Resulta
casi milagroso que después de diez siglos las arcadas
de los pórticos permanezcan todavía en pie. Esto
ha sido posible gracias a la maestría de la tecnología
románica que estaba basada en la observación de
las obras públicas romanas, sobre todo los puentes, y
en la experimentación posterior que cada maestro llevaba
a cabo en cada una de sus obras. De esta manera, cada maestro
de obra iba acumulando unos conocimientos arquitectónicos
y una práctica que guardaba en secreto, por eso se dice
que “cada maestrillo tenía su librillo”.
Las iglesias que han sobrevivido son las que estaban mejor construidas,
otras se han caído. Muchos de los primeros arcos se caían
porque el empuje que debían soportar no estaba contrarrestado.
De este error aprendieron los maestros posteriores, y una de
las primeras cosas que desarrollaron fue el contrafuerte que
permitía que no se les abriesen los muros. El contrafuerte
es sin dudas la gran aportación de los maestros del románico,
ya que no solo modula la iglesia, sino que también la
sujeta.
Iglesia
de Santa María (Artíes – Lleida)
El
maestro y su cuadrilla, que las más de las veces eran
sus familiares (canteros, albañiles y carpinteros) iban
de obra en obra (contrataban una obra, la hacían, la
cobraban y se iban a otra parte).
Parroquial (Villasayas – Soria)
Para
su desgracia y para nuestra ignorancia, la mayor parte de los
maestros han permanecido en el anonimato (hay algunas escasas
excepciones en las que firmaron su obra).
Iglesia de Sant Andreu (Salardú –
Lleida)
Después
del maestro de obra los canteros eran las personas más
importantes ya que se encargaban de tallar las piedras y de
adornar los capiteles, las basas y las arquivoltas.
Iglesia
de Nuestra Señora del Val (Atienza – Guadalajara):
arquivolta sujeta por diez saltimbanquis con bonetes.
Iglesia de Nuestra Señora de los
Ángeles (Fuentesauco – Soria)
Además
de las huellas del hacha, los canteros solían dejar su
firma en cada piedra que tallaban, son las llamadas marcas de
cantero. A esto algunos le han dado una explicación cabalística,
nada más alejado de la realidad. El cantero pretendía
que se supiera cuantas piedras había labrado para después
poder cobrarlas.