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ISLAS
BALEARES - CULTURA TALAYÓTICA |
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LA PERIODIFICACIÓN
Durante el bronce final, entre el 1300 y el 900 a.C., tuvieron
lugar innovaciones muy importantes en el ámbito de la
tecnología de las comunidades isleñas (un salto
cualitativo en la metalurgia y nuevos tipos y formas cerámicas)
que obligaron a desarrollar nuevas y eficaces estrategias de
contacto con el exterior para proveerse de materias primas.
Este contacto produjo un cambio en el sistema de las comunidades
campesinas que, a partir de un incremento notable de la producción,
comenzaron a acumular excedentes. Este hecho, a su vez, contribuyó
en la consolidación de los roles de determinadas elites.
Pese a todo, el reparto, la organización y la gestión
territorial no parece que se vieran afectados. Sin embargo,
entre el 900 y el 800 a.C. las cosas cambiaron radicalmente:
los asentamientos se despoblaron y abandonaron. En algunos casos
incluso se levantaron construcciones turriformes aprovechando
las antiguas casas como cimentación; es decir, se arrasaron
los poblados habitados durante el Bronce Final y se reconvirtieron
en lugares donde ubicar arquitectura de prestigio, con una función
social y ritual muy alejada de la función de vivienda
que originalmente tuvieron las construcciones abandonadas.
Los poblados de la Edad del Hierro cambiaron igualmente la fisonomía.
La concepción de asentamiento en orden disperso y sin
fortificaciones, propio de la Edad del Bronce, dio paso a estructuras
comunales en orden cerrado, fortificadas con potentes murallas,
en las que se apiñan unidades domésticas y arquitectura
de prestigio siguiendo un sistema similar a los oppida.
Por otro lado, el territorio se señalizó con construcciones
turriformes monumentales y de alto valor simbólico para
la comunidad. Si bien el momento del cambio entre el Bronce
Final y la Edad del Hierro no ofrece hoy muchas dudas, las causas
del mismo son bastante más oscuras. Seguramente una convergencia
de factores externos, junto a otras causas endógenas
de orden económico y social, por el momento poco conocidas,
se combinaron y dieron como resultado el surgimiento de la Cultura
Talayótica. |
Los primeros asentamientos
talayóticos
Si se acepta que el rasgo que caracteriza a la Cultura Talayótica
es una particular forma de asentamiento, junto a la proliferación
de arquitectura turriforme (entre ellas el talayot), una de
las formas más convenientes para establecer una cronología
es el recurrir a elementos constructivos que puedan relacionarse
de forma incuestionable con la propia construcción de
estos edificios. En la construcción del talayot de Sant
Agustí se emplearon varios troncos de acebuche a modo
de vigas en la cubierta de la cámara. A partir de un
fragmento de madera de una de estas vigas se obtuvo una datación
que va del 1000 al 810 a.C. En las excavaciones realizadas en
el poblado talayótico de Biniparratx, a partir de muestras
que fueron obtenidas en el paleo-suelo que quedó sellado
bajo la propia construcción al erigirse el turriforme,
se obtuvo una datación que va del 1050 al 800 a.C. A
partir de esta muestra de datos se puede concluir que la Cultura
Talayótica se inició aproximadamente en el 850
a.C. (en todo caso no antes del 950-900 a.C.) cuando se generalizan
los abandonos de naviformes y se construyen la mayoría
de los talayots. Otro marcador de cambio en las señales
de identidad de los asentamientos talayóticos de hábitat
es la aparición de murallas. A partir de dataciones absolutas
realizadas en el poblado de ses Païsses, se pudo establecer
que su construcción no se produjo antes del 820-760 a.C.
La aparición de nuevas tradiciones y prácticas
funerarias desconocidas hasta entonces en las islas es otro
indicador de un claro cambio cultural. Se ha comprobado que
algunas necrópolis del bronce final como la Cova des
Pas fueron abandonadas entre el 850-800 a.C., dando paso a otras
en las que los ritos funerarios resultan radicalmente distintos
(cremación y empleo de cal). |
Los poblados sin talayots
La “fiebre” constructora que sembró el paisaje
balear de talayots no duró mucho tiempo (a poco de construirse
muchos fueron abandonados). El hecho que en muchos de los casos
el abandono se produjera tras importantes incendios, hace pensar
en la posibilidad de destrucciones intencionadas. En este sentido,
la presencia de restos humanos en algunos turriformes permite
considerar la posibilidad de que se tratase de enterramientos
de personajes significativos en arquitecturas palaciegas o de
prestigio, seguido de un incendio ritual intencionado (comprobado
en algunas culturas protohistóricas de la Edad del Hierro).
A pesar de la incertidumbre que generan las dataciones, la hipótesis
de que la edificación de los talayots se corresponde
con un período relativamente corto, 900 al 800 a.C.,
se ve reforzada a partir del estudio de poblados sin talayots
que comenzaron a funcionar en un momento temprano de la Cultura
Talayótica. |
Postalyótico
Dado que las principales fases de la historia de las islas fueron
definidas a través de paradigmas arquitectónicos,
puede establecerse que el inicio del período postalayótico
se corresponde con el abandono y/o amortización de muchos
turriformes, en un intervalo temporal que va del 600 al 500
a.C. (seguramente más próximo al 600 a.C.). En
este tiempo la antigua colonia de Ebusus, fundada por los fenicios
de occidente, recibió aportes poblacionales de gentes
púnicas de Cerdeña y Cartago y alcanzó
un desarrollo extraordinario, hecho que tuvo una repercusión
notable en las otras islas. A finales del siglo V a.C. la presión
colonizadora de los púnicos sobre los aborígenes
baleáricos dio un giro significativo a partir de la instalación
de establecimientos costeros y constantes levas de mercenarios
que eran enrolados en los ejércitos cartagineses. Si
bien las comunidades prehistóricas isleñas habían
formado parte de la periferia indígena de los sistemas
globales de intercambio del Mediterráneo protohistórico,
sin perder un importante nivel de autonomía, el intercambio
desigual que se produjo en el postalayótico alcanzó
cotas tales que se produjeron claras relaciones de dominación
y seguramente de resistencia, como parecen reflejar algunas
fuentes escritas que hacen referencia a las últimas levas
de mercenarios de la Segunda Guerra Púnica. |
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