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PENÍNSULA
IBÉRICA - EL MEGALITISMO |
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EL PROBLEMA DE LAS CRONOLOGÍAS
Una de las dificultades que afecta a la explicación
y comprensión de las construcciones megalíticas
es su cronología o, cuando se tiene una datación,
saber exactamente lo que se ha fechado. Cuando no se disponía
de fechas radiocarbónicas, la atribución temporal
se proponía a partir de las tipologías arquitectónicas
que previamente se habían ordenado cronológicamente
a partir de criterios bastante subjetivos, como por ejemplo
considerar una evolución de lo más sencillo
a lo más complejo, o por el contrario de lo más
complejo a lo más sencillo, en el sentido de degeneración
de una idea inicial; esto último era propio de la teoría
difusionista que aceptaba un origen del megalitismo en el
Egeo, de modo que el tholos era el más antiguo, mientras
que los otros tipos correspondían a tergiversaciones
autóctonas posteriores.
El método más frecuente ha sido el estudio tipológico
de los ajuares y su atribución a una fase cultural
cuya cronología, absoluta o relativa, ya estaba establecida;
el problema con este método es la seguridad de la información:
muchas de las construcciones han sido objeto de intervenciones
clandestinas ya desde antiguo, por lo que entonces es lógico
pensar que puede haber desaparecido parte de la información;
pero incluso cuando el material esté intacto es difícil
saber si todo el que aparece es realmente representativo de
todas las épocas de utilización. Efectivamente,
se sabe que muchos sepulcros fueron reutilizados durante siglos,
por lo que la necesidad de ir haciendo sitio pudo ser responsable
de la desaparición de ajuares, los más antiguos.
Por lo tanto, la atribución cronológica realizada
a partir de este método sólo se basa en la presencia
de determinados elementos con significado cronológico,
pero no prevé ausencias premeditadas ni posibles perduraciones
o arcaísmos.
El método de datación más frecuente, el
radiocarbono, es difícil de aplicar; los carbones son
bastante excepcionales, actualmente ya se aceptan las fechas
obtenidas sobre hueso y concha, pero frecuentemente sigue siendo
problemática la atribución estratigráfica
de la muestra y lo que se conoce con seguridad es un momento
de uso. Sólo la obtención de una datación
previa a la construcción del monumento, por ejemplo un
paleosuelo, nos puede dar una fecha post quem de la
construcción, aunque tampoco se puede precisar cuánto
tiempo transcurrió hasta el inicio de la construcción.
Aun con todas estas dificultades, ahora se dispone de un buen
número (siempre insuficiente) de dataciones radiocarbónicas,
cuya calibración, así como algunas dataciones
por TL, lleva los inicios del megalitismo al V milenio a.C.,
siendo las más antiguas las de la fachada atlántica
francesa y procedentes de estructuras de tipo tholos, aunque
en seguida se construyen las cámaras con corredor diferenciado.
La distribución de las tumbas más antiguas en
la costa atlántica y pequeñas islas (en su momento
unidas al continente) demuestra que fue un rasgo característico
de las poblaciones costeras, apareciendo posteriormente en las
tierras del interior. |
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