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PENÍNSULA
IBÉRICA - CULTURA CELTA - GALAICOS |
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LA ARQUITECTURA DE LOS CASTROS
Una de las características que diferencian la Cultura
Castrexa de otros asentamientos de la Edad del Hierro son las
peculiaridades de su arquitectura; principalmente el tamaño
relativamente reducido de sus habitaciones y la presencia mayoritaria
de la planta circular. El ordenamiento urbano de los castros
galaicos se puede observar a dos niveles: uno a escala reducida,
que tiene que ver con la ordenación del espacio doméstico,
y otro a una escala más amplia, que se refiere al ordenamiento
de todo el poblado.
La muralla es el elemento que organiza el interior del poblado.
Su paramento interior queda por lo general libre de construcciones
adosadas y crea un espacio a modo de camino de ronda que va
a ser de gran interés en el acceso a las viviendas de
la población. Si bien, en un principio, consistía
en simples terraplenes coronados por empalizadas de madera,
pronto aparecieron grandes fortificaciones de muros dobles,
construidos normalmente en mampostería o sillarejo y
con un espacio intermedio relleno de tierra o piedras más
pequeñas (lo que permitía grosores de murallas
de varios metros), que fueron haciéndose más consistentes
con el paso del tiempo. En las murallas se abrían puertas,
a veces monumentales, flanqueadas por torreones u otros dispositivos
defensivos, dispuestos de formas muy diversas.
A nivel general, la ordenación de los castros seguía
las pautas marcadas por el propio terreno. La trama urbana adquiría
un aspecto orgánico, con células habitacionales
comunicadas por veredas estrechas que evitaban los desniveles.
Mientras que en los primeros poblados, la única vía
identificable dentro del recinto era una ronda perimetral entre
las construcciones y la muralla, en los grandes castros coetáneos
o posteriores a la conquista romana, se construyeron grandes
ejes viarios que los atravesaban de una parte a otra, y una
parcelación mucho más regular. Los últimos
aspectos que hablan de una planificación urbanística
de modelo tradicional son los aljibes y la compleja red de canales
de drenaje que circulan bajo los suelos.
Traspasando el umbral de la entrada al poblado, la imagen se
corresponde con un conjunto abigarrado y mas o menos apelotonado
de construcciones en las que parece primar por sobre todas las
cosas el desorden (aunque nada está más lejos
de la realidad). Cuando se analiza con detenimiento la distribución
de las construcciones en los castros, se llega a la conclusión
que bajo este aparente caos se esconde un urbanismo muy depurado
y, sobre todo, perfectamente adaptado a las características
del terreno y a la organización social galaica. Se crean,
unidades de cabañas (generalmente entre cuatro y ocho)
relativamente independientes del resto del poblado y que es
de suponer estarían habitadas por individuos con lazos
de sangre, de ahí que en la bibliografía especializada
se suela denominar a estas agrupaciones “unidades familiares”.
En lo que respecta a la planta circular han sido formuladas
numerosas hipótesis en torno a su posible origen y las
causas de su pervivencia hasta los primeros siglos de nuestra
era. De todas parece más razonable la hipótesis
de su endogénesis, a partir de las construcciones circulares
hechas de materiales vegetales (vivienda de las poblaciones
de la Edad del Bronce) que tuvieron una larga pervivencia a
lo largo de todo el primer milenio a.C. Hoy por hoy se puede
afirmar que las cabañas de piedra no son necesariamente
posteriores a las cabañas vegetales. Esta opinión
se ha generalizado por la constatación del hecho de que
si bien en muchos castros donde existen varios niveles de ocupación,
como por ejemplo Castromao, las cabañas vegetales aparecen
en los niveles más antiguos, mientras que las construcciones
pétreas generalmente aparecen en los más modernos,
en otros castros se han datado niveles de construcciones pétreas
en el periodo formativo de la Cultura Castrexa (entre los siglos
IX y VII a.C.).
Las habitaciones de los castros suelen ocupar superficies reducidas,
en comparación con los oppida ibéricos. Mientras
que las habitaciones de planta rectangular de Puig de Castellet,
por ejemplo, superan los 50 m2 de superficie, las habitaciones
circulares de los castros suelen estar por debajo de los 5 m
de diámetro, y abarcar por lo tanto menos de 20 m2. Esto
guarda relación con el tipo de cubiertas empleado, y
con la adaptación de la arquitectura al clima (las cubiertas
de paja son efectivas con inclinaciones de 45 a 50º, por
lo que no son aptas para cubrir grandes superficies de planta
angular). Dentro de estas unidades habitacionales se han podido
distinguir recintos utilizados como habitación, de dimensiones
uniformes, mejor acabado técnico, con hogar interior
bien estructurado, umbral de entrada a nivel de suelo, además
de otros detalles de menor interés; de otros de diferente
función como almacenes o graneros, que suelen tener el
piso más elevado que el nivel exterior (para proteger
el suelo de la humedad) y que generalmente tienen puertas elevadas
sobre el terreno circundante (al parecer para protegerlo de
la penetración de las alimañas). El aparejo más
frecuente adoptado por las construcciones de piedra es una mampostería
dispuesta en paralelo, más cuidada hacia el exterior
que hacia el interior (en los castros más tardíos
se pueden encontrar ejemplos notables de cantería). También
se han conservado restos de enlucidos interiores y exteriores,
sobre todo en castros de la zona Sur, que muestran evidencias
de que las casas pudieron estar pintadas de colores blanco,
azul y/o rojo. Los cimientos son poco profundos, dado que tampoco
debieron soportar grandes presiones. Los techos eran generalmente
cónicos, de paja, sostenidos por vigas apoyadas en un
pie derecho central y/o en los propios muros.
Si bien los comedores y las habitaciones eran frecuentemente
la misma cosa, se puede diferenciar a los primeros por poseer
en su interior y a lo largo de todo el muro, un banco de piedra
corrido, que se corresponde con la referencia de Estrabón
a la costumbre de los Galaicos de comer sentados en círculo,
siguiendo el orden de la edad y la dignidad. Esta disposición
protocolaria, la única que nos citan las fuentes, alude
posiblemente al hecho de ser el banquete un mecanismo de redistribución
de los bienes, al tiempo que una manifestación y un refuerzo
de los lazos de poder y de dependencia de las jefaturas en los
castros. A esta hipótesis la refuerza el hecho de encontrar
grandes construcciones, como la gran cabaña circular
de la Citânia de Briteiros, con sus 11 m de diámetro
y su banco corrido alrededor del muro, que no pudo ser otra
cosa que un lugar de reunión de los individuos representativos
de los estratos sociales más altos de este gran poblado.
Aunque gran parte de la actividad artesanal de los castros se
realizaba dentro de la propia vivienda (el hilado, el tejido,
la reparación de la cerámica y la elaboración
de utensilios metálicos), se han podido reconocer construcciones,
normalmente ubicadas en las inmediaciones de las murallas, dedicadas
en forma exclusiva a una actividad industrial (curtido, metalurgia,
etc.). |
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