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PENÍNSULA
IBÉRICA - REINO VISIGODO |
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LOS ACONTECIMIENTOS EN HISPANIA
DURANTE EL SIGLO V d.C.
Durante la primera década del siglo V d.C. cabe destacar
la figura del usurpador Constantino III quién, tras nombrar
César a su hijo Constante, lo envió junto con
el general Geroncio a someter Hispania, dónde lograría
derrotar a un ejército de siervos y campesinos que los
familiares del emperador Honorio habían armado a sus
expensas. Tras reorganizar la defensa de los pasos pirenaicos
Constante regresó a la Galia, pero las tropas de Geroncio,
en lugar de vigilar las fronteras se dedicaron a saquear la
Tierra de Campos, lo que permitió que los bárbaros
invasores penetraran en Hispania en el año 409 d.C. Una
vez aquí, alanos, vándalos y suevos pasarían
a las zonas más occidentales de la Península,
donde durante dos años según Hidacio "saquearon
y mataron sin piedad", dando lugar a escenas apocalípticas.
Mientras tanto, en la Tarraconense, Geroncio se rebelaba contra
Constantino III, proclamando emperador a un doméstico
suyo, Máximo, que establecería su sede en Barcelona.
La segunda década del siglo V d.C. estuvo marcada por
la figura del general Flavio Constancio, que se puso al frente
de lo que quedaba del ejército imperial y en dos años
consiguió desembarazarse de todos los usurpadores que
habían surgido en la parte occidental del Imperio. Gracias
a él, Honorio pudo recuperar bajo dominio imperial casi
toda la Galia y buena parte de Hispania. Cabe destacar también
el uso que hizo de las tropas godas de Ataulfo contra los bárbaros
invasores y su instalación como federados en el corazón
de la Galia, dando lugar al regnum de Tolosa, lo que
finalmente sellaría el destino del Imperio Romano de
Occidente. Ataulfo se casaría con Galla Placidia, la
hermana del emperador Honorio, a la que mantenía como
rehén. Dada su posterior enemistad con el emperador,
tuvo que refugiarse en Hispania (Barcelona), dónde moriría
asesinado.
Constancio llegó a un acuerdo con Valia, el nuevo caudillo
de los godos, que le devolvió a Placidia, recibiendo
el encargo de combatir a los bárbaros que se habían
repartido Hispania: los alanos se habían establecido
en las provincias de la Lusitania y Carthaginense, los vándalos
silingos en la Bética, los vándalos asdingos en
la Gallaecia interior y los suevos en la parte occidental de
esta misma provincia, junto al océano. Los godos casi
exterminaron a alanos y silingos. Los supervivientes se unieron
a los asdingos, de manera que a partir de entonces su jefe pudo
titularse rex Vandalorum et Alanorum. En el año
418 d.C., antes de rematar la tarea encomendada, los godos fueron
reclamados en la Galia y se asentaron como federados en la cuenca
del Garona estableciendo su capital en Tolosa. Constancio se
casó con Placidia y consiguió el título
de Augusto poco antes de morir. Tras la muerte de Honorio su
hijo Valentiniano III se convirtió en el último
emperador de la dinastía fundada por Teodosio.
Poco después de la marcha de los godos estalló
el conflicto entre suevos y vándalos. Se produjo entonces
la intervención romana contra los vándalos, que
fueron atacados por el comes Hispaniarum Asterio, librando
a los suevos del cerco al que estaban sometidos; y por el gobernador
Maurocello, que hizo que los vándalos dejaran de sitiar
Braga (la capital sueva).
Los vándalos pasaron a la Bética, lo que motivó
el envío del generalísimo Castino desde Italia
para combatirlos. Éste contaba con el apoyo de tropas
auxiliares godas que, en el momento de la victoria lo traicionaron,
por lo que tuvo que huir a refugiarse a Tarragona. En los años
siguientes los vándalos se dedicarían a saquear
la Carthaginense, y con los navíos de sus puertos se
permitieron piratear en las Islas Baleares, tomar Cartagena
y Sevilla, e incluso realizar una incursión en el norte
de África.
La figura indiscutible del segundo cuarto del siglo V d.C. fue
el general Flavio Aecio, que con una tropa de auxiliares hunos
contuvo las veleidades de revuelta de burgundios y godos, sujetando
a la obediencia romana a la totalidad de los pueblos bárbaros
instalados en la Galia. Sin embargo, su lucha por el poder le
costaría al gobierno imperial la pérdida del Norte
de África, dónde los vándalos establecieron
un reino prácticamente independiente y con una fuerza
naval poderosa que les permitiría convertirse en los
dueños del Mediterráneo Occidental. En esa época
también los suevos lograron afirmarse en el Noroeste
de Hispania, pues pese a la resistencia de una parte de la población
de la Gallaecia, consolidarían su dominio y se expandirían
hacia el sur, pasando a dominar la Lusitania e incluyendo las
provincias Bética y Carthaginense en su zona de influencia.
Pasados cinco años del inicio de la expansión
sueva Aecio decidió tomar cartas en el asunto y envió
al general Vito para intentar recuperar las provincias Bética
y Carthaginense, pero ante la llegada del rey suevo con su ejército,
tuvo que retirarse. Mientras tanto tampoco la Tarraconense permanecería
en paz ya que el gobierno imperial tuvo que enviar al valle
del Ebro a los generales Asturio y Merobaudes para combatir
a los bagaudas, un movimiento de rebelión de
campesinos agobiados por el fisco.
El poder de los suevos en Hispania llegó a su apogeo
en el 449 d.C., cuando el rey Rechiario estableció un
tratado con los godos que fue sellado mediante su matrimonio
con una hija del rey godo Teodorico. El viaje de ida a Tolosa
para celebrar la boda fue aprovechado para saquear el país
de los vascones; mientras que en el viaje de vuelta devastaría
el entorno de Zaragoza, descendiendo luego por el valle del
Ebro hasta tomar Lérida. Para ello pudo aprovecharse
del descontrol que habían provocado las andanzas de un
tal Basilio, que había reagrupado a los bagaudas
y había atacado Tarazona, matando a su obispo León
y a los federados (godos ?) que lo defendían.
Durante dos décadas los hunos habían atacado y
extorsionado con éxito al Imperio de Oriente mientras
que sus tropas sostenían al generalísimo Aecio
en Occidente. Atila logró unificar el mando de los hunos
y decidió cambiar de estrategia y atacar Occidente, comenzando
por la Galia, con lo que las alianzas tuvieron que cambiar.
Aecio lograría convencer a los godos para que luchasen
a su lado en la "batalla de las Naciones", que tuvo
lugar el 20 de junio del 451 d.C. en los Campos Catalaúnicos,
y que sería así llamada porque en el bando romano
combatieron, además de los godos, la totalidad de los
pueblos bárbaros asentados en la Galia, mientras que
junto a los hunos lucharon los gépidos y el resto de
las gentes de la Europa Oriental sometidos a su dominio. La
diosa Victoria sonreiría al bando romano, pero dado que
el rey godo murió en el combate, Turismundo, su hijo
y sucesor, tuvo que regresar rápidamente a Tolosa, con
lo que los hunos no sufrieron un grave quebranto. Al año
siguiente Atila invadiría Italia, pero dado que el emperador
de Oriente envió refuerzos a Aecio y amenazó con
atacar las bases hunas de los Cárpatos, los hunos tuvieron
que retirarse, muriendo Atila poco después. En la Península
Ibérica, Aecio volvió a enviar una legación
a los suevos, para restablecer la paz en la Tarraconense y delimitar
las respectivas zonas de influencia: a los suevos se les reconocería
el dominio sobre toda la antigua Gallaecia y la Meseta Norte,
así como la totalidad de la Lusitania y la parte occidental
de la Bética.
Poco después, los hermanos del rey godo, Teodorico y
Frederico, mataron a Turismundo y se hicieron con el poder.
Frederico vino a Hispania para masacrar a los bagaudas
tarraconenses ex auctoritate romana, esto es siguiendo
las órdenes de la corte imperial de Rávena. Ese
mismo año el propio emperador Valentiniano mató
a Aecio durante una audiencia en palacio, lo que poco después
le costaría la vida, ya que Aecio fue vengado por dos
miembros de su séquito guerrero. En la confusión
que siguió al asesinato de Valentiniano, los vándalos
volvieron a saquear Roma y el rey godo Teodorico II aprovecharía
para proclamar emperador a Avito, el personaje más influyente
de la aristocracia romana del sur de la Galia, que vio la ocasión
de tomar las riendas del Imperio apoyándose en los federados
godos y burgundios.
Los suevos de Hispania también aprovecharían la
ocasión para atacar las provincias Carthaginense y Tarraconense,
en un intento de apoderarse de toda Hispania. La reacción
goda no se hizo esperar, y con la ayuda de los burgundios y
"siguiendo las órdenes del emperador", derrotaron
a los suevos junto al río Órbigo. Luego saquearon
Braga, su capital, y capturaron y mataron al rey, con lo que
el reino de los suevos quedó "destruido y acabado". |
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Fortaleza Visigoda de Tedeja (Trespaderne
– Burgos): período de ocupación
de los siglos III al X. |
Aprovechando
que los protectores de Avito estaban ocupados en Hispania, Ricimero,
el comandante de las tropas de Italia, acabó con la vida
del emperador y nombró en su lugar al general Mayoriano
(la política de Ricimeno tenía como objetivo principal
la eliminación de la amenaza vándala). Al recibir
la noticia de la muerte de Avito, Teodorico II, que estaba atacando
Mérida, regresó a la Galia a toda prisa (las tropas
que le seguían aprovecharon para saquear Astorga y Palencia).
Se inició así en Hispania una época aún
más confusa en la que diversos caudillos suevos lucharon
entre sí por el poder, y contra los provinciales: la
Lusitania, el Valle del Duero y la zona de Lugo fueron saqueados
en diversas ocasiones. También los godos enviarían
a su ejército a las provincias Bética y Gallaecia
para combatir a los suevos; aunque ahora estas tropas estaban
comandadas por militares romanos como Nepociano y Arborio, expertos
en el arte de tomar ciudades amuralladas. Así, mientras
que en la primera mitad del siglo V d.C. la devastación
de los bárbaros invasores solía quedar restringida
a las campiñas, ahora las ciudades serían tomadas
al asalto, produciéndose un agravamiento de las condiciones
de vida de los hispano-romanos.
Con la noticia de la muerte de Avito, toda la Galia se rebeló,
negándose a acatar la autoridad de Mayoriano, el nuevo
emperador impuesto por Ricimeno. Sin embargo Egidio, comandante
de las tropas romanas del norte de la provincia, intervino ante
sus federados francos en favor de su antiguo camarada, derrotando
a los godos y burgundios y obligándolos a entrar en razón.
Mayoriano tras imponerse en las Galias pasó con su ejército
a Hispania para organizar una expedición contra los vándalos,
pero éstos, que debían contar con una buena red
de espionaje, se apoderaron en los puertos carthaginenses de
la flota preparada para combatirlos. Tras el fracaso de Mayoriano,
Ricimeno decidió su eliminación, lo que ocasionaría
que Egidio se rebelase en la Galia, donde el caos fue total.
Ricimeno consintió en nombrar a un oriental, Procopio
Anthemio, como emperador para que la corte de Constantinopla
le ayudara en su empeño de conquistar África,
llegándose a organizar una expedición conjunta
que se saldaría con un nuevo revés.
También en Hispania reinaría la anarquía
al continuar la lucha cruzada entre las diversas facciones suevas,
los godos y los hispano-romanos , hasta que finalmente Remismundo
logró imponerse como único caudillo suevo. En
el año 466 d.C. el ambicioso Eurico mató a su
hermano, el rey godo, se hizo con el poder y rompió el
tratado que unía a los godos de Tolosa con el Imperio.
Si bien Eurico tuvo que enfrentarse tanto en la Galia como en
Hispania con sendas coaliciones instigadas por Anthemio en su
contra, decidido a imponer la supremacía goda tanto en
Hispania como en la Galia, atacó a los suevos con un
fuerte ejército, tomando Mérida en el 469 d.C.
(los provinciales hispano-romanos nuevamente sufrirían
la violencia de las tropas).
Aprovechando el enfrentamiento surgido entre Anthemio y Ricimeno
tras el fracaso de la expedición contra los vándalos,
Eurico emprendió la conquista simultánea de la
Tarraconense y de la Auvernia, para lo cual no dudaría
en poner al frente de sus ejércitos a miembros de la
aristocracia provincial romana, aprovechando las diferencias
existentes en el seno de la nobleza local.
El dominio romano sobre la provincia Tarraconense era un estorbo
para Eurico ya que formaba una cuña entre sus posesiones
gálicas y las provincias hispanas que estaban en su poder.
En el año 472 d.C. penetraron en Hispania dos ejércitos
godos que efectuaron una maniobra envolvente sobre el Valle
del Ebro: una columna avanzó desde Pamplona hasta Zaragoza,
la otra, comandada por el dux hispano Vincencio, tras
tomar Tarragona sometió el resto de las ciudades costeras.
Tras la muerte de Anthemio, Ricimero, y del nuevo emperador,
Glicerio, Eurico estableció un nuevo tratado con el Imperio
de Occidente que reconocía sus conquistas en Hispania
y en la Galia. El emperador era entonces Julio Nepote, un oriental
que se había hecho recientemente con el poder a partir
del apoyo de la corte de Constantinopla y de quien se decía
(refiriéndose a Eurico) que "se contentaba con ser
llamado amigo por quien debiera tratarlo como señor".
Ese mismo año, Orestes, un general panonio que había
llegado a ser secretario personal de Atila, se rebeló
contra Nepote y nombró emperador a su hijo Rómulo,
que tan solo era un muchacho, por lo que todos le apodaron Augustulo
“emperadorcito”.
En aquel tiempo había en Italia numerosas tropas bárbaras,
en su día sometidas a los hunos, que habían venido
para luchar en la guerra entre Anthemio y Ricimeno. Estos soldados
se sentían discriminados por el ventajoso estatuto económico
del que gozaba el ejército regular, que era el mismo
que en su día se había otorgado en la Galia a
los federados godos y burgundios, por lo que solicitaron a Orestes
el mismo trato, aunque fue en vano. Entonces, el 23 de agosto
del año 476 d.C., estos soldados proclamaron rex
a su general, un príncipe llamado Odoacro, decapitaron
a Orestes y retiraron a Rómulo de la vida pública,
asignándole una pensión anual. Odoacro envió
las insignias imperiales de Occidente al emperador Oriental
y, a partir de ese momento, el emperador Bizantino quedó
como única autoridad imperial. Entretanto, los godos
aprovecharon la ocasión para cruzar el Ródano
y ocupar el resto del sur de la Galia, hasta los Alpes. |
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Murallas
y cisterna de la Alcazaba de Mérida (Mérida) |
Apenas
se conoce nada respecto de lo que pasó en Hispania durante
el último cuarto del siglo V d.C. Cabe pensar que Eurico
emprendería tareas de reorganización de los territorios
conquistados pues, a modo de ejemplo, la inscripción
fechada en el año 483 d.C. celebra la reconstrucción
del puente y las murallas de Mérida por el dux
Salla.
Al año siguiente el Caudillo de los godos moriría
de causas naturales y su hijo Alarico II sería nombrado
rex. Poco después los francos de Clodoveo ocuparon
el regnum romano que Siagrio, el hijo de Egidio, había
logrado mantener en el Norte de la Galia y, a partir de ese
momento, los godos de Tolosa tuvieron que hacer frente al nuevo
expansionismo franco. Entretanto el emperador oriental encomendó
a los ostrogodos de Teodorico la reconquista de Italia. En el
año 490 d.C. el ejército de los godos tolosanos
acudió en ayuda de Teodorico en su lucha contra Odoacro,
que finalmente fue vencido tres años mas tarde. Una vez
en el poder, el monarca ostrogodo intentó mantener el
statu quo en la Galia mediante una política
de alianzas matrimoniales que ligaría entre sí
a francos, burgundios, ostrogodos italianos y godos tolosanos.
Por esas fechas el dominio efectivo de los francos de Clodoveo
alcanzó la línea del Loira, lo que pudo motivar
que una parte de los godos pasara a Hispania y se asentara en
las ciudades de la Tarraconense. Una vez aquí los godos
tuvieron que combatir los disturbios causados por la tiranía
de Burdunello, sin que se sepa muy bien quién fuera este
personaje (un magnate local que ofreció resistencia al
asentamiento gótico, un dux godo rebelde o un
nuevo caudillo bagauda). Sea cual fuere el caso, tras
ser traicionado por los suyos y ser llevado a Tolosa por los
godos, Burdunello recibió un castigo ejemplar (fue quemado
vivo en el interior de un toro de bronce). En el año
506 d.C. los godos aún tendrían que sofocar en
la zona costera de la Tarraconense la sublevación de
otro tirano llamado Pedro, que al final también fue ejecutado,
enviándose su cabeza a Zaragoza. |
CONCLUSIÓN
A finales del siglo V d.C., el Imperio Romano de Occidente había
sido sustituido por una serie de regna germánicos.
Tres de ellos: el de los ostrogodos de Teodorico en Italia,
el de los francos de Clodoveo en la Galia y el de los godos
tolosanos de Alarico II en la Galia e Hispania constituirían
el modelo y precedente de los futuros reinos medievales europeos.
En el año 506 d.C. Alarico II tomó dos iniciativas
en los campos legislativo y eclesiástico que marcarían
el transcurso de los siglos venideros y que supondrían
además la emancipación definitiva de los godos
tolosanos de la autoridad del emperador bizantino. Por un lado
intentó integrar a los provinciales en la estructura
del estado godo promulgando un código legal destinado
a la población romana del reino tolosano: el Breviarium
Alariciani o “Ley romana de los godos”. Por
otro, convocó un concilio romano-provincial de los obispos
católicos de la Galia, en el que se estableció
la celebración de un nuevo concilio al año siguiente
en Tolosa, en el que los obispos de Hispania también
estarían presentes.
Sin embargo, los francos frustrarían estos planes: Clodoveo
provocó a los godos tolosanos, aprovechándose
de un momento de debilidad de su estructura militar, y éstos
cayeron en la trampa. Ambos ejércitos se enfrentaron
en la batalla de Vogladum (Vouillé, cerca de
Poitiers): Alarico II moriría en el combate y el reino
de Tolosa sería destruido.
Pese a este serio revés, los godos tolosanos, que a partir
de ese momento serían conocidos como visigodos, trasladaron
su regnum a Hispania y, tras un corto período
en el que se mantuvieron bajo el protectorado ostrogodo, establecieron
su capital en Toledo a mediados del siglo VI. |
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