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PENÍNSULA
IBÉRICA - EL MEGALITISMO |
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NEOLITIZACIÓN y NOTORIEDAD FUNERARIA
Las estrategias de subsistencia que incorporan una tecnología
neolítica suelen ir acompañadas de comportamientos
territoriales que actúan sobre un espacio geográfico
mucho más restringido que en las estrategias de cazadores
recolectores, y de una manera continuada. Por ello, la producción
de alimentos implica sedentarización, permanente o
cíclica, y, por lo tanto, la proliferación de
aldeas (poblamiento agrupado) o de granjas (poblamiento disperso);
en todo caso, el desarrollo de arquitecturas domésticas
más o menos sólidas. El que su solidez se haya
convertido en evidencia arqueológica dependerá
de los materiales utilizados en su construcción, de
la duración del asentamiento, de los procesos posdeposicionales
y de las posibilidades de su investigación. Del mismo
modo es frecuente que sean más numerosas las evidencias
de conductas funerarias, estrechamente vinculadas a los lugares
de asentamiento, bien en el subsuelo, entre o bajo las casas
del interior del poblado, o bien al exterior del mismo y configurando
verdaderas necrópolis. Si bien es cierto que poblados
y necrópolis también se documentan entre sociedades
cazadoras recolectoras especializadas, calificadas como opulentas
o complejas, no lo es menos que la expansión de la
producción de alimentos incidió en su generalización.
Poblado y necrópolis se interpretan como la exteriorización
del marco delimitador de un grupo en el que se garantiza el
derecho de acceso a la explotación de un territorio
y a su transmisión.
Pero un repaso al registro arqueológico del neolítico
europeo nos muestra una situación dispar. Mientras
en el sudeste europeo, parte de Italia y Europa central, la
adopción de la agricultura y el pastoreo va acompañada
de una arquitectura doméstica visible, el poblado o
la granja, y de unas prácticas funerarias que, cuando
se documentan, no dejan evidencia externa, en Europa occidental
es difícil la localización de los asentamientos
que son en cueva o al aire libre pero con estructuras muy
débiles y son excepcionales los hallazgos funerarios
del neolítico antiguo, mientras que son más
frecuentes a partir del Neolítico medio tal como se
vio en el caso de Cataluña con la cultura de los sepulcros
de fosa.
Pero en la Europa atlántica y nórdica el proceso
de neolitización coincide con el desarrollo de prácticas
funerarias caracterizadas por la visibilidad y monumentalidad
de las construcciones, rasgo englobado bajo la denominación
de megalitismo, término impropio dada la diversidad
de arquitecturas, o ausencia de las mismas, y de rituales
a que alude. Por el contrario, los asentamientos son prácticamente
desconocidos o sólo identificados por hallazgos superficiales
de elementos de cultura material, siendo frecuentemente la
distribución de dichos monumentos el único punto
de apoyo para proponer interpretaciones socioeconómicas.
En estos territorios atlánticos la primera evidencia
de neolitización es la aparición de cerámicas
en contextos culturales que más bien reflejan una continuidad
con respecto al Mesolítico; esto y la ausencia de datos
paleoeconómicos dificulta relacionar la presencia de
cerámica con los cambios que comporta una economía
de producción.
En los territorios atlánticos peninsulares las primeras
cerámicas presentan afinidades con los conjuntos cerámicos
andaluces: decoraciones cardiales excepcionales, abundantes
decoraciones impresas, incisas y a la almagra. Los yacimientos,
en cueva o al aire libre, son relativamente frecuentes en
Portugal, predominando los hábitat costeros, y prácticamente
inexistentes en el noroeste y norte peninsular. |
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