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PENÍNSULA
IBÉRICA - PRERROMÁNICO |
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ALFONSO I (739-757) y FRUELA I
(757-768)
A la muerte de Pelayo, en 737, le sucede en el mando del pequeño
núcleo de refugiados astures su hijo Fáfila. Él
y su esposa Froliuba, construirán una iglesia dedicada
a la Santa Cruz, en las proximidades de Cangas de Onís,
sobre un antiguo dolmen del neolítico. A Fáfila
le sucede su cuñado Alfonso I, hijo de Pedro, duque de
la Cantabria visigoda y vinculado, con anterioridad, a la extinguida
alta nobleza del reino visigodo de Toledo. Alfonso I introducirá
un giro político clave en la corte del naciente reino
astur.
Además, su elevación al poder coincide con la
profunda crisis interna surgida en el Islam peninsular, lo cual
crea un favorable clima político y militar en el naciente
reino, propiciando las expediciones por la meseta del río
Duero y asegurando vías de comunicación con el
valle del río Ebro; también extiende sus incursiones
bélicas a la región más septentrional de
Galicia. Esta política de expansión propiciará
la emigración de cristianos procedentes del valle del
río Duero a zonas del norte elevando demográficamente
el inicial grupo cristiano de resistencia. Entre estos cristianos
emigrados se encontrarían nobles, clérigos e individuos
que, por su rango, influirían decisivamente en la potenciación
de las instituciones de la iglesia y del estado astur.
Las crónicas de Alfonso III, año 885, hacen mención
a la labor llevada a cabo por Alfonso I en la restauración
y construcción de iglesias. En la actualidad no permanece
nada de esta presumiblemente profunda labor constructiva, si
bien la tradición suele atribuir a este rey la fundación
de los monasterios de Santa María de Covadonga en el
740 y de San Pedro de Villanueva en Cangas de Onís, donde
habría levantado una basílica de tres naves con
un panteón a los pies dedicado a San Miguel, construcción
que se haría en el primer tercio del siglo XII, con fábrica
románica. Según la Crónica ad Sebastianum,
hacia 885, en dicho panteón estarían enterrados
Alfonso I y su mujer Ermesinda.
A fines del reinado de Alfonso I, o a principios de su hijo
Fruela I, el presbítero máximo funda con sus siervos,
en la colina de Ovetao una villa (que posteriormente se convertirá
en Oviedo, capital de Asturias). En el 761, el abad Fromistao,
tío de Máximo, levanta junto con éste una
iglesia que es puesta bajo la advocación de San Vicente.
Posteriormente, el 25 de noviembre del 781, y merced a un pacto
monástico que establecen con veinticinco monjes más,
instituyen el acto fundacional del monasterio de San Vicente.
Fruela I establecerá su corte en la colina de Ovetao
por razones de táctica militar, en un lugar próximo
al cruce de dos importantes calzadas y defendido por los ríos
Nalón y Nora y el monte Naranco.
El acceso al poder de Fruela I coincide con el afianzamiento
de Abd al-Rahman en al-Andalus, el cual presiona los territorios
del norte. Pero Fruela I también tendrá que hacer
frente a los problemas derivados de la nueva composición
interna del reino heredado de su padre, pues, además
de la región cantabro-astur, ahora el reino comprende
las regiones de Galicia y Vasconia. Así, se enfrentará
a la rebelión de ambas marcas, reacias a la extensión
que el reino astur estaba experimentando.
La alianza con la aristocracia de los vascones y su matrimonio
con la alavesa Munia, de quién nacería el futuro
rey Alfonso II, permite abrir un período de relativa
paz. Fruela I frena las incursiones musulmanas en Galicia y
en Álava en el 766. Esas victorias le permiten un avance
expansivo de sus fuerzas sobre el sur de Galicia, restaurando
el antiguo cenobio visigodo de Samos con monjes procedentes
del sur. En el terreno eclesiástico restaura la disciplina
celibática del clero, prohibiendo el matrimonio de obispos
y presbíteros, anulada en época del rey visigodo
Vitiza. Fruela I construirá varias edificaciones religiosas
contribuyendo de forma importante al desarrollo de la agrupación
rural de la colina de Ovetao. |
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