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PENÍNSULA
IBÉRICA - ISLAM y AL-ANDALUS |
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EL ESPLENDOR DEL CALIFATO (912
– 1031) |
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Ciudad
Califal de Madinat al-Zahra (Córdoba):
fundada por Abd al-Rahman III en el 936, a ella se trasladaron
en el 947 los funcionarios y la casa de la moneda desde
Córdoba. A principios del siglo XI tropas beréberes
sublevadas convirtieron a esta ciudad en un campo de ruinas. |
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A
los veintiún años de edad Abd al-Rahman III, rubio
y de ojos celestes, se convirtió en emir de al-Andalus.
Su padre, el príncipe heredero Muhammad, fue asesinado
por órdenes de su propio padre, el emir Abd Allah, poco
después del nacimiento de Abd Al-Rahman.
Las crónicas árabes le confieren todas las cualidades
físicas, intelectuales y morales imaginables: fuerza
y habilidad, valor y determinación, inteligencia y cultura,
bondad y generosidad, aún cuando las mismas fuentes informan
acerca de decisiones despiadadas, como por ejemplo la condena
a muerte de su hijo Abd Allah. Asumió el poder en una
situación política externa e interna difícil,
por lo que la primera meta que persiguió con tenacidad
fue la restauración de la unidad interna de al-Andalus,
para lo que necesitó casi veinte años. En todo
caso, Abd al-Rahman jamás intentó conquistar a
los estados cristianos del norte que, si bien le pagaban tributo,
eran por lo demás independientes. |
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Alcazaba de Guadix S.IX, Castillo de Almuñécar
y Castillo de Íllora S.IX (Granada) |
En
África del Norte, el cisma fatimí ganaba cada
vez más espacio (Ubayd Allah, jefe del movimiento en
Túnez, llegó a adoptar el título de Califa),
y mantenía sus pretensiones de una dominación
universal islámica, por lo que se requirieron varias
campañas militares para conservar la zona de influencia
omeya en el Norte de África. Una de sus últimas
intervenciones militares condujo a la toma de Ceuta en el 931
y Tánger en el 951, lo que permitió reforzar en
forma considerable el poder de los omeyas en esa región.
La anexión del califato fatimí le proporcionó
a Abd al-Rahman el impulso decisivo para adoptar el título
de califa, es decir, proclamarse sucesor “Khalifa”
del profeta y príncipe de los creyentes “Amir al-Muminin”.
Abd al Rahman III no tomó esta decisión por razones
religiosas, ya que ni él ni su familia aspiraban a la
dominación del mundo islámico. La adopción
del título tampoco tuvo el propósito de declararle
la guerra a la dinastía abasí, sino solamente
confirmar de manera oficial el poder y el significado de al-Andalus.
Simultáneamente Abd al-Rahman adoptó también
un hábito oriental, consagrado entre los abasíes
desde hacía mucho tiempo, al tomar para sí el
nombre real “laqab” de al-Nasir li-Din Allah, que
significa algo así como “el victorioso luchador
de la religión de Alá”. En los últimos
años del gobierno de Abd al-Rahman III, la corte en su
conjunto se orientalizó y se volvió más
rígida. Al mismo tiempo, se convirtió en una suntuosa
barrera entre los súbditos y el gobernante, que residía
en sus inaccesibles palacios rodeado por cortesanos y sin ningún
contacto directo con el pueblo. |
Los sucesores de Abd
al-Rahman III
Al-Hakam II, hijo mayor de Abd al-Rahman, fue designado sucesor
al trono desde muy temprano, aunque llegó al poder a
la edad de cuarenta y seis años y únicamente gobernó
quince años. Se le describe como culto y pacífico,
amante del arte, extraordinario constructor y, al mismo tiempo,
como profundamente religioso y versado en las ciencias teológico-jurídicas.
Continuó impulsando la política internacional
y exterior de su padre, pero sin su energía y con la
tendencia indiscutible de confiar en sus funcionarios. De todas
maneras pudo rechazar un ataque normando cerca de Almería,
incrementando, a continuación, su flota. |
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Alcazaba de Almería S.X (Almería)
- Castillo de El Berrueco y Torre Olvidá (Jaén) |
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