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PENÍNSULA
IBÉRICA - PRERROMÁNICO |
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ARTE MOZÁRABE Y DE REPOBLACIÓN
Al parecer, gran parte de la población cristiana se convirtió
voluntariamente al Islam tras la conquista musulmana. Estos,
que con el tiempo adoptaron costumbres árabes, aparecen
en las fuentes como musalimun
o como muwaladun, siendo la
primera utilizada en la mayoría de los casos para los
nuevos conversos y la segunda para sus descendientes. Los mustaribun,
la minoría que permaneció cristiana en el período
que abarca desde la invasión árabe en el 711 hasta
finales del siglo XI, ha quedado registrada como “mozárabe”
en la historiografía europea. Estas comunidades de mozárabes
gozaban, al igual que la minoría judía, de la
protección de la autoridad estatal y de una cierta autonomía
judicial y eclesiástica (mantuvieron para la práctica
de sus ritos religiosos algunos de los templos visigodos anteriores
a la ocupación musulmana y rara vez construyeron nuevos
pues, si bien existía una cierta tolerancia religiosa,
estaba muy limitada la construcción de nuevas iglesias
cristianas).
El final del siglo IX deparó al emirato Omeya varias
crisis peligrosas. Destaca la de Umar ibn al-Hafsun que, en
pleno corazón de al-Andalus, reunió un elevado
número de seguidores pertenecientes a grupos subyugados
en lo social y en lo económico (mozárabes, beréberes
y muwaladun) que comenzaron
a luchar por su propia independencia. Umar convirtió
a Bobastro, una cima montañosa prácticamente inaccesible,
en su base de operaciones y desde aquí, con sus tropas,
sembró la zozobra a su alrededor. Con el tiempo el éxito
despertó la ambición de Ibn al-Hafsun, que se
transformó en el soberano absoluto de la región
situada entre Córdoba y el Mediterráneo (Bobastro
se convirtió en una verdadera ciudad con palacio, mezquita
e iglesia). En el año 899, por razones hoy desconocidas,
Umar, su esposa e hijos, se convirtieron al cristianismo. Desde
el punto de vista político este fue sin duda alguna su
gran error pues, a partir de entonces, muchos musulmanes lo
abandonaron y su posición se debilitó considerablemente.
Tras su muerte en el 917 la sublevación fue perdiendo
terreno, extinguiéndose definitivamente en época
de Abd al-Rahman III (Bobastro fue tomada por los gobernantes
de Córdoba entre el 927 y el 929).
Cuando las condiciones de vida bajo la dominación musulmana
se fueron haciendo menos soportables se produjo un éxodo
de mozárabes hacia los reinos cristianos, período
que coincidió con el apogeo repoblador de la reconquista
cristiana: reinados de Alfonso III (866-910) y Ramiro II (931-951).
Las aldeas surgidas con la repoblación se organizarían
en promontorios rocosos alrededor de la iglesia. Los accidentes
de terreno eran aprovechados y acondicionados para la construcción
de las viviendas, de planta rectangular, compuestas por habitaciones
a las que se adosaban cuadras y corrales. Dado que entre los
mozárabes que emigraron hacia los reinos del norte se
hallaban numerosos monjes, se alzaron iglesias y fundaron monasterios
cuya arquitectura se caracteriza, ante todo, por la incorporación
de un gran número de elementos de origen islámico.
El término “arte mozárabe” fue acuñado
por Manuel Gómez Moreno y bajo esta denominación
se incluía a la producción artística cristiana
que debiera todos o parte de sus elementos a la influencia del
arte islámico. Posteriormente, José Camón
Aznar afirmaría que dicho término debía
restringirse a las obras producidas por los cristianos en territorio
musulmán, caso de la Iglesia de Bobastro y que para el
resto de las construcciones realizadas por mozárabes
que tras la reconquista emigraron hacia los reinos cristianos,
debía aplicarse el término de “arte de repoblación”.
Según este criterio prácticamente lo único
que queda como auténtico mozárabe sería
Bobastro ya que el furor devastador de Almanzor contra los mozárabes
y sus templos en el siglo X, y los posteriores alardes de fundamentalismo
de almorávides y almohades del siglo XII, arrasaron el
resto.
El arte mozárabe en cualquiera de sus manifestaciones
se caracteriza por desarrollarse en un sustrato visigodo y asturiano,
con una influencia clara y directa islámica califal y
con influencias del cristianismo bizantino; en resumen, un arte
original que sabe amalgamar con maestría las distintas
aportaciones. Dada la disparidad de las obras que han llegado
hasta nuestros días, y los frecuentes casos únicos,
no se puede hablar de una tipología de templo específicamente
mozárabe (se puede pensar que sus constructores gozaron
de una gran libertad conceptual a la hora de planificar un templo).
En la arquitectura se vuelve a utilizar el arco de herradura
como elemento estructural básico, pero de un tipo que
difiere del visigodo ya que es más acusado, de modo que
sobrepasa el tercio de su radio (caso del visigodo) hasta alcanzar
los dos tercios, ofreciendo así arcos más cerrados.
Los muros suelen estar levantados en mampostería y sillarejo
y las coberturas combinan las armaduras de madera con bóvedas
de piedra en la cabecera que pueden ser de cuatro u ocho paños,
gallonada (de clara influencia oriental) o de crucería
de tipo califal. La figura geométrica clave para el desarrollo
de este arte es el cuadrado (o el rectángulo), capaz
de engendrar nuevos cuadrados (o rectángulos) que engloban
a los menores (esto da un protagonismo extraordinario al ángulo
recto). Como compensación introducen elementos curvos,
no sólo en los arcos y bóvedas gallonadas, sino
también en plantas en arco de herradura al interior que
al exterior se resuelven cúbicamente (característica
importante de la arquitectura mozárabe). Por otra parte,
adquieren una gran importancia estética los aleros de
madera que sobresalen de los muros y que se apoyan en canecillos
de característicos roleos, frecuentemente tallados con
motivos geométricos. |
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