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PENÍNSULA  IBÉRICA  -  PRERROMÁNICO

REINO CRISTIANO DE ASTURIAS

El escenario geográfico donde va a nacer el Reino Cristiano de Asturias ocupa una larga y estrecha franja desde Galicia al País Vasco y desde la cordillera Cantábrica al mar. Estos pueblos del norte presentaban unas características sociales, económicas y culturales definidas globalmente por su arcaísmo y primitivismo, muy distintas de las que los romanos habían extendido entre el resto de los grupos étnicos peninsulares. Eran sociedades de organización gentilicia, en las que el principal elemento que daba unidad a sus miembros, agrupados en grandes clanes, eran los lazos sanguíneos (la pertenencia a un mismo linaje). Ocupaban regiones formadas por altos montes y profundos valles con importantes zonas boscosas, en las que practicaban una economía basada en la ganadería y en la recolección de frutos del bosque, a la que a veces se unía una primitiva explotación agrícola. En cuanto a la cultura, se mantuvieron en un estadio bastante primitivo, fieles a sus cultos paganos, sin que elementos de la cultura romana o de la religión cristiana llegasen a penetrar en sus estructuras.

Pelayo (718 al 737): después de que un ejército procedente del norte de África cruzara el Estrecho de Gibraltar en dirección a la Península Ibérica en el 711, y se produjera la caída del Reino Visigodo de Toledo, se inicia una resistencia contra el Islam protagonizada por un foco rebelde asturiano dirigido por Pelayo, un jefe astur elegido en el 718 en una asamblea compuesta por la aristocracia indígena y algunos nobles visigodos refugiados. Esta rebelión, en realidad, es continuadora de la resistencia ofrecida contra el Reino Visigodo de Toledo en el siglo VII, al negarse a todo intento de imposición de tributos y formas institucionales de dominación territorial. De este modo da inicio un creciente rechazo de la población cántabro-astur a las imposiciones de los musulmanes (la rebelión no tenía interés en restaurar la monarquía toledana en el territorio cántabro-astur, solo el defender sus territorios invadidos), situación que se desarrolla en el marco de una sociedad carente de núcleos urbanos de entidad, con una cristianización muy débil y en la que existían, aún en pleno siglo VII, prácticas paganas autóctonas.
La victoria en el 722 de éste foco rebelde sobre una expedición de castigo de al-Andalus, en las cercanías de Covadonga, es posible que significara la consolidación de la rebelión y del nuevo caudillaje de Pelayo. Si bien, según las crónicas, esta victoria no tendría mayores repercusiones entre las autoridades musulmanas (la Crónica Mozárabe redactada en 754, y la Crónica Bizantina-Arábiga de 741, no mencionan esta derrota musulmana) permitió a Pelayo el establecer su corte en Cangas de Onís e iniciar la lenta creación de un ideal que se materializaría años más tarde, en la corte de Alfonso II, la restauración del antiguo Ordo Gothorum del Reino de Toledo, tanto en lo político como en lo religioso. Por lo tanto, la sublevación de los cántabro-astures no tenía en principio, ningún objetivo de “reconquista” ni pretendía la restauración de un nuevo orden semejante al del Reino Visigodo de Toledo y sí representaba el rechazo a los impuestos fiscales que pretendían imponer los musulmanes. De todas formas las crónicas de Alfonso III recogen el proceso de cristianización subsiguiente, reinterpretando y magnificando, en forma de leyenda, la victoria de Pelayo. A la muerte de Pelayo, en el 737, le sucede su hijo Favila.

Alfonso I (739 al 757): a Favila le sucede su cuñado Alfonso I. Hijo del duque de la Cantabria visigoda y vinculado, por tanto, con la extinta alta nobleza del Reino Visigodo de Toledo, introducirá un giro político clave en la corte del naciente Reino Astur. Su elevación al poder coincide con una profunda crisis interna surgida en el Islam peninsular, hecho que crea un clima político y militar favorable en el naciente reino. En este contexto se propician expediciones por la meseta del río Duero, se aseguran vías de comunicación con el valle del río Ebro y se emprenden incursiones bélicas a la región más septentrional de Galicia. Esta política de expansión propició, además, la emigración de cristianos procedentes del valle del río Duero a zonas del norte elevando demográficamente el inicial grupo cristiano de resistencia. Entre estos cristianos emigrados se encontrarían nobles, clérigos e individuos que, por su rango, influirían decisivamente en la potenciación de las instituciones de la iglesia y del estado astur.

Fruela I (757 al 768): su acceso al poder coincide con el afianzamiento de Abd al-Rahman en al-Andalus y con los problemas derivados de la nueva composición interna del reino heredado de su padre (que ahora incluye las regiones de Galicia y Vasconia). La alianza con la aristocracia de los vascones le permite abrir un período de relativa paz tras frenar las incursiones musulmanas en Galicia y en Álava en el 766 (victorias que además permiten un avance expansivo sobre el sur de Galicia). Fruela I establece su corte en Ovetao (Oviedo) por razones de táctica militar.

Aurelio (768 al 774): a la muerte de Fruela I le sucede su primo Aurelio, quién tendrá un breve reinado y, según las crónicas “no hizo guerra alguna porque tuvo paz con los árabes”. En efecto, su reinado se caracteriza por la paz con el emir de Córdoba Abd al-Rahman I, si bien tendrá que afrontar la gran tensión social creada en el Reino Astur por la sublevación de siervos y libertos (finalmente los sometió nuevamente a su status).

Silo (774-783): a la muerte de Aurelio le sucede Silo, miembro de la aristocracia indígena casado con Adosinda (hija de Alfonso I). Su reinado estará presidido por la no beligerancia con los musulmanes, siendo una de las causas primordiales el que Adb al-Rahmán I tuviera que hacer frente a rebeliones internas. El rey astur solo tiene que hacer frente a la revuelta de la zona galaica, a la cual somete en Monte Cupeiro (proximidades de Lugo). Silo traslada la corte a Pravia.

Mauregato (783-788): a la muerte de Silo, Adosinda y los magnates de la aristocracia alzan al poder a Alfonso II, hijo de Fruela; no obstante, la extrema juventud del nuevo rey provoca una fuerte oposición dirigida por Mauregato, quién accede al trono. Su reinado está libre de enfrentamientos con al-Andalus pero, en su transcurso, se extiende la herejía del adopcionismo y se produce la separación de la iglesia asturiana de la de Toledo.
Paralelamente surgen las primeras menciones a la evangelización de la Península por parte de Santiago el Mayor, que serían recogidas en el Tractatus Apologeticus de Beato, libro que alcanzaría elevada difusión en los años finales del siglo VIII. Surge en esta época la figura, ya mencionada, del presbítero Beato, monje y abad de un monasterio dedicado a San Martín, en Torieno, llamado después Santo Toribio (Valle de Liébana).

Vermudo I (788 al 791): muerto Mauregato accede al trono Vermudo, hijo de Fruela, hermano de Alfonso I. La situación política experimenta un cambio radical con la subida al poder en Córdoba de Hisham I, que envía expediciones a los reductos cristianos del norte como reacción a los avances cristianos. La derrota de las tropas de Vermudo en la zona del Bierzo provoca su abdicación accediendo al trono un nuevo rey: Alfonso II.

Alfonso II (791 al 842): su largo reinado será decisivo para el afianzamiento y consolidación del Reino Asturiano. Entre el 794 y el 795, tuvo que enfrentarse a una fuerte penetración musulmana que alcanzó Ovetao, la nueva sede regia a la que había trasladado su corte (en su retirada Alfonso II les inflige una fuerte derrota). Si bien las incursiones se repiten al año siguiente, resultan infructuosas en su objetivo de detener al rey. Alfonso II reorganiza política y administrativamente su reino a partir de un programa político que quedaría materializado fundamentalmente en la consideración de la nueva sede regia de Ovetao como sede episcopal, y en la celebración, en la misma, de un Concilio que supuso la reestructuración de la disciplina interna del nuevo Reino Asturiano. Durante su reinado surge la leyenda del descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago cerca de Iria Flavia. Este hecho motiva el patronazgo de Santiago el Mayor por parte de la monarquía asturiana, que levanta en el año 829 una iglesia de fundación real en su honor (en el lugar conocido como Campus Stellae, actual Santiago de Compostela).

Ramiro I (842 al 850): a la muerte sin hijos de Alfonso II, accede al trono Ramiro I, hijo de Vermudo I. Durante su reinado tendrá que enfrentarse a varias revueltas internas (la del noble Nepociano y, posteriormente la de los condes Aldroito y Piniolo) y externas (se enfrenta a los normandos en el 843, en las costas de Gijón y de La Coruña). La Crónica Albeldense califica a Ramiro de “vara de la justicia” ya que erradica el bandolerismo, la hechicería y las prácticas mágicas; muy extendidas por la región en esos tiempos (estas circunstancias confirman la existencia de arraigadas prácticas paganas entre las clases bajas de la sociedad). Respecto a las relaciones con el Islam, el reinado de Ramiro I se caracteriza por ser una época de no beligerancia, circunstancias de relativa paz que propiciaron la repoblación de León, enclave estratégico de primer orden (aún así, en el 846, una penetración musulmana invadió el territorio leonés y puso sitio a la ciudad, saqueándola e incendiándola).

Ordoño I (850 al 866): a la muerte de Ramiro I accede al trono su hijo Ordoño (el primer rey que hereda el trono por sucesión directa). Éste se encuentra con un reino pacificado y con un ejército cuyos efectivos y organización se habían fortalecido extremadamente. Bajo su reinado se establecen lazos de unión y alianzas con la numerosa población mozárabe de al-Andalus y con los muladíes de Toledo y Mérida; circunstancias que fortalecen su reino ya que impiden expediciones musulmanas. Durante su reinado la expansión se puede dividir en dos etapas. En la primera, según relatan las crónicas, fortifica y repuebla ciudades desiertas de la meseta con gentes del Reino de Asturias y población mozárabe procedente del dominio musulmán (Tuy y Astorga en el 854, Amaya en el 860 y León en el 856). En la segunda, tras la batalla de Albelda del año 859, en la que se enfrenta y derrota al poderoso Musa ibn Musa, repuebla la zona sur y oriental de la cordillera cantábrica y asegura la zona oriental del Reino Astur gracias a las buenas relaciones adquiridas con el Reino de Pamplona. En el año 865 Muhammad emprende una incursión bélica contra el Reino de Asturias derrotando a las tropas de Ordoño dirigidas, en esta ocasión, por el conde castellano Rodrigo. Esta derrota supuso un freno a la repoblación de la meseta castellana, tarea que tuvo que proseguir su hijo Alfonso III.

Alfonso III (866 al 910): muerto Ordoño I accede al trono su hijo Alfonso III el Magno que contaba con dieciocho años. Su reinado constituirá la consolidación y el fortalecimiento del Reino de Asturias que pasa a ocupar una posición destacada en la geografía política de la Península. Si bien tras su toma de posesión como rey, Alfonso III es depuesto por el usurpador gallego conde Froila Vermúdez, al poco tiempo recupera el trono merced a la ayuda del conde castellano Rodrigo y parte de la nobleza que le es fiel. En política exterior Alfonso III continúa la labor de conquista y repoblación iniciada por su padre: ocupa y repuebla parte del norte de Portugal y el territorio comprendido entre los ríos Miño y Duero. En lo que al territorio castellano se refiere, mantendría una alianza con los rebeldes Beni Qasi, muladíes del río Ebro, y con Ibn Marwan, de Mérida. Ello propiciaría que el despliegue de Córdoba para detener el avance de Alfonso III se muestre infructuoso (Muhammad I sufre una fuerte derrota en Polvoraria en el 879 y, en el 883, el ejército cordobés es derrotado en Pancorvo y Castrojeriz) y que, por primera vez, un emir omeya se vea forzado a pedir la apertura de conversaciones de paz con un rey asturiano. La profunda crisis interna del emirato es aprovechada por Alfonso III que, en estos años, repuebla Zamora, Simancas, Toro y la totalidad de los Campos Góticos. Por esos años en los círculos palatinos de Alfonso III se estaba produciendo una revolución ideológica y política precisa que permitiría afirmar el concepto de continuidad y herencia del Reino Visigodo de Toledo en el Reino de Asturias. Ello supondría una redefinición del complejo programa de actuación política ya que consideraría “tierra a reconquistar” toda la zona dominada por la presencia musulmana. El prestigio alcanzado por Alfonso III se verá reflejado en el título que, al final de sus años, recibirá en los ámbitos palaciegos: Magnus Imperator e Imperator Noster. Esta reafirmación monástica no va a impedir que, con el aumento de la fuerza y presión de la nobleza fruto de la expansión territorial en la región leonesa y en la galaico-portuguesa, se produzca una progresiva tendencia a la independencia. El reinado de Alfonso III termina con una repartición del Reino de Asturias entre sus tres hijos, García, Ordoño y Fruela, quienes se dividen el reino en tres zonas: Asturias, Galicia y León-Castilla.

Arte Asturiano

La primera fuente de la que va a beber el arte asturiano es lógicamente la del arte visigodo. La instauración en el Reino Asturiano del orden godo y la creación de Oviedo como trasunto de Toledo, tenía que tener como consecuencia lógica en la edificación la continuidad de los modelos visigodos. Pero el artista que va a trabajar en Asturias se encuentra con un sustrato astur y cántabro anterior del que se desconoce su riqueza y grado de penetración y en el que, a su vez, la influencia celta, en la ornamentación sobre todo, seguramente no era pequeña. Cuando esta situación básica inicial comienza a entrar en su etapa de afianzamiento, el arte asturiano recibe dos aportaciones externas importantes. Por un lado la carolingia, fundamentalmente a través de las intensas relaciones entre el rey Alfonso II y el emperador Carlomagno, y por otro, décadas después, durante el reinado de Alfonso III, las aportadas por los mozárabes que emigran hacia el reino del norte. La evolución arquitectónica asturiana suele dividirse en tres períodos que de alguna manera se corresponden con los del propio Reino Astur.

La primera etapa: comprende desde el período fundacional hasta la consagración en Oviedo de un nuevo "orden gótico". De la iglesia construida por Favila en Cangas de Onís, primera capital del reino, nada queda salvo su dedicación a la Santa Cruz, símbolo de la Reconquista. El primer templo que ha llegado a nuestros días es la iglesia de San Juan de Santianes de Pravia, construida en el momento en que el rey Silo hace de Pravia la capital del pequeño reino. Con la llegada de Alfonso II, la capital pasa a Oviedo, una ciudad que se reconstruye como sede regia desde la que este rey gobierna los cuerpos y las almas de unos súbditos que iban creciendo en número y para los que la Cruz seguía siendo la seña de afirmación reconquistadora. Aparte de su propio palacio y de otras dependencias administrativas, Alfonso II construye el complejo catedralicio del que formaba parte la iglesia de San Tirso, el palacio de recreo levantado en Santullano, del que se conserva la iglesia de San Julián de los Prados y, fuera de la ciudad, Santa María de Bendones y San Pedro de Nora.

La segunda etapa: se corresponde con la afirmación del esplendor del arte asturiano bajo los reinados de Ramiro I y Ordoño I. El primero construyó el complejo palaciego de verano del Naranco, algo más alejado de la capital que el de Santullano, del que se conserva el pabellón real (hoy Santa María del Naranco) y la capilla de San Miguel de Lillo. Ambos suponen el apogeo del arte asturiano por sus innovaciones arquitectónicas y escultóricas siempre dentro de las líneas generales propias del estilo. Santa Cristina de Lena también pertenecería a esta segunda época estilística.

La tercera etapa: corresponde al período final del arte asturiano y transcurre bajo el reinado de Alfonso III que imprime un nuevo impulso tanto a las construcciones civiles como a las religiosas en su ya extenso reino (la influencia de los mozárabes comienza a manifestarse). La fuente de la Foncalada, el conjunto de San Salvador de Valdediós, Santo Adriano de Tuñón, San Salvador de Priesca y Santiago de Gobiendes son las obras de nueva obra que aún se conservan de este período.
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