Sitio web arqueomas.comarqueomas.comIr a InicioIr a DirectorioIr a BibliografíaIr a ContactaIr a RSS - Novedades
Península Ibérica
Paleolítico y Neolítico
Calcolítico y Los Millares
Arte Rupestre
El Megalitismo
Bronce y El Argar
Tartessos-Colonización
Cultura Ibérica
Cultura Talayótica
Cultura Celta - Vettones
Cultura Celta - Galaicos
Cultura Celtibérica
Romanización
Ingeniería Romana
Ruralización
Reino Visigodo
Islam y al-Andalus
Prerrománico
Románico
Egipto
Italia
Los Etruscos
Roma
África
Túnez - África Romana

Alojamientos amigos
Enlaces
ISLAS  BALEARES  -  CULTURA  TALAYÓTICA

LA PERIODIFICACIÓN

Durante el bronce final, entre el 1300 y el 900 a.C., tuvieron lugar innovaciones muy importantes en el ámbito de la tecnología de las comunidades isleñas (un salto cualitativo en la metalurgia y nuevos tipos y formas cerámicas) que obligaron a desarrollar nuevas y eficaces estrategias de contacto con el exterior para proveerse de materias primas. Este contacto produjo un cambio en el sistema de las comunidades campesinas que, a partir de un incremento notable de la producción, comenzaron a acumular excedentes. Este hecho, a su vez, contribuyó en la consolidación de los roles de determinadas elites. Pese a todo, el reparto, la organización y la gestión territorial no parece que se vieran afectados. Sin embargo, entre el 900 y el 800 a.C. las cosas cambiaron radicalmente: los asentamientos se despoblaron y abandonaron. En algunos casos incluso se levantaron construcciones turriformes aprovechando las antiguas casas como cimentación; es decir, se arrasaron los poblados habitados durante el Bronce Final y se reconvirtieron en lugares donde ubicar arquitectura de prestigio, con una función social y ritual muy alejada de la función de vivienda que originalmente tuvieron las construcciones abandonadas.
Los poblados de la Edad del Hierro cambiaron igualmente la fisonomía. La concepción de asentamiento en orden disperso y sin fortificaciones, propio de la Edad del Bronce, dio paso a estructuras comunales en orden cerrado, fortificadas con potentes murallas, en las que se apiñan unidades domésticas y arquitectura de prestigio siguiendo un sistema similar a los oppida. Por otro lado, el territorio se señalizó con construcciones turriformes monumentales y de alto valor simbólico para la comunidad. Si bien el momento del cambio entre el Bronce Final y la Edad del Hierro no ofrece hoy muchas dudas, las causas del mismo son bastante más oscuras. Seguramente una convergencia de factores externos, junto a otras causas endógenas de orden económico y social, por el momento poco conocidas, se combinaron y dieron como resultado el surgimiento de la Cultura Talayótica.

Los primeros asentamientos talayóticos

Si se acepta que el rasgo que caracteriza a la Cultura Talayótica es una particular forma de asentamiento, junto a la proliferación de arquitectura turriforme (entre ellas el talayot), una de las formas más convenientes para establecer una cronología es el recurrir a elementos constructivos que puedan relacionarse de forma incuestionable con la propia construcción de estos edificios. En la construcción del talayot de Sant Agustí se emplearon varios troncos de acebuche a modo de vigas en la cubierta de la cámara. A partir de un fragmento de madera de una de estas vigas se obtuvo una datación que va del 1000 al 810 a.C. En las excavaciones realizadas en el poblado talayótico de Biniparratx, a partir de muestras que fueron obtenidas en el paleo-suelo que quedó sellado bajo la propia construcción al erigirse el turriforme, se obtuvo una datación que va del 1050 al 800 a.C. A partir de esta muestra de datos se puede concluir que la Cultura Talayótica se inició aproximadamente en el 850 a.C. (en todo caso no antes del 950-900 a.C.) cuando se generalizan los abandonos de naviformes y se construyen la mayoría de los talayots. Otro marcador de cambio en las señales de identidad de los asentamientos talayóticos de hábitat es la aparición de murallas. A partir de dataciones absolutas realizadas en el poblado de ses Païsses, se pudo establecer que su construcción no se produjo antes del 820-760 a.C. La aparición de nuevas tradiciones y prácticas funerarias desconocidas hasta entonces en las islas es otro indicador de un claro cambio cultural. Se ha comprobado que algunas necrópolis del bronce final como la Cova des Pas fueron abandonadas entre el 850-800 a.C., dando paso a otras en las que los ritos funerarios resultan radicalmente distintos (cremación y empleo de cal).

Los poblados sin talayots

La “fiebre” constructora que sembró el paisaje balear de talayots no duró mucho tiempo (a poco de construirse muchos fueron abandonados). El hecho que en muchos de los casos el abandono se produjera tras importantes incendios, hace pensar en la posibilidad de destrucciones intencionadas. En este sentido, la presencia de restos humanos en algunos turriformes permite considerar la posibilidad de que se tratase de enterramientos de personajes significativos en arquitecturas palaciegas o de prestigio, seguido de un incendio ritual intencionado (comprobado en algunas culturas protohistóricas de la Edad del Hierro). A pesar de la incertidumbre que generan las dataciones, la hipótesis de que la edificación de los talayots se corresponde con un período relativamente corto, 900 al 800 a.C., se ve reforzada a partir del estudio de poblados sin talayots que comenzaron a funcionar en un momento temprano de la Cultura Talayótica.

Postalyótico

Dado que las principales fases de la historia de las islas fueron definidas a través de paradigmas arquitectónicos, puede establecerse que el inicio del período postalayótico se corresponde con el abandono y/o amortización de muchos turriformes, en un intervalo temporal que va del 600 al 500 a.C. (seguramente más próximo al 600 a.C.). En este tiempo la antigua colonia de Ebusus, fundada por los fenicios de occidente, recibió aportes poblacionales de gentes púnicas de Cerdeña y Cartago y alcanzó un desarrollo extraordinario, hecho que tuvo una repercusión notable en las otras islas. A finales del siglo V a.C. la presión colonizadora de los púnicos sobre los aborígenes baleáricos dio un giro significativo a partir de la instalación de establecimientos costeros y constantes levas de mercenarios que eran enrolados en los ejércitos cartagineses. Si bien las comunidades prehistóricas isleñas habían formado parte de la periferia indígena de los sistemas globales de intercambio del Mediterráneo protohistórico, sin perder un importante nivel de autonomía, el intercambio desigual que se produjo en el postalayótico alcanzó cotas tales que se produjeron claras relaciones de dominación y seguramente de resistencia, como parecen reflejar algunas fuentes escritas que hacen referencia a las últimas levas de mercenarios de la Segunda Guerra Púnica.
Ir arriba     Volver
2006-2011Ir a InicioIr a Acerca deIr a Aviso legalIr a RSS - Novedades