Tumba del Elefante – Necrópolis
de Carmo: se trata de un santuario dedicado al culto
de Cibeles y Attis.
Mausoleo de El Daymun (El Ejido
- Almería): de finales del siglo III d.C.,
albergaba los miembros de una familia.
Columbario de Ocuri (Ubrique - Cádiz):
en su interior se pueden identificar diferentes hornacinas.
Torre
de los Escipiones (Tarragona): situada junto
a la Vía Augusta, se trata de un típico
ejemplo de monumento funerario turriforme de la primera
mitad del siglo I d.C. El cuerpo intermedio presenta,
sobre la misma fachada dos figuras en relieve que representan
a Attis (divinidad oriental asociada al culto funerario).