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PENÍNSULA
IBÉRICA - PALEOLÍTICO MEDIO |
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El Musteriense es el conjunto cultural más representativo
del Paleolítico Medio en el sudoeste de Europa. Las manifestaciones
musterienses más antiguas se remontan al interglaciar
Riss Würm, hace más de 125.000 años; y alcanzan
su plena expresión en las oscilaciones Würm I y
II, que ocupan en su conjunto unos cuarenta mil años
(aproximadamente desde 75.000 hasta 35.000 a.C.). Quienes protagonizan
en Europa occidental estas formas culturales del Paleolítico
Medio son varios tipos de Homo Sapiens, del grupo de
los neandertales. En los períodos de templanza climática
se establecen al aire libre y en las épocas frías
buscan el refugio de abrigos rocosos y de embocaduras de cuevas
en las que implantan sus fogatas, abandonan restos de comida
y de actividades de taller y, en algunas ocasiones, cavan fosas
para colocar a sus muertos. El registro arqueológico
de un yacimiento musteriense incluye numerosos utensilios tallados
en sílex, cuarcita, u otras rocas duras y relativamente
frágiles: unas proceden de nódulos depositados
en terrazas fluviales o en playas costeras y otras de sus canteras
de origen. Tal industria lítica se sirve básicamente
de lascas (obtenidas o no mediante la técnica levallois)
que, retocadas adecuadamente, generan un variado repertorio
de objetos, entre los que predominan los de dos clases: las
raederas (dotadas de un lado retocado en continuo, de delineación
convexa por lo común) y las puntas (cuyo aguzamiento
se produce por la convergencia en un extremo de series de retoques
continuos a uno y otro lado de la lasca). Las raederas y las
puntas vienen acompañadas de tipos de tradición
anterior, como los bifaces y hendedores. Hace medio siglo, M.Bourgon
y F.Bordes clasificaron los tipos líticos de la mayoría
de los yacimientos musterienses del sudoeste de Francia y advirtieron
que, en vez de presentarse todos los tipos indistintamente en
los diversos niveles de los yacimientos, se agrupaban de forma
reiterada determinadas clases de instrumentos; las raederas
y alguna de sus formas concretas parecen determinantes en la
distinción de esos grupos. Describieron así las
cuatro facies, que han servido habitualmente para clasificar
las colecciones líticas del Complejo Musteriense
del sur de Europa, del Próximo y Medio Oriente y del
norte de África:
- El Musteriense típico (llamado así
por referencia al yacimiento francés epónimo:
el abrigo de Le Moustier) en que abundan las raederas de
diversos tipos (con porcentajes de entre el 25 y el 50 %
del efectivo total de piedra tallada) y son muy habituales
las piezas apuntadas (puntas musterienses y levalloisienses,
por ejemplo).
- El Musteriense charentiense, caracterizado en
su conjunto por el dominio absoluto de raederas, se subdivide
en dos grupos, según que se hayan empleado (grupo
La Ferrassie) o no (grupo La Quina) las lascas obtenidas
mediante técnica levallois.
- El Musteriense de denticulados, con un fuerte
porcentaje de lascas denticuladas y con muescas (entre el
35 y el 50 %), pocas raederas y apenas bifaces y puntas
de dorso (el índice de lascado levallois varía
según los yacimientos).
- El Musteriense de tradición achelense,
que se estructura en dos subgrupos o fases sucesivas. La
fase A, la más antigua, tiene en tomo a un 10 % de
bifaces, un número discreto de raederas (muy pocas
de ellas son del tipo La Quina) y de cuchillos de dorso
y una cierta cantidad de denticulados, aparte de proporciones
variables de instrumentos propios del Paleolítico
superior (buriles, perforadores, raspadores, etc.) y de
lascas de técnica levallois. En la fase B, más
reciente, disminuye el número de bifaces (2 a 8 %)
y de raederas y aumentan proporcionalmente los instrumentos
más propios del Paleolítico superior, los
cuchillos de dorso y los denticulados; por eso a veces no
es fácil distinguir esta facies del Musteriense de
tradición achelense de las culturas que, como el
Chatelperroniense, preludian el Paleolítico superior.
No hay acuerdo en explicar el sentido de estas agrupaciones
de tipos de instrumentos o facies: en opinión de quienes
las definieron no responden a una evolución en etapas
sucesivas sino que participan de un mismo complejo cultural
en ebullición. Para D. de Sonneville-Bordes, las facies
del Musteriense son diferentes unas de otras por la composición
de sus ajuares, sin áreas de transición de unas
a otras, sucediéndose y reemplazándose en cuevas
y abrigos de forma en apariencia caprichosa, a lo largo de las
decenas de milenios del Würm 1 y Würm II: en el interior
de cada grupo la evolución cualitativa y cuantitativa
está débilmente marcada de un nivel a otro. Bastantes
prehistoriadores piensan que esas facies simplemente detectan
los conjuntos de utensilios requeridos para determinados usos
y funciones; serían los lotes de instrumentos que los
musterienses requerían para distintas tareas según
las posibilidades de los territorios y las variaciones de explotación
y recursos: como el trabajo de la madera, del hueso y de las
pieles (caso del equipamiento de la facies del Musteriense típico),
las tareas relacionadas con el descuartizado y carnicería
de lo cazado (facies Charentiense), el tratamiento de materias
vegetales (facies de denticulados), etc. |
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