Monasterio
de San Juan del Duero (Soria): erigido por los
Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén
en el siglo XII. El claustro, del siglo XIII, posee
una gran variedad de arcos que reflejan un fuerte exotismo
oriental.
Claustro del Monasterio de Santo Domingo
de Silos (Santo Domingo de Silos – Burgos)
Cada
claustro tiene cuatro alas y cada una de ellas tiene una función
precisa. La más importante es la que está junto
a la iglesia, ya que tiene la función religiosa. La del
librario, dónde se guardaban los libros para la lectura,
tenía la función cultural-espiritual. La de la
sala capitular estaba relacionada con el gobierno del monasterio
y la del refectorio tenía más que ver con el cuerpo
que con el espíritu. Una de las características
fundamentales de la iconografía románica de los
claustros es la riqueza de la decoración de sus capiteles.
Colegiata
de San Martín (Elines – Cantabria):
construida a principios del siglo XII como iglesia de
un monasterio benedictino. Sarcófagos de dos caballeros,
uno con relieves en tres estilos: mozárabe, románico
y gótico.
La
iglesia era el edificio principal del monasterio. No solo era
la casa de Dios, sino que, además, representaba el cuerpo
místico de Cristo, por lo tanto era el lugar más
importante, era el sitio más ornado, el que tenía
los mejores materiales y el que estaba mejor construido.
Iglesia
de Santa María (Cambre – A Coruña)
: el monasterio fue fundado en el siglo
IX y la iglesia en el siglo XII.
Normalmente
se emplazaba en el lateral norte del claustro, entre otras cosas,
porque se trataba de la edificación más grande
y protegía de los vientos al resto del monasterio. La
iglesia era el único punto donde se juntaban los monjes
y los fieles en un monasterio, era el lugar donde se realizaba
la evangelización a través de los oficios religiosos.
Por su parte los fieles contribuían con sus limosnas
al sostenimiento de la comunidad cuando ésta había
perdido importancia y los favores del rey. En aquella época
había verdadero furor por las reliquias y una gran devoción
por los mayores santos y por las mejores reliquias.
Las vestimentas de los santos, los trozos de la cruz o la corona
de espinas de Cristo, las lágrimas de la Virgen y los
huesos de los santos martirizados eran objetos de culto y veneración
y lógicamente eran los tesoros más preciados que
tenían las iglesias.
Arqueta de marfil del siglo XI y el frontal
de Santo Domingo de Silos siglo XII (Museo Arqueológico
de Burgos)
El
número de peregrinos que acudían a un monasterio
estaba en relación directa con la fama y la importancia
de las reliquias y dado que el número de visitantes tenía
una relación directa con los donativos que se daban al
monasterio, todos competían por tener las mejores y más
famosas reliquias. Esto provocó un verdadero tráfico
de reliquias (muchas veces falsas) en aquella época.