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PENÍNSULA
IBÉRICA - ROMÁNICO |
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Portada de la Colegiata de San Isidoro de
León (León) |
| En
los monasterios se establecía un código moral
y espiritual que, normalmente, se hacía extensivo al
poblado que estaba en su entorno, una sociedad desorganizada
y analfabeta que incluía a los señores, a los
siervos y a toda la sociedad. |
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Ermita
de la Virgen del Salvador (Santibáñez de
Esgueva - Burgos): el aspecto más destacado
de su decoración es la constante reiteración
de un tema específico: el de la sirena de tosca
cabellera con doble cola. |
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| A
pesar de la riqueza de los monasterios, a los monjes se les
exigía vivir en la pobreza, se les exigía estar
al servicio de la caridad (el monasterio era el centro donde
se atendía a los pobres y enfermos). Si bien es cierto
que el comercio era necesario para el avance de las ciudades,
en los monasterios se predicaba contra los excesos en los precios
(el comercio abusivo) y sobre todo contra el préstamo
con usura, ya que ambos ponían en peligro el bienestar
de las gentes. |
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Colegiata
de Santa María (Castañeda - Cantabria):
en el siglo XII el monasterio fue entregado a Cluny y
décadas más tarde se convirtió en
colegiata Agustina. |
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| En
los sermones y en los capiteles se atacaba preferentemente y
frontalmente a la figura del usurero, personaje que empobrecía
a los habitantes de los poblados a partir del préstamo
de dinero. En realidad no solamente atacaban al usurero por
razones religiosas, más bien los atacaban por motivos
de poder, ya que el usurero en la ciudad, con la cantidad de
dinero que acumulaba, se convertía en un importante centro
de competencia material. |
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Iglesia
de Santa María la Real (Sangüesa – Navarra):
tiene su origen en la Peregrinación y en el puente
que, para facilitarla, se construyó sobre el río
en el siglo XI. Se representa a San Miguel pesando las
almas y al demonio desequilibrando la balanza, quienes
no consiguen superarla aparecen desnudos y rodeados de
monstruos. |
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| Dentro
de las representaciones fantásticas de las portadas románicas
no faltan representaciones de los marginados, de los seres temibles
o de lo desconocido. En los beatos el negro es la bestia, el
diablo que fue atado y enjaulado por un ángel y arrojado
a un abismo del que tardaría mil años en salir
(mil años habían pasado después del nacimiento
de Cristo y el cristianismo estaba bajo la amenaza del Islam).
El diablo era tan real en el cristianismo medieval que se le
percibía directamente a través de los sentidos,
se le podía ver, se le tocaba, se le oía, o daba
sus diabólicos consejos directamente en la oreja. |
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El
Juicio Final (Beato de San Andrés del Arroyo) |
| En
el románico no cesaban las representaciones de la lucha
del bien contra el mal. El tema clásico más representado
era el de Hércules o Sansón desquijarando al león
(el mal “el Islam” para la iglesia). La auténtica
representación del bien le correspondía a San
Miguel Arcángel que, por su fidelidad a Dios, era el
encargado del pesaje de las almas (a su lado siempre se representaba
al diablo haciendo trampas para tratar de llevarse el alma a
su molino). Es este papel de mediador ante Dios el que le da
a San Miguel Arcángel la gran importancia que tenía
en las representaciones del románico. Por eso el tema
del pesaje de las almas, con el diablo que está al lado
de la balanza haciendo trampas, se repite gran cantidad de veces.
En la representación de los beatos la apoteosis del Apocalipsis
era el Juicio Final, la selección definitiva dónde
los condenados y pecadores iban al infierno atravesando la boca
tremenda de leviatán y a los justos les esperaba la resurrección,
la salvación y la llegada a la Jerusalén celeste. |
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