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PENÍNSULA
IBÉRICA - PRERROMÁNICO |
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EL
REINO DE ASTURIAS – PELAYO (718-737)
Después de que un ejército de árabes y
beréberes procedentes del norte de África cruzara,
en dirección a la Península Ibérica el
Estrecho de Gibraltar en el 711 y se produjera la caída
del reino visigodo de Toledo, se inicia unos años más
tarde la resistencia contra el Islam, protagonizada por un foco
rebelde asturiano dirigido por Pelayo, un jefe astur local elegido
en una asamblea de jefes de linaje.
Es continuadora, en realidad, de la resistencia ofrecida en
el siglo VII contra el reino de Toledo, rebelión que
no se diferenciaría de las precedentes: una más
de las muchas que, reiteradamente, realizaban los cántabro-astures
al negarse a todo intento de imposición de tributos y
formas institucionales de dominación territorial por
parte del antiguo reino visigodo. De este modo, se produce un
creciente rechazo de la población cántabro-astur,
en la que prevalecían individuos de condición
libre, vestigios gentilicios y matriarcales e instituciones
basadas en un carácter tribal, a las imposiciones fiscales
de los musulmanes.
Circunstancias desarrolladas en el marco de una sociedad carente
de núcleos urbanos de entidad, con una cristianización
muy débil y en la que existían, aún en
pleno siglo VII, prácticas paganas autóctonas
y romanas. La rebelión no tenía ningún
interés en restaurar la monarquía toledana en
el territorio cántabro-astur, cuyo núcleo originario
fue el valle del río Sella y su primer centro regio
Cangas de Onís, y sí defender sus territorios
invadidos. |
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Cueva
de Covadonga y Puente Medieval (Cangas de Onís –
Asturias) |
La
posterior victoria en el 722, de éste foco rebelde sobre
una expedición de castigo de al-Andalus mandada por Alkamá
en las cercanías de Covadonga, cova dominica,
(y que no tendría mayores repercusiones entre las autoridades
musulmanas; incluso la Crónica Mozárabe
o Continuatio Hispana, redactada pocos años
más tarde, en 754, y la Crónica Bizantina-Arábiga
de 741, no mencionarán en absoluto esta derrota musulmana)
es posible que significara la consolidación de la rebelión
y del nuevo caudillaje de Pelayo, elegido en 718 en un “concilium”
o asamblea según la crónica Albeldense,
propiciando el entendimiento entre la aristocracia indígena
y algunos visigodos refugiados, lo que conduciría a una
progresiva desaparición de las estructuras de tipo gentilicio.
Pelayo estableció su corte en Cangas de Onís e
inició la lenta creación de un ideal que se materializará
años más tarde en la corte de Alfonso II: la restauración
del antiguo Ordo Gothorum del reino de Toledo, tanto
en lo político como en lo religioso. Por lo tanto, la
sublevación de los cántabro-astures no tenía
en principio, ningún objetivo de “reconquista”
ni pretendía la restauración de un nuevo orden
semejante al del reino visigodo de Toledo y sí representaba
el rechazo a los impuestos fiscales que pretendían imponer
los musulmanes.
De todas formas las crónicas de Alfonso III recogen el
proceso de cristianización subsiguiente, reinterpretando
y magnificando, en forma de leyenda, la victoria de Pelayo en
las montañas próximas a Cangas de Onís,
considerando el hecho como el inicio de la restauración
del reino de Toledo. De acuerdo con el Liber Chronicorum
del Obispo Pelayo de Oviedo, redactado en el siglo XII, Pelayo
sería enterrado, junto con su esposa Gaudiosa, en la
iglesia por él construida de Santa Eulalia de Abamia
o Velamio, próxima a Corao, en Cangas de Onís
(iglesia no conservada en la actualidad). |
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