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CORDUBA

Localización: en el casco urbano de Córdoba y en sus alrededores.

Grado de Accesibilidad: Bueno – Accesos señalizados – Centro de recepción de Visitantes y Museo – Posee cuadros explicativos.

Descripción: la fundación de la ciudad por Marco Claudio Marcelo data de la primera mitad del siglo II a.C., con independencia de que hasta este momento los romanos hubieran podido convivir desde tiempo atrás más o menos estrechamente con los indígenas, u ocupar un asentamiento cercano al de ellos (la convivencia entre ambos núcleos poblacionales seria puramente circunstancial, durando sólo lo que tarda en ser abandonada de forma pacífica y paulatina la vieja ciudad prerromana). Para el asentamiento de esta nueva ciudad se elige un espolón, bien defendido por acusadas laderas y varios arroyos, situado a unos 750 m al NO del primitivo asentamiento indígena, desde el cual se controlaban los dos vados del río. Con una superficie de 47,6 ha y uno de perímetros más elevados de entre las fundaciones coloniales romanas y latinas contemporáneas, la ciudad queda delimitada desde su origen por una línea de murallas. A estos momentos remite la construcción de las primeras vías, la explotación masiva de las minas de Sierra Morena, y seguramente la construcción del primer puente más o menos monumental. Como era habitual en este tipo de fundaciones, la ciudad se organizaría conforme a una red urbana de carácter ortogonal que delimita una serie de insulae ocupadas por viviendas y construcciones que, en general, destacan por su austeridad; si bien, a partir del siglo I a.C. los datos arqueológicos hacen referencia a la existencia en la ciudad de casas de tipo peristilo, como la famosa vivienda en la que fue recibido Q. Cecilio Metelo tras su victoria sobre Sertorio en el año 74 a.C. La ubicación y el espacio destinado a los más importantes edificios civiles fueron previstos desde el momento mismo en que se traza el esquema programático de la nueva ciudad, pero su construcción, y sobre todo su ornato, se prolongaría durante décadas. La existencia de un Foro, y el papel de Corduba como sede provincial del pretor, que desde ella impartía justicia al tiempo que resolvía cuestiones de gobierno, está documentada por las fuentes escritas al menos desde el 113 ó 112 a.C. En líneas generales su ubicación, en el entorno de la actual Plaza de San Miguel, viene a coincidir con la del posterior Foro Augusteo, si bien de menor tamaño y atravesado en su lado oriental por el cardo máximo, conforme a un modelo de Foro abierto o integrado típico de la época. Si bien desde ya hace algunos años se señalaba la lógica existencia de varios templos en la Corduba republicana, sólo recientemente, tras unos trabajos arqueológicos realizados bajo la Casa Carbonell, se localizó un complejo monumental, un posible templo rodeado quizás de un pórtico, destinado a ennoblecer el cardo máximo, en el acceso a la ciudad por el sur. En el transcurso de las Guerras Civiles libradas entre César y los hijos de Pompeyo, a mediados del siglo I a.C., Corduba tomó partido por los pompeyanos, hecho que motivó su asedio y posterior destrucción.
Derrotada y destruida, y tras un lógico período de recesión, la ciudad resurgió en muy pocos años de sus propias cenizas ya que Augusto, tras instalar en ella a buena parte de los veteranos que le habían acompañado en las guerras del norte, le concedió el estatuto jurídico de Colonia. Consciente del nuevo orden político que representa el inicio del principado de Augusto, no duda en dejar de lado los ideales republicanos que le habían llevado a la perdición para pasar a una posición política contraria, en la que la glorificación del Princeps se convierte en su más importante razón de ser. A partir de este momento entra de lleno en la órbita de Roma, ejerciendo su nueva condición de capital oficial de la provincia Bética; cabeza del Conventus Cordubensis, y principal garante del culto al emperador. Así, la línea de murallas de la ciudad se extiende hasta el río, ampliando el espacio urbano a unas 78 ha, y se va dotando de los elementos más significativos que conformaban una típica ciudad romana, convirtiéndolos en un elemento de autoafirmación, propaganda y prestigio de cara al resto del Imperio.
Desde los primeros tiempos de Augusto la ciudad comenzó a abastecerse de varios acueductos que captaban el agua de los manantiales y arroyos más caudalosos y salubres de la sierra. De los tres ya identificados, se conoce por la epigrafía el nombre de dos: el Aqua Augusta (después, Vetus Augusta), y el Aqua Nova Domitiana, construidos a principios y finales del siglo I d.C. respectivamente. Del tercero, construido en el siglo II d.C., se sabe que estuvo en uso en época islámica, y que abastecería a dos fuentes situadas en los arrabales occidentales de la ciudad conocidas como Ayn Funt Aurea, a las que hace referencia el historiador al-Dabbi (una arabización del nombre latino Fons Aurea, seguramente un ninfeo de época romana).
tramo del acueducto de Aqua Vetus tramo del acueducto de Fons Aurea
Tramos de los acueductos Aqua Vetus (junto al Centro Comercial la Sierra) y Fons Aurea (Estación de Autobuses)
Por el Este, entraba en Corduba la Via Augusta, muy pronto enmarcada por monumentos funerarios de diversa morfología que buscaban siempre las zonas más transitadas, pero también el matiz de prestigio que añadía a cualquier construcción de estas características una vía con el valor de enlazar directamente con Roma.
miliario de la Vía Augusta miliario de la Vía Augusta miliario de la Vía Augusta miliario de la Vía Augusta
Miliarios de la Vía Augusta (Patio de los Naranjos de la Mezquita Catedral)
Presidía sus últimos metros de trazado, así como todo el sector oriental de la ciudad, una enorme escenografía arquitectónica concebida en época de Claudio, dispuesta en tres grandes terrazas: la superior, conformada por una plaza porticada, la intermedia, un espacio abierto destinado a las grandes ceremonias y al tránsito, y la inferior; ocupada por el mayor de los edificios de espectáculos de la ciudad: el circo. Los tres espacios, unidos, conformaban una forma más de expresión ideológica, emparentada con modelos bien conocidos de la metrópolis y, de nuevo, directamente relacionada con el culto oficial de Estado, en este caso con la provincia como protagonista, deseosa como la propia ciudad de manifestar su sumisión y fidelidad a la idea imperial. La plaza superior se superpone a la muralla con el fin de aprovechar la altura que le proporcionaba la colina y refuerza su estabilidad con una monumental línea de cimientos, acogiendo en su parte central un templo hexástilo y corintio de grandes dimensiones revestido de mármol blanco (ésta sería la primera imagen urbana, noble, magnífica, que captaría cualquier viajero a su llegada desde Roma). Si las últimas interpretaciones son correctas, se trataría de un lugar de gran trascendencia para la ciudad, en el que se llevarían a cabo grandes ceremonias civiles y religiosas relacionadas con el culto dinástico y que, además, aglutinaría algunas de las más importantes funciones administrativas como capital de la provincia. El circo, de dimensiones más que considerables, flanqueaba la vía por su lado oriental, en sentido Este-Oeste (se conocen sólo los muros de sustentación de un sector muy limitado del graderío septentrional). Por razones que se desconocen su uso decaería a lo largo del siglo II d.C.
templo de Culto Imperial cavea del Teatro
Templo de Culto Imperial (calle Claudio Marcelo) y Cavea del Teatro (Museo Arqueológico)
Un poco más al Sur, aprovechando la ladera meridional de la colina que sirvió como asiento a la primera Corduba republicana, se construyó el teatro, levantado en piedra local con revestimientos interiores de mármoles importados, y rodeado de toda una serie de plazas escalonadas que, aparte de contribuir a la distribución ordenada del público, permitieron una perfecta adaptación a la difícil topografía de la zona elegida. Una obra digna de la ciudad, que implica el desarrollo de un proyecto arquitectónico, programático y monumental sin precedentes hasta la fecha, plasmado en un edificio majestuoso cuya construcción es financiada por algunas de las familias más importantes del momento (caso de los Mercellones Persinii, los Marii, los Numisii, o los propios Annaei), que participan de la idea de culto público al Emperador y buscan al tiempo su máxima proyección social. Con capacidad para diez o quince mil espectadores, una altura superior a los 20 m y casi 125 m de fachada, se trata del mayor de los teatros Hispanos. Se mantuvo en plena actividad hasta el siglo III d.C., en que fue destruido (supuestamente por un terremoto).
Casa romana del Bailío mosaico de la Casa romana del Bailío
Casa romana del Bailío (Hotel Palacio del Bailío)
Desde los tiempos de Claudio y Nerón las viviendas exceden el recinto amurallado en casi todo su perímetro, extendiéndose codiciosas en forma de barrios suburbanos por todo el entorno de la ciudad, hasta anular en buena medida el uso industrial y funerario de los suburbia, cuyos monumentos fueron desmontados, tapados, o integrados en las nuevas construcciones. El Alcázar de los Reyes Cristianos contiene una de las colecciones de mosaicos romanos más importantes procedentes de una casa noble de la ciudad (encontrados en la Plaza de la Corredera). La colección del llamado salón de los mosaicos ofrece una visión general de las técnicas y estéticas de la época.
mosaico con Máscara de Océano mosaico de Polifemo y Galatea mosaico con actor trágico
Máscara de Océano II-III d.C – Polifemo y Galatea II d.C – Actor trágico II-III d.C. (Alcázar de los Reyes Cristianos)
mosaico de las cuatro estaciones mosaico de las cuatro estaciones
Eros y Psique encuadrados con los bustos de las cuatro estaciones III-IV d.C. (Alcázar de los Reyes Cristianos)
mosaico con Medusa sarcófago romano
Medusa II d.C. – Sarcófago con representación de la puerta de entrada al Hades III d.C. (Alcázar de los R. C.)
En medio del vicus occidental, que a tenor de los últimos hallazgos arqueológicos experimentó al efecto una reordenación urbanística de gran alcance, se alzaba, imponente, el anfiteatro, construido extramuros ante la ausencia de espacio disponible en el interior de la ciudad. Con un eje mayor de 178 m, presenta planta maciza, con grandes substructiones de sillería que rellenan por completo materiales constructivos, y sobre las que se dispone el graderío. El edificio estuvo en uso desde época julio-claudia avanzada hasta finales del siglo III o inicios del siglo IV d.C. (seguramente acabó siendo cristianizado tras haber sido ajusticiados en él algunos mártires cordubenses).
monumento funerario calzada romana
Monumento funerario y Calzada Romana (Puerta Gallegos)
Esta monumentalidad de la ciudad se manifestaba además en su paisaje funerario, que por entonces acompañaba al viajero a lo largo de las viae sepulchrales. Con una fuerte carga ideológica y visual, las tumbas monumentales no sólo se erigían como garantía personal o familiar de memoria, sino también, y fundamentalmente, como lugares perfectos para la auto representación y la búsqueda de la singularidad, tanto de los estamentos que encabezaban la sociedad desde el punto de vista de "su pureza de sangre" como por la nueva clase emergente de los libertos (basada de forma exclusiva en su poder económico). Todos los monumentos conocidos hasta la fecha se remontan a época imperial, y sólo en el caso de algunos de los altares o tumbas con recinto es posible retrotraer su cronología hasta el último cuarto del siglo I a.C. Al segundo cuarto del siglo I d.C. corresponden los dos sepulcros circulares con cubierta tumular situados frente a la propia puerta de la ciudad.
monumento funerario monumento funerario
Monumento funerario (Puerta de Sevilla)
La imagen de la ciudad permanecerá más o menos inalterada hasta las primeras crisis del siglo III d.C. Por estas fechas, el esplendor monumental que la había caracterizado durante los dos siglos precedentes empieza a decaer: no se construyen nuevos edificios públicos, ni se importan materiales en la cantidad y calidad que se había venido haciendo; entran en crisis los talleres escultóricos y de decoración arquitectónica; se siguen usando las mismas casas de siglos precedentes, y comienzan las reutilizaciones de materiales y algunos espacios, públicos o privados, retrayéndose de nuevo la ciudad a los límites interiores de sus murallas, al tiempo que muy probablemente pierde la capitalidad de la provincia. Este panorama de inicial decadencia, sólo matizada por la aparición de grandes villae en el entorno suburbano, es, sin embargo, el que conoce la construcción de uno de los edificios más conspicuos de toda la historia de Corduba: el palatium del emperador Maximiano Hercúleo, levantado con motivo de su estancia en Corduba en las postrimerías del siglo III d.C. Destruido casi en su totalidad por la construcción de la estación de trenes de alta velocidad, en él se ensayan nuevas fórmulas arquitectónicas al servicio del poder imperial que triunfarán en el resto del Imperio, convirtiéndose en uno de los elementos más característicos del Bajo Imperio Cordubense. Tras su abandono, que se produce en apenas unos años, su trichora norte es reutilizada como basílica cristiana (quizá la de San Acisclo), generando en torno a ella una importante necrópolis que se mantendrá en uso incluso durante la etapa islámica, acogiendo a miembros de la comunidad mozárabe. Se constituye así el yacimiento de Cercadilla ejemplo paradigmático de la evolución que experimenta el mundo funerario cordubense tras el triunfo definitivo de la inhumación sobre la cremación a partir de finales del siglo II d.C., como consecuencia básicamente de la expansión del Cristianismo.
Palacio de Maximiano Hercúleo Palacio de Maximiano Hercúleo
Palacio de Maximiano Hercúleo Palacio de Maximiano Hercúleo
Palacio de Maximiano Hercúleo (Estación de Renfe)
En Torreblanca, en el entorno del restaurante Las Cuevas, se sitúa la cantera en galerías de Peñatejada, de la que en época romana se extrajeron ingentes cantidades de calcarenita, material pétreo utilizado en la construcción de los edificios públicos de la ciudad. Para acceder, desde la carretera N432 que une la ciudad de Córdoba con Extremadura, se toma el desvío en dirección al camino del Santuario de Linares hasta el restaurante. El sistema de explotación se basaba en el sostenimiento natural a partir de enormes pilares desbastados como sostén del elemento horizontal y la explotación en caja de las fossae o galerías de la cantera, para evitar derrumbes. A raíz de estudios llevados a cabo en diversas intervenciones se sabe que en el interior de las galerías de la explotación se usaron herramientas de extracción, sin apreciarse, al menos de momento, ninguna relacionada con el acabado de la piedra.
canteras de Peñatejada canteras de Peñatejada
Canteras de Peñatejada (restaurante Las Cuevas)
En lo que hoy se conoce como Loma de los Escalones, en el entorno del Santuario de Nuestra Señora de Linares, se sitúa un tramo de la calzada que unía las capitales de la provincia Bética (Colonia Patricia Corduba) y de la Lusitania (Colonia Emerita Augusta). Dos miliarios encontrados en el tramo cordobés de la calzada, datados en tiempos de Nerón y de Constantino, confirman el interés de este antiguo camino en los tiempos del Imperio. Esta vía, en su primer tramo, afronta un gran escalón entre el valle del Guadalquivir y las alturas de Sierra Morena, lo que hace que tenga una importante pendiente y que en algunos tramos hubiera de ser excavada en la propia roca buscando suavizar la fuerte diferencia de nivel. Para acceder, desde la carretera N432, que une la ciudad de Córdoba con Extremadura, se toma el desvío en dirección al camino del Santuario de Linares. En la última curva del camino (que a la derecha se dirige a la ermita) se aparca el vehículo y se toma una senda que transcurre por unos 150 m paralela al arroyo de Linares hasta alcanzar un pequeño puente de origen romano que salva las aguas del mismo. Cruzado el puente se toma el camino que se adentra en la Sierra teniendo cuidado de dejar a la izquierda el arroyo de Linares y a la derecha el arroyo de Balanzonilla (entre ambos arroyos transcurre la calzada). Desde el paraje conocido como Loma de los Escalones la vía se encamina en dirección a las minas de cobre Cerro Muriano.
En el entorno serrano del río Guadiato, uno de los afluentes más importantes del río Guadalquivir, que ha jugado un notable papel en la historia de Corduba debido a la riqueza de recursos mineros, sobre todo cobre y plomo argentífero, se sitúa un tramo de la Calzada del Pretorio. Para acceder a ella, desde el moderno puente de los Arenales, en el km 18 de la carretera C410, que une la ciudad de Córdoba con Villaviciosa, se inicia el recorrido a pie durante unos 600 m hasta llegar a un carril que surge a la izquierda y que se encamina en dirección al río. Siguiendo el sendero, se alcanza el puente romano.
puente en la Calzada de Corduba a  Emerita Augusta Calzada de Corduba a  Emerita Augusta puente en la Calzada del Pretorio
Calzada Romana de Corduba a Emerita Augusta - Puente sobre el río Guadanuño en la Calzada del Pretorio
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