En el románico todos los pueblos que nacieron al calor
de la Reconquista construyeron sus iglesias al estilo de la
época. Si bien los promotores eran los monasterios y
nobles cercanos a las tierras, eran las leyendas y las reliquias
las que al finalmente justificaban la construcción de
los templos. Los sacerdotes locales se ocupaban de movilizar
a las gentes para que aportaran el dinero, el trabajo e incluso
los materiales.
Iglesia
de Santa Coloma (Albendiego – Guadalajara):
Su cabecera plenamente románica es de lo más
exquisito del arte altomedieval castellano y español.
Cada vano está formado por bellísimas celosías
de gusto oriental con variedad de trazados.
Iglesia
de Santa María del Rivero (San Esteban de Gormaz
– Soria): fue erigida entre los siglos
XI y XII. Los capiteles son de temática originalísima:
abundan en ellos los personajes vestidos con kaftán
y turbante.
La
iglesia es la casa de Dios y el lugar donde se reúne
todo el pueblo para el culto, por este motivo la iglesia era
el mejor edificio del pueblo: el más sólido, el
más lujoso y el más ornamentado. Cada pueblo o
aldea, cuando edificaba su iglesia, hacía grandes esfuerzos
para conseguir que la suya fuera la mejor.
Iglesia
de San Miguel (San Esteban de Gormaz – Soria):
la inscripción en el libro que exhibe un monje
en uno de los canecillos ha servido para fijar la fecha
de su conclusión: 1081 ó 1111, según
se lea. La galería consta de siete arcos.
Una
vez que el pueblo había tomado la decisión de
construir el templo, lo primero que hacían era buscar
y contratar a un buen maestro de obras, que fuera asequible,
y localizar la cantera más cercana para evitar gastos
inútiles (el transporte se realizaba a través
de carros tirados por mulas o carretas de bueyes y podía
ser muy costoso y lento si la cantera estaba muy alejada de
la obra). La mejor cantera posible era una buena ruina romana
situada en las cercanías (suministraba materiales abundantes
y económicos).