Sitio web arqueomas.comarqueomas.comIr a InicioIr a DirectorioIr a BibliografíaIr a ContactaIr a RSS - Novedades
Península Ibérica
Icnitas
Paleolítico y Neolítico
Calcolítico y Los Millares
Arte Rupestre
El Megalitismo
Bronce y El Argar
Tartessos-Colonización
Cultura Ibérica
Cultura Talayótica
Cultura Celta - Vettones
Cultura Celta - Galaicos
Cultura Celtibérica
Romanización
Ingeniería Romana
Ruralización
Reino Visigodo
Islam y al-Andalus
Prerrománico
Románico
Egipto
Italia
Los Etruscos
Roma
África
Túnez - África Romana

Alojamientos amigos
Enlaces
HORNACHUELOS

Localización: se sitúa junto al tramo Hornachos-Ribera del Fresno de la Cañada Real Leonesa o de Córdoba. Se accede desde la carretera local que une Ribera del Fresno con Hinojosa del Valle. A la altura del km 3, indicado con un monolito, se toma un camino señalizado de 6,5 km que conduce al yacimiento.

Grado de Accesibilidad: Bueno – Acceso señalizado – Posee cuadros explicativos.

Descripción: entre mediados del siglo II a.C. y finales del siglo I d.C. fue una de las ciudades fortificadas de la Beturia; nombre que los autores clásicos dieron al territorio situado entre el río Guadiana y Sierra Morena. Los oppida betúricos fueron núcleos de población mixta (indígena y romana), surgidos en su mayoría tras la conquista romana de esta zona. En torno a ellos, se reorganizaron la sociedad, la economía y el pensamiento de los pueblos prerromanos (célticos y túrdulos). Se desconoce su nombre, pero es probable que fuera Fornacis, un oppidum turdetano citado por C. Ptolomeo. Su fundación respondió a motivos estratégico-militares y económicos. Desde la cima se tiene un amplio dominio visual de Tierra de Barros y del Valle de Matachel, ruta natural previa a la “Vía de la Plata” jalonada por peñones fortificados (El Cabril, Peña Mora, Castillejos, etc.). Aparte de la riqueza agropecuaria del entorno, la Sierra de Hornachos atesora minas de galenas argentíferas que fueron explotadas, durante el siglo I a.C., por una compañía minera romana cuyas siglas eran SFB (Societas Fornacencis Baeturica/Baetica). El oppidum tiene una extensión máxima de 5ha. Su topografía está constituida por dos elevaciones amesetadas de distinta altura que le confieren un perfil inconfundible. El collado superior se estructura en dos recintos fortificados. El superior o acrópolis posee un eje máximo de unos 80 m y una anchura media de 50 m. El inferior, que incluye al anterior, posee una longitud de 160 m y una anchura máxima de unos 100 m. El urbanismo de la acrópolis presenta una disposición aterrazada con manzanas de casas adosadas (este conjunto se fecha hacia el cambio de Era). Éstas abren a dos calles dispuestas en el mismo sentido del eje mayor. A la calle superior tienen salida las construcciones que ocuparon la cima del cerro, relacionadas con viviendas y una posible torre vigía. En un nivel inferior se sitúan las casas que abren a una segunda calle. A ésta también lo hacen las viviendas que se apoyan contra la fortificación del recinto superior. Todas las casas excavadas son de planta rectangular y están cimentadas en zócalos de piedra sobre los que se levantaron paredes de adobe. Las cubiertas fueron, en principio, de madera y ramajes manteados con barro. A partir del cambio de Era comenzaron a utilizarse las tejas romanas. Las fachadas de las casas se orientaron al este, con el fin de evitar los vientos fríos y húmedos del norte y de suroeste. Hay viviendas diferentes entre sí en cuanto a tamaño y número de habitaciones. En algunos casos pueden observarse pequeños departamentos, hogares, poyetes de piedra, bancos corridos, etc.
oppidum viviendas
viviendas viviendas
viviendas aljibe del recinto superior
Entre las estructuras más espectaculares de Hornachuelos se encuentra una cisterna o aljibe excavado en la roca. Sus dimensiones son 28 m de longitud, 10 m de anchura y 2 m de profundidad media. Este aljibe debió formar parte de un sistema de recogida de agua, del que tan solo son visibles los canales tallados en sus ángulos y en sus lados mayores. En el recinto superior puede verse otro aljibe más pequeño aunque más profundo.
cisterna principal cisterna principal
Entre mediados del siglo II a.C. y el cambio de Era, los ritos fúnebres se basaban en la cremación de los cadáveres en piras de leña de encima. Tras la quema del cadáver, los restos resultantes se introducían en hoyos o en vasijas cerámicas que, finalmente, se depositaban en la necrópolis, en las proximidades de grandes construcciones tumulares de planta rectangular, cuadrada o circular. A partir del cambio de Era estos ritos dejaron paso a otros comportamientos funerarios que se prolongaron hasta el siglo I d.C. Estos consistieron en crematorios individuales en fosas excavadas en la roca.
necrópolis construcciones tumulares
Ir arriba     Volver
2006-2015Ir a InicioIr a Acerca deIr a Aviso legalIr a RSS - Novedades