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BATALLA  DE  LAS  NAVAS  DE  TOLOSA

Localización: los acontecimientos se desarrollaron en Sierra Morena, en las proximidades de Santa Elena.

Grado de Accesibilidad: Bueno – Senderos señalizados – Museo de la Batalla de las Navas de Tolosa.

Cronología: 16 de julio de 1212

Descripción: seguramente el líder del ejército almohade eligió Sierra Morena para hacer frente al ejército cristiano por lo abrupto del terreno. Esta situación, por un lado, limitaba la capacidad de acción de la principal fuerza enemiga: la caballería pesada y, por otro, favorecía la acción de sus arqueros. Tras definir el punto en el que se desarrollarían los acontecimientos al-Nasir estableció su campamento en Santa Elena y una guarnición y punto de observación en el Collado de la Estrella como refuerzo a la guarnición almohade del Castillo de la Cuesta (Castro Ferral) que controlaba el Camino del Muradal.
Castillo de la Cuesta Castillo de la Cuesta
Castillo de la Cuesta (Castro Ferral)
El jueves 12 de julio la vanguardia cristiana al mando de Don Diego López de Haro tomó el Puerto del Muradal tras mantener duros enfrentamientos con los sarracenos que intentaban impedir la subida. Tomada la cumbre la avanzadilla instaló su campamento en el paraje conocido como “La Ensanchá” y el grueso del ejército cristiano al pie del monte en la cara norte, junto al río Magañas, en las proximidades de la actual pedanía de Venta de Cárdenas.
Puerto del Muradal Pico La Ensanchá
Puerto del Muradal - Pico La Ensanchá
El viernes 13 de julio el grueso del ejército inició la subida al Puerto del Muradal y estableció su campamento en la Ensanchá. Ese mismo día la vanguardia cristiana tomó el Castillo de la Cuesta, abandonado por las tropas almohades, y continuó avanzando por el Camino del Muradal en dirección al Paso de la Losa. Entre los Montes de las Matanzas y de las Calaveras fueron atacados por un pequeño grupo de sarracenos que huyeron con la intención de conducir a las tropas cristianas hacia una emboscada en el estrecho Paso de la Losa (las guarniciones almohades mantenían el control de la totalidad de los puntos altos del terreno circundante). Si bien Don Diego no cayó en trampa, ante la imposibilidad de seguir avanzando, se vio obligado a retroceder en dirección al Castillo de la Cuesta.
Paso de la Losa Puente de la Hiedra
Paso de la Losa - Puente de la Hiedra (camino íbero-romano)
De regreso, a mitad de camino, encontraron al pastor Martín Alhaja quién, tras ser consultado respecto de la existencia de algún camino alternativo para atravesar la sierra, indica que por el Camino de la Umbría (desconocido por los almohades) se puede llegar a una Nava (Mesa del Rey), en la que pueden acampar y abastecerse de agua de un manantial (Salto del Fraile). Esa misma tarde partió un grupo de exploración con el objetivo de comprobar el camino señalado por el pastor.
El sábado 14 de julio, al amanecer, partió la vanguardia cristiana comandada por Don Diego en dirección a la Mesa del Rey y, poco después, el grueso del ejército. Tras alcanzar el Puerto del Rey, la avanzada descendió por un antiguo camino (calzada del Empedraíllo) en dirección a la Nava. En este momento fueron detectados por la guarnición del Collado de la Estrella que, no pudiendo dar aviso a tiempo a al-Nasir, se enfrentó directamente a la vanguardia cristiana.
cabecera del Arroyo del Rey El Empedraíllo
Cabecera del Arroyo del Rey – El Empedraíllo
Tras varias refriegas los cristianos lograron tomar la Mesa del Rey y, tras hacerse fuertes, instalaron su campamento a espera del grueso del contingente. Acampados los cristianos decidieron mantener la posición para reponer fuerzas a pesar del severo hostigamiento al que fueron sometidos. El domingo 15 de julio al-Nasir, tras el fracaso en sus intentos de expulsar a los cristianos de la Nava, decidió preparar a su ejército para el combate instalando su puesto de mando en el Cerro de las Viñas.
Mesa del Rey Mesa del Rey
Mesa del Rey
Al alba del lunes 16 los cruzados tomaron posición y comenzaron a descender por la ladera sur de la Nava formando tres líneas de combate en dirección al Llano de las Américas; la tercera al mando de los tres reyes: Alfonso VIII, Sancho el Fuerte y Pedro de Aragón. En este momento la caballería musulmana puso en marcha la estrategia de “tornafuye” con el objetivo de romper las líneas cristianas aunque sin éxito (solo consiguieron que las tres líneas se hicieran más compactas al reducir el espacio entre ellas). En su avance los cristianos observaron una línea de combate enemiga que retrocedió y huyó, siguiendo la estrategia de “huida fingida” (con ánimos de entrar en combate los cruzados los persiguieron sin darse cuenta que estaban siendo conducidos en dirección al campo de batalla escogido por los musulmanes). Tras rebasar la cumbre del Monte de los Olivares los cruzados, agotados tras el ascenso de la ladera norte, observaron el grueso de las tropas sarracenas en posición de combate y la tienda de al-Nasir en la cima del Monte del Cortijo de las Viñas protegida por una formación en corral que incluía en primera línea a la guardia negra (guerreros corpulentos atados entre sí mediante cadenas) y, detrás de ellos, gran cantidad de arqueros provistos de cestas llenas de flechas. Empujada por las posteriores la primera línea descendió por la ladera sur del Monte de los Olivares y, tras pasar por lo más profundo del valle bajo una nube de flechas enemigas, comenzó a subir la fuerte pendiente de la ladera del Monte del Cortijo de las Viñas, momento en el que se produjo el choque entre las dos fuerzas. La segunda línea continuó su avance empujada por la tercera que se plantó en el Monte de los Olivares para observar el desarrollo de las acciones.
Al mediodía, bajo un calor sofocante y en medio de una nube de polvo que no permitía a ninguno de los dos mandos observar con precisión el desarrollo de los acontecimientos, llegan noticias respecto de que una parte de las tropas cristianas estaba retrocediendo. A la vez que al-Nasir ordena el ataque de la caballería ligera en una estrategia “envolvente”, Alfonso VIII, sin percatarse de la maniobra de los musulmanes, prefiere atacar y morir antes que llegar a Castilla con otra derrota (desastre de Alarcos del 19 de julio de 1195). A la vez que el centro de la caballería pesada de Alfonso VIII chocaba contra la caballería musulmana el flanco derecho, al mando de Sancho el Fuerte, y el izquierdo, al mando de Pedro de Aragón, avanzaron (sin saberlo) por los huecos dejados por la caballería sarracena. Tras pasar la nube de polvo observaron con estupor que el puesto de mando de al-Nasir estaba a su merced, defendido solo por el corral, y deciden atacarlo. La fuerza defensora del palenque observó perpleja como la caballería pesada al mando Sancho VII les atacaba por el flanco izquierdo a la vez que hacía lo propio Pedro II por el derecho. Casi sin tiempo de reaccionar la guardia negra intentó frenar el ataque pero la contundencia del avance cristiano condujo a la masacre de los defensores. Las tropas cristianas continuaron avanzando en dirección a la tienda de al-Nasir quién, tras ver que la posición estaba siendo superada, huyó con una escolta. Al verse abandonadas por su líder las tropas musulmanas huyeron en desbandada: una parte en dirección al Castillo de Vilches, otra en dirección al Castillo de Tolosa y un tercer contingente en dirección al Monte de Justo (Santa Elena) pensando que al-Nasir se refugiaba en su tienda real. Mientras tanto los cruzados continuaron su empuje masacrando a sus enemigos.
Castillo de Tolosa
Castillo de Tolosa
Tras la victoria los cristianos se reorganizaron y marcaron nuevas órdenes de combate: Alfonso VIII con las órdenes militares atacó el Monte de Justo por su cara suroeste exterminando a todos los guerreros que defendían la tienda real de al-Nasir, Pedro de Aragón persiguió a los que huían en dirección al Castillo de Vilches y Sancho a los que se dirigían en dirección al Castillo de Tolosa. Terminada la batalla las tropas cristianas se asentaron en el campamento de Santa Elena durante tres días como precaución ante una potencial contraofensiva y para recoger a los heridos y sepultar a los caídos. Para los cadáveres de los caballeros y guerreros de las órdenes militares (Templarios, Calatravos, Santiaguistas y Hospitalarios) se habilitó un camposanto junto al que se mandó construir una ermita en honor a la Santa Vera Cruz.
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