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PUENTE  TABLAS

Localización: se sitúa en el Cerro de la Plaza de Armas, en la Campiña Oriental, dominando la fértil vega del río Guadalbullón. Se accede desde la carretera JV3012 que une la capital de Jaén con Torrequebradilla. Tras pasar una cantera, a la salida de la barriada de Puente Tablas, se toma una pista a izquierda que conduce al poblado.

Grado de Accesibilidad: Bueno – Recinto Vallado – No posee cuadros explicativos.

Descripción: se trata de un yacimiento de 6 ha de extensión ubicado en una posición estratégica, junto al río Guadalbullón y a tierras aptas para el cultivo. El actual ordenamiento urbano del oppidum, construido sobre un poblado de cabañas de finales del siglo IX a.C., se consolida entre los siglos VII a.C. y IV a.C., se erige un potente sistema defensivo y el urbanismo del poblado se estructura en torno a ejes principales y secundarios, dando lugar a una ordenación urbana en torno a grandes núcleos de casas que forman manzanas y barrios singulares. El asentamiento fue abandonado aproximadamente a finales del siglo IV a.C. y fue nuevamente reocupado temporalmente en el siglo III a.C., seguramente en el transcurso de las acciones bélicas de la Segunda Guerra Púnica. Si bien se observan pocas diferencias en lo que a estructura del poblado respecta, sí se advierten cambios en la fortificación y en la utilización de los espacios.
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Complejo Palaciego: construido en el siglo V a.C., sufrió diversas modificaciones a lo largo de los siglos IV y III a.C. hasta adquirir la estructura que hoy se reconoce. El conjunto, de unos 400 m2, presenta dos partes bien diferenciadas. La primera y más noble se ordena en torno a un patio, más o menos cuadrado y enlosado, en el que dos columnas privilegian al norte un espacio reservado, en tanto una serie de pilares separa la parte occidental y la oriental del edificio que debieron tener funciones muy diferentes, públicas al oeste y privadas al este, donde seguramente existiría una segunda planta (se trata de una división de ambientes frecuente en los edificios de este tipo del Mediterráneo Antiguo). Los visitantes accederían desde el sur del edificio a través de un vestíbulo enlosado y escalones que salvarían la diferencia de cota entre la puerta y el patio. En la esquina noroeste del palacio un segundo patio constituiría un espacio de culto con una cela situada al fondo y en el que un betilo marcaría el acceso directamente desde la calle (si bien se conectaba por el interior con el resto del edificio). Por último, un sistema de canales realizados con piedra haría circular el agua por el interior de la casa hacia dos aljibes situados uno en el interior y otro en el exterior. Por el sureste se adosaba al edificio central un segundo cuerpo rectangular conformado, al menos para la fase más tardía del III a.C., por tres naves que se cerraban ante un potente muro exterior. Este segundo cuerpo parece que atendería las funciones relacionadas con los servicios del palacio. Así se hace notar por la presencia de silos, cubetas, hornos, canales de agua, etc. De este modo, el edificio se configuraría en una planta con forma de L. Este complejo fue construido sobre cimentación de piedra con tapial y adobe y entre los hallazgos documentados en el proceso de excavación se ha constatado que el uso del yeso y la cal fue habitual en las paredes, del mismo modo que los restos de estuco rojo destacarían el cuidado seguido en el tratamiento de sus superficies. Los enlosados y la pintura en rojo constituyeron por otra parte el tratamiento habitual de los suelos.
complejo palaciego complejo palaciego
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La Puerta Sur: construida en el siglo IV a.C., sufrió una importante reconstrucción en el siglo III a.C. La puerta original presenta un corredor monumental construido con mampostería de piedra de 15 m de longitud y 3,5 m de ancho, enmarcado entre dos muros que, en algún punto, alcanzan los 2 m de altura. A mitad del recorrido se ha documentado la presencia de dos cajas de piedra que finalizan en un estribo que, a su vez, avanza dos metros hacia el interior del corredor. Su función sería la de sostener la estructura de cubierta hasta la puerta de madera que cerraría la entrada (se conservan en posición secundaria los goznes en los que se insertaría dicha puerta). En el transcurso de la intervención arqueológica se ha documentado, además, la existencia de una estela antropomorfa que presenta dos brazos con las manos abiertas sobre el vientre y restos de un posible cinturón (no se advierten rasgos que definan el rostro o cualquier otro elemento figurativo). La estela, hallada en su posición original junto a una pequeña capilla lateral, en el centro del corredor ya unos 7 m de la puerta, representaría esquemáticamente a una divinidad femenina dedicada a la fertilidad. En relación con este hecho se ha documentado un ritual de fundacional de sacrificio de un grupo de cerdas preñadas (muy probablemente ofrecidas a la divinidad representada en la piedra), que fueron enterradas bajo una cista de piedra cubierta con dos grandes piezas cúbicas, en cuyo interior también se dispusieron dos mandíbulas de cerda. A todo ello se une que se ha podido comprobar que la puerta está perfectamente orientada al Este, vinculándose dicha orientación con un ritual relacionado con los equinoccios. Cuando el sol sale pasa justo por el centro de la puerta y su luz ilumina a la estela por completo, empezando por la cabeza y terminando en los pies. Luego, la disposición de la propia puerta provoca que, a medida que el sol va ascendiendo, caiga la sombra sobre la estela, provocando el ocultamiento de la misma, creado un efecto mágico de "aparición y desaparición de la diosa". Este rito se reproduce en diversos puntos del Mediterráneo (Italia y Grecia), en Oriente Próximo y dentro de la Cultura Ibérica en la propia provincia de Jaén, en el Santuario Ibero de Castellar.
equinoccio estela antropomorfa estela antropomorfa
A raíz de los resultados se han podido documentar experimentalmente aspectos muy importantes de la religiosidad de los íberos; una religiosidad que estaría en relación muy directa con los ciclos anuales y con la agricultura (la base fundamental de sustento de estos pueblos).
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