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ISLAS
BALEARES - CULTURA TALAYÓTICA |
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LAS NECRÓPOLIS
En los inicios de la Edad del Hierro se produjeron importantes
cambios en las prácticas sociales relacionadas con la
muerte. Dado que la introducción de nuevos rituales no
se produjo antes del 850-800 a.C., se refuerza una vez más
la tesis de que la Cultura Talayótica no inició
su andadura antes de esas fechas. Si bien hasta el 800-700 a.C.,
en las prácticas funerarias de las comunidades talayóticas
de Menorca, se siguieron utilizando antiguas necrópolis
originarias del Bronce Final (cuevas naturales con muro de cierre
ciclópeo o las navetas funerarias), finalmente éstas
fueron definitivamente abandonadas. A partir del 900 a.C. comenzaron
a aparecer los hipogeos excavados en las paredes de barrancos
y acantilados, agrupados en auténticas necrópolis.
Cuevas naturales con muro de
cierre ciclópeo: si bien el talayótico
supuso el final del uso de muchas cuevas que venían
utilizándose desde hacía un largo tiempo, diversos
estudios demuestran que, en algunos abrigos, la práctica
de inhumaciones colectivas continuó realizándose
en estos sitios.
Navetas funerarias: su
uso fue frecuente entre el 1.050 y el 800 a.C. (a pesar de
que su origen deba situarse hacia el 1.400 a.C.). A partir
del 800 a.C. se continuaron practicando algunas inhumaciones
aunque en forma muy esporádica.
Hipogeos de planta sencilla:
esta práctica funeraria fue utilizada entre 900 y el
750 a.C. Generalmente se trata de tumbas de una sola cámara,
excavadas en las paredes de barrancos y acantilados marinos,
que se caracterizan por ser de planta sencilla, normalmente
ovalada, con una boca de entrada semicircular o rectangular
(apaisada o vertical) y una cámara pequeña de
entre tres y veinte metros cuadrados de superficie y de techo
bajo (en forma de ligera bóveda o aplanado). En algunas
ocasiones disponen de un pequeño banco corrido en el
fondo del testero y nichos u hornacinas a media altura de
la pared, excavados a expensas de la propia roca madre. Su
acceso resultaría complicado, puesto que se abren en
paredes verticales a cierta altura (en ocasiones a más
de veinte metros). Una de las principales novedades que aportan
este tipo de hipogeos es el que pueden aparecer tanto aislados
como en grandes concentraciones formando auténticas
necrópolis.
Hipogeos de planta compleja:
algunas dataciones procedentes del hipogeo XXI de Calascoves
indican que, entre el 800 y el 400 a.C., este espacio funerario
fue utilizado por una comunidad menorquina. El hipogeo XXI tiene
planta pseudorectangular de esquinas redondeadas (de unos 63m2
de superficie) con un pilar exento en el centro de la cámara.
Este hipogeo es el único de todo el conjunto de la necrópolis
de Calascoves (con 90 hipogeos catalogados) que posee columna,
hecho que podría indicar una concepción simbólica
especial de la comunidad que realizó enterramientos en
este espacio.
En el postalayótico de Menorca resurgieron antiguas
prácticas funerarias: inhumaciones colectivas en cuevas
y abrigos naturales, nuevos hipogeos de planta compleja, y
ya, hacia el siglo III-II a.C., la construcción de
cistas individuales junto al mar.
Hipogeos: aparecen conformando
grandes necrópolis, de 20 o 30 tumbas, que se abren
en paredes de acantilados marinos y barrancos del interior.
Su configuración suele responder a patrones regulares:
cámaras espaciosas de tendencia circular (150 m2 de
media), con pilares y columnas de carácter simbólico
en su interior (algunas reproducen fielmente la forma de taulas),
con techos planos de más de dos metros de altura que
permiten la circulación de personas por su interior
y con portal rectangular de acceso (en algunos casos decorado
con elementos arquitectónicos de inspiración
púnica y etrusca). No hay datos respecto del número
de personas inhumadas, aunque todo apunta a que podrían
oscilar entre las 150 y las 200 (auténticos panteones
familiares, en los que el culto a los antepasados difuntos
debe de haber jugado un papel muy importante en los ritos
funerarios). El estudio arqueológico de distintos yacimientos
con este tipo de inhumaciones ha desvelado que se realizaban
enterramientos en ataúdes de madera y en cal y que
los ajuares funerarios estaban compuestos de elementos numerosos
y variados.
Cuevas naturales: algunas
cuevas con muro ciclópeo se mantuvieron en uso durante
largo tiempo.
Fosas individuales: de
reducidas dimensiones y delimitadas y cubiertas por piedras
irregulares. |
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