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CARTHAGO  NOVA

Localización: en el casco urbano de Cartagena.

Grado de Accesibilidad: Bueno – Accesos señalizados – Puntos de Recepción de Visitantes (visitas guiadas).

Descripción: su privilegiado emplazamiento, sobre una pequeña península rodeada de colinas asomando a la bahía y cerrada por una pequeña laguna que se extendía a sus espaldas, hacían de la ciudad y su bahía uno de los enclaves naturales mejor protegidos del Mediterráneo. Dichas condiciones facilitaron muy tempranamente una intensa actividad comercial potenciada por su proximidad al norte de África, por sus buenas comunicaciones con la Meseta, la Bética y las costas de Levante y, sobre todo, por la riqueza de sus minas. Fueron los intereses de Cartago por establecerse en la Península los que la convirtieron a Qart Hadash en su capital en Iberia hacia el 229 a.C. Tras la conquista romana a manos de Escipión, en el 209 a.C., la ciudad fue incorporada a la órbita de Roma iniciándose un largo período de crecimiento. Tras ser convertida en colonia de derecho en época el 54 a.C. la ciudad recibiría el título de Colonia Urbs Julia Nova Carthago. En ese momento dio inicio un proceso de reformas urbanísticas encaminadas a dotarla de los necesarios equipamientos administrativos, civiles y religiosos que requería una ciudad de su rango, alcanzando su período de mayor esplendor entre los siglos I y II d.C. En el transcurso del siglo III d.C. la ciudad quedó sumida en una profunda crisis económica y social que se dejó sentir en su entramado urbano y, a pesar de recibir la capitalidad del Conventus Carthaginense en el siglo IV d.C., no recuperó su pasado esplendor. La intervención del emperador Justiniano, requerido por Atanagildo para solventar las frecuentes luchas internas que a mediados del siglo VI d.C. mantenían los visigodos, brindó a los bizantinos la oportunidad de reinstaurar el antiguo Imperio Romano de Occidente en Hispania. Durante este breve episodio, el puerto de Carthago Spartaria se convertiría en el principal centro redistribuidor de los productos importados desde el entorno de Constantinopla. Esta efímera recuperación del pasado esplendor terminó a raíz de la completa destrucción de la ciudad por los visigodos hacia el año 625 d.C. El nuevo núcleo urbano visigodo no será más que un humilde barrio replegado en la ladera del monte de la Concepción.
Teatro Romano: en el monte de la Concepción, un enclave privilegiado desde el que se domina la ciudad y su puerto, se instaló un barrio residencial que perduraría hasta finales del siglo I a.C. La renovación urbana de mediados de esa centuria, momento en que la ciudad recibió el estatuto de colonia, condujo a un proceso de monumentalización de los espacios públicos, en el que es preciso enmarcar la construcción del teatro. La ejecución de un proyecto de tal calado en un lugar tan densamente poblado debió ocasionar no pocos trastornos y un constante trasiego de escombros generados por los derribos de las viviendas, los desmontes de la ladera, y el acarreo de materiales de cantería para la construcción de esta monumental obra cuya capacidad se ha estimado en 6.000 espectadores. Muy pronto el edificio se convertiría en una pieza esencial del nuevo paisaje urbano y en el marco arquitectónico apropiado para la difusión de las ideas políticas y religiosas del propio Augusto (no es de extrañar que fuesen sus nietos y jóvenes príncipes, Caius y Lucius, los elegidos para el patronazgo de la obra). El aprovechamiento de la ladera rocosa permitió alojar en ella buena parte de las gradas inferiores y medias, mientras que las gradas superiores de los flancos se dispusieron sobre galerías abovedadas. Los 16 m de alzado que tenía la fachada escénica, debieron producir una efectista visión a quienes llegaran a la ciudad por mar, y no menos a los espectadores que desde su interior contemplaran el extraordinario programa ornamental que la decoraba. Un ingenioso sistema para la recogida de aguas captadas por el graderío facilitaba el drenaje de la orchestra, un espacio semicircular emplazado al pie de la cavea en el que se situaban las tres filas de los asientos de honor reservados a las autoridades. El aspecto de este importante edificio debió cambiar radicalmente tras los desplomes que experimentó como consecuencia de un incendio a finales del siglo II d.C. Los elementos arquitectónicos procedentes del frente escénico serían empleados más tarde en la remodelación de un nuevo espacio destinado a servir como plaza y mercado público, coincidiendo con la breve recuperación de la ciudad entre los siglos IV y V d.C. A mediados del siglo VI d.C. se instaló en el sitio un pequeño barrio comercial.
teatro romano teatro romano
altares de culto a las divinidades del estado romano detalle del relieve de altar detalle del relieve de altar detalle del relieve de altar
Cerro del Molinete (arx Hasdrubalis): desde el siglo II a.C. estaba organizado en terrazas ocupadas por construcciones públicas y privadas y en su cima se alzaban las murallas que defendían la ciudad y un templo. Con la renovación urbana del siglo I a.C. al pie de la colina se edificaron conjuntos tan emblemáticos para la vida pública como el foro con su templo dinástico y la Curia. Entre el puerto y el foro se dispusieron varias manzanas rectangulares y, en una de ellas, se construyó el que hoy se conoce como Barrio del Foro Romano formado por el Edificio del Atrio y un complejo termal dotado de una amplia plaza porticada (edificios muy probablemente regenteados por una o varias corporaciones semipúblicas). La plaza porticada, construida junto a las salas de baño a inicios del siglo I d.C., daba acceso al conjunto termal (el hecho de que el suelo sea de ladrillos dispuestos en espina de pez descarta su uso como palestra para actividades deportivas). A partir del siglo I d.C. esta plaza experimentó diversos cambios (fue ocupada por una taberna en el siglo II d.C.) hasta su abandono definitivo en el siglo IV d.C. El Edificio del Atrio, construido a finales del siglo I a.C. pudo ser sede de una corporación religiosa. Destinada a la celebración de banquetes rituales en honor a dioses de origen oriental, quizás Isis o Serapis, que pudieron recibir culto en un santuario adyacente. Un patio con columnas toscanas presidido por un pozo actuaba de distribuidor dando acceso a cuatro salas de banquetes. Estancias de servicio y tabernas comerciales completaban el edificio a cuyo segundo piso se accedía por una escalera situada en el patio. Con el tiempo este edificio experimentó diversos cambios (albergaba varias viviendas unifamiliares en el siglo III d.C.) hasta su abandono definitivo tras ser destruido por un incendio.
plaza porticada termas
Edificio del Atrio Edificio del Atrio
Edificio del Atrio Edificio del Atrio
Decumano de la Plaza de los Tres Reyes: se trata de una porción del trazado viario más importante de la ciudad, el que ponía en comunicación la zona portuaria con el foro. El vial se construyó en el siglo I d.C., aunque buena parte del enlosado que hoy se conserva corresponde al siglo IV d.C. Bajo él discurre una amplia cloaca que recibía los alcantarillados de los edificios próximos, entre ellos los de las termas y locales comerciales situados a uno y otro lado de la calzada. Que ésta era una de las principales arterias de la ciudad lo prueban su situación y el especial cuidado que se puso en rehabilitarla tras la larga crisis de los siglos II y III d.C. y durante la leve reactivación urbana llevada a cabo entre los siglos IV y V d.C. en la que volvieron a cobrar vida los sectores públicos más significados de la ciudad.
decumano decumano
La casa de la Fortuna: se trata de un conjunto de ámbito doméstico situado en el sector menos accidentado del recinto urbano, una localización que expresa la intención de sus primeros propietarios de establecer su residencia en un sitio acorde a su estatus social. Ornamentada según los gustos del momento, conserva la exquisita decoración pictórica de sus paredes y las composiciones geométricas de los pavimentos de sus habitaciones. Como es lógico, la pervivencia en el tiempo hizo que la casa fuera objeto de reformas en la distribución y uso de sus espacios, hasta el punto que en su fase final la apariencia de algunas de sus estancias debió diferir sustancialmente respecto de la que ofreció en el momento de su edificación (principios del siglo I d.C.). La disposición inicial de la planta de la casa fue concebida partiendo de un esquema que en lo esencial se ajusta a los patrones característicos de la arquitectura doméstica romana. Su acceso principal se encontraba enmarcado por dos gruesas jambas de caliza y un umbral del mismo material. La puerta, de dos hojas, tenía una anchura de un metro, y desde ella se accedía al atrio, concebido como la estancia principal de la casa, al que se abrían la mayor parte de las habitaciones. En la zona más alejada de la entrada se situarían las zonas reservadas al servicio interno de la vivienda, desaparecidas tras las reformas que experimentó la casa a mediados del siglo I d.C. Es en esta fase cuando se abrió una puerta trasera de ingreso a la que se le dispuso un pasillo, ganado a expensas de la vieja exedra, que no obstante conservó la inscripción fortvna propitia que hoy da nombre a la casa. En el siglo II d.C. las estancias próximas a la entrada secundaria quedaron independizadas del resto de la vivienda (se destinaron a la actividad artesanal). A finales de esta centuria la casa experimentó un severo declive, en coincidencia con la crisis generalizada, y que tuvo por resultado su abandono definitivo.
acesso principal calzada de acceso
mosaico mosaico
decoración pictórica decoración pictórica decoración pictórica decoración pictórica
Avgusteum: emplazado en el ángulo sur-oriental del foro, el lugar que acogía a los estamentos de poder que como capital administrativa correspondían a Carthago Nova, se localizó un edificio emblemático destinado a la difusión del culto imperial, la sede del collegium de seviros augustales. La importancia que esta corporación desempeñó en la vida cotidiana queda reflejada en la monumentalidad de los restos encontrados, un singular edificio cuya planta disponía de un pórtico de ingreso soportado por columnas, con dos ninfeos a sus lados, desde el que se accedía a una amplia sala. Adosadas al aula central, aunque con accesos independientes, se encontraban las dependencias reservadas a los sacerdotes encargados del culto. La riqueza ornamental del conjunto, aún visible en los pavimentos de mármol que decoran los suelos del pórtico y el aula central estuvo, como no podía ser de otro modo, a la altura del alto cometido asignado a este collegium, cuya sede debía ser un digno marco en el que venerar las imágenes de la familia imperial, garantes de la prosperidad de los ciudadanos.
augusteum augusteum augusteum
Muralla Púnica: localizada en el único punto de acceso terrestre que tenía la ciudad, entre los cerros Despeñaperros y San José, la muralla de Qart Hadash cumplía un doble cometido: defensivo y testimonio de pujanza. Se trata de un sistema de fortificación helenístico ampliamente difundido en todo el Mediterráneo compuesto por dos muros paralelos separados cinco metros entre sí (en su interior se disponían estancias destinadas a alojar a la guarnición que la defendía y sus pertrechos). El paramento externo fue construido íntegramente con grandes bloques de piedra arenisca local, mientras que el interno, menos necesitado de robustez, completaba buena parte de su alzado con adobes. La parte superior de la muralla disponía de una cubierta plana que hacía las funciones de camino de ronda y una especie de rampa o foso en el exterior para proteger tramos especialmente vulnerables. Los enlucidos de color blanco que se aplicaron sobre la piedra arenisca, además de protegerla frente a la meteorización, le conferían una vistosa apariencia.
muralla púnica muralla púnica muralla púnica
Calzada Romana del Bulevar José Hierro: se trata de un tramo de calzada de unos 50 m de longitud y 6 m de ancho construida siguiendo las técnicas de la época. Como obra de infraestructura urbana que fue, este cardo se enmarca dentro de la etapa de renovación urbana que experimentó la ciudad a principios del siglo I d.C.
calzada romana calzada romana
Museo Arqueológico Municipal: las dos plantas de la exposición permanente del museo se hallan dispuestas alrededor de una necrópolis paleocristiana, de finales del siglo IV d.C., que incluye sepulturas de variada tipología (su contemplación es posible desde cualquier punto del recorrido). El Museo posee además una importante colección de lápidas funerarias.
necrópolis paleocristiana de San Antón necrópolis paleocristiana de San Antón
lápida funeraria lápida funeraria
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