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PENÍNSULA
IBÉRICA - EL MEGALITISMO |
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LAS CONSTRUCCIONES MONUMENTALES
Si bien se continúa utilizando el término megalitismo,
lo cierto es que bajo esta denominación se alude a construcciones
diferentes, a un espacio cronológico muy amplio de más
de dos milenios y, con seguridad, a funciones y simbolismos
diferentes a lo largo de tanto tiempo. La mayoría de
los monumentos tienen una finalidad funeraria, independientemente
de otras funciones o significados, pero el megalitismo incluye
también otras construcciones (crónlech
o círculos, alinea– mientos de piedras, menhires),
que se interpretan como espacios destinados a ceremoniales religiosos
y sociales.
Los monumentos funerarios son muy diversos en cuanto a forma,
tamaño y técnicas constructivas. La mayoría
ha llegado hasta nuestros días al descubierto, de ahí
el interés por su arquitectura. Pero un buen número
de estas construcciones (si no todas) estuvieron cubiertas por
túmulos, de tierra o piedras, que escondían dicha
arquitectura a excepción de la entrada. El paisaje, pues,
era diferente del que conocemos ahora y lo que destacaba en
él era la mayor o menor monumentalidad de la estructura
tumular. En cualquier caso queda de manifiesto la inversión
de trabajo que implica tanto la arquitectura interior, cuando
la hay, como la cubierta tumular. Las arquitecturas que dieron
lugar al término de megalitismo son las ortostáticas
o de grandes piedras que limitan las soluciones arquitectónicas
en cuanto a las plantas del edificio: dólmenes o cámaras
rectangulares o poligonales, sepulcros de corredor o cámaras
con corredor diferenciado y galerías cubiertas o cámaras
sin corredor diferenciado; y en cuanto a la cubierta que será
por lo general adintelada. Pero también se incluyen la
construcción en mampostería o piedra pequeña
que posibilita la cámara de planta circular y la cubierta
por aproximación de hiladas o en falsa cúpula:
son los tholoi, denominación que implica el
reconocimiento de una similitud de ideas constructivas con los
tholoi del Bronce Egeo y en los que durante mucho tiempo
se pensó que se inspiraban. El descubrimiento del monumental
túmulo de Barnenez (Finisterre) que cubría 11
sepulcros de corredor, algunos de ellos de tipo tholos,
con cronologías de C14 de comienzos del IV milenio (calibradas
del V milenio a. C.) acabó con esa dependencia. A partir
de estos tipos o formas básicas hay variedad de construcciones
en las que pueden alternar ortostatos y mampostería y
plantas complejas a las que se añaden transeptos y corredores
y cámaras laterales.
Estas tumbas se utilizaron para enterramientos múltiples,
colectivos en el sentido de sucesivos. El número varía
enormemente, puesto que puede haber menos de una decena hasta
más de un centenar, y no necesariamente está
en relación con el tamaño de la construcción.
Cuando los restos óseos se han conservado, la mezcla
de los mismos da la impresión de un osario; para algunos,
esto puede ser muestra de que se trata de enterramientos secundarios
pero la hipótesis más frecuente es que estos
osarios responden a las continuas limpiezas y reorganizaciones
del espacio para dar paso a posteriores inhumaciones. A pesar
del carácter colectivo de los enterramientos, hay la
sospecha cada vez más documentada de que el derecho
a ser enterrado en dichas construcciones no era accesible
a todos los miembros del grupo, lo que sería un indicio
de la existencia de un principio de diferenciación
entre las comunidades agrícolas primitivas que siempre
se han considerado igualitarias.
En Europa occidental, el ritual de enterramiento colectivo
está documentado en otros tipos de estructuras, invisibles
en el paisaje externo pero no por ello menos complejas y hasta
cierto punto monumentales, como son los hipogeos y las cuevas
artificiales, numerosas en el Mediterráneo central
y occidental. También se conocen enterramientos colectivos
en cuevas naturales como suele ocurrir en el Levante peninsular.
Y cada vez son más numerosos los enterramientos múltiples
en estructuras semi subterráneas (tipo silos, hoyos,
basureros) documentadas tanto en la Meseta como sobre todo
en Andalucía y que suelen ser contemporáneas
de, y están integradas en, los primeros asentamientos
al aire libre relacionados con la puesta en explotación
de las posibilidades agropastoriles del territorio, poniendo
nuevamente de manifiesto, aunque sin monumentalidad, la importancia
de la ritualidad funeraria en relación con los cambios
de un tipo de vida móvil a otro más sedentario.
A pesar de que estas construcciones monumentales y el ritual
colectivo lo hemos referido hasta ahora a los territorios
atlánticos, primero costeros, las construcciones megalíticas
se documentan también tierra adentro y en zonas mediterráneas
como Andalucía y Cataluña. |
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