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PENÍNSULA  IBÉRICA  -  ROMANIZACIÓN

LA RELIGIÓN ROMANA EN HISPANIA DURANTE EL IMPERIO

Entre la época de César y Augusto, es decir, entre finales de la República y comienzos del Imperio, el grado de romanización de muchas ciudades del sur y del este peninsular era muy grande (el geógrafo griego Estrabón consideraba togados a la mayoría de los turdetanos).

La respuesta del estado romano a esa realidad se tradujo en la concesión del estatuto de colonia romana y de municipio romano a decenas de ciudades de éste ámbito peninsular y a partir del año 73 a.C., en virtud de la decisión del emperador Vespasiano, pasaron otras muchas ciudades a recibir el estatuto de municipios latinos (dos hitos importantes en la difusión de la religión romana).

LAS DIVINIDADES CAPITOLINAS
Baelo Claudia templos del Capitolio Baelo Claudia foro y templos del Capitolio
  Templos del Capitolio de Baelo Claudia (Bolonia - Cádiz): construidos sobre una amplia terraza que domina la plaza del foro, está conformado por los tres templos clásicos de la triada capitolina, los dedicados a Júpiter, Juno y Minerva (tres edificios independientes y de dimensiones semejantes). El arquitecto supo aprovechar la diferencia de altura con respecto al foro para establecer simbólica y físicamente la preeminencia de los dioses sobre la vida ciudadana.
Las divinidades capitolinas seguían siendo a comienzos del Imperio las protectoras del ejército y de las ciudades organizadas conforme a patrones y estatutos romanos. Así en la ley que regulaba la ordenación de la colonia cesariana de Urso se alude a tres días consagrados al culto público de Júpiter, Juno y Minerva y un cuarto día dedicado al culto de la diosa Venus, protectora de la ciudad (sin duda impuesto por César por presentarse su familia como descendiente de Venus). Los capitolios de las ciudades provinciales se construían con tres cellae, de acuerdo con el modelo del capitolio de Roma, para albergar las imágenes de Júpiter, Juno y Minerva.
Almuñecar cueva de los Siete Palacios Almuñecar cueva de los Siete Palacios Almuñecar cueva de los Siete Palacios
  Cueva de los Siete Palacios (Almuñecar - Granada): fue el sótano de una gran construcción romana, posiblemente un templo en honor a la diosa Minerva.
Basti templo Basti templo
  Templo de la ciudad Íbero Romana de Basti (Baza - Granada): construido en el siglo I a.C., se trata de un conjunto estructural muy complejo por la cantidad y variedad de muros asociados entre sí y por las distintas reestructuraciones que sufrió a lo largo del tiempo.

EL CULTO IMPERIAL
Tarraco foro provincial Tarraco foro provincial Tarraco foro mercantil
  Foro Provincial y Foro Mercantil o Local de Tarraco (Tarragona): Se conoce perfectamente el perímetro exterior del Foro Provincial, a pesar de que se desconoce casi totalmente la disposición interior y las características arquitectónicas de los edificios. El Foro Local, estaba constituido por una plaza porticada, con una hilera de "tabernae" y en posición central la curia.
La institucionalización de este culto de origen romano en territorio Hispano sirvió como elemento unificador de los distintos pueblos peninsulares ya que, por sincretismo con la devotio y las fides ibéricas, los propios indígenas estaban bien dispuestos a aceptarlo. En la Península Ibérica se inicia el culto imperial en la persona de Augusto, tras la implantación en Roma del culto en vida a su persona (el culto imperial honraba a Augusto como “hijo del divino César”, divinizado éste después de muerto). Coincidiendo con la estancia de Augusto en Tarraco, los habitantes de dicha ciudad le dedicaron un altar; poco tiempo después el culto imperial contaba ya con altares en Mérida y aras sestianas en el norte peninsular.
Augusta Emerita templo de Diana Augusta Emerita foro
  Templo de Diana y Foro de Augusta Emerita (Mérida): al sudeste del cruce entre el cardo y el decumano se sitúa el antiguo foro de la colonia, presidido por un templo conocido desde antiguo como el Templo de Diana. Hexástilo, períptero y corintio, sin duda de culto imperial y viejo sabor tardo-republicano, presidía una gran plaza pavimentada con grandes losas calcáreas que se encontraba en el centro de un triple pórtico. Aunque insuficientemente excavado, el Foro aporta datos que permiten autentificar una fiel traslación de los modelos iconográficos y arquitectónicos del Foro de Augusto en Roma.
Cada capital de provincia pasó a convertirse en sede del culto provincial del Emperador. Al foro provincial acudían los representantes de las diversas ciudades de la provincia para manifestar su adhesión Emperador a través del culto y, a su vez, esas reuniones en la capital provincial pasaron a servir de asambleas en las que se discutía sobre cuestiones comunes a los provinciales (se decidía sobre el envío de embajadas a Roma, la atribución de honores a personajes públicos o la presentación de quejas o súplicas a la administración central).
Mérida busto de Agusto Mérida friso del Árbol de la Vida Mérida Ceres MAN Livia
  Busto de Augusto como Sumo Pontífice, friso del Árbol de la Vida y escultura de Ceres (Museo Arqueológico de Mérida), escultura de Livia (Museo Arqueológico Nacional): El friso formaba parte de la decoración de uno de los paneles laterales de un altar y representa una alegoría a la figura de Augusto (asociado al laurel de Apolo) y su dinastía. En la estatua Augusta Drusila Livia, esposa del Emperador Augusto, se presenta sujetando el Cuerno de la Abundancia.
La repercusión social más importante del culto imperial estaba relacionada con los propios sacerdotes, que para poder atender como “flamen” el culto al emperador en el templo, se exigía que formaran parte de las élites locales. Dado que la propaganda imperial de Augusto, presentaba al emperador y a su mujer como a un padre y una madre que velaban por la gran familia de las poblaciones del Imperio, algunas mujeres encontraron una vía de representación social como sacerdotisas del culto a las Augustas (con el título de “flaminica”). No menos importante fue la difusión del culto imperial para un amplio sector de libertos, principalmente los libertos enriquecidos con el desempeño de actividades artesanales y comerciales, que se organizaron en asociaciones religiosas destinadas a apoyar y promover el culto imperial, por lo que llegaron a tener un fuerte peso social en sus respectivas ciudades, consiguiendo incluso muchos de ellos acceder a los senados coloniales.
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