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Localización: seguir
las indicaciones desde la localidad de Garray.
Grado de Accesibilidad: Bueno
– Acceso señalizado – Posee cuadros explicativos
- Museo y Centro de Interpretación.
Cronología: siglo VII
a.C. al siglo IV d.C.
Descripción: el yacimiento,
que ocupa una superficie de 6 ha, se encuentra situado en el
cerro de la Muela, en la confluencia de los ríos Duero
y Tera. No está muy claro si se trata de un poblado que
pertenecía al pueblo de los pelendones o de los arévacos.
En este sentido, Plinio afirma que es una ciudad pelendona,
aunque otros autores como Estrabón la sitúan entre
los arévacos. La amplia superficie excavada aporta pocas
referencias de la ciudad más antigua (destruida en el
133 a.C.), ofreciendo una mejor información de la ciudad
celtíbera del siglo I a.C. y de la romana imperial. Presenta
una ordenación en retícula irregular, sin dejar
espacios libres o plazas, con un sistema defensivo compuesto
por una muralla reforzada por varios torreones, con cuatro puertas
de acceso. Empedradas con cantos rodados, las calles se orientan
en dirección este-oeste para protegerse del frío.
Las viviendas, de unos 50 m2, constan de dos o tres estancias
interiores: el vestíbulo, la gran habitación central
donde se situaba el hogar y la despensa al fondo donde se guardaban
las provisiones. Se cree que durante la ocupación prerromana
su principal fuente económica era la ganadería
(hay constancia de pagos a otros pueblos por medio de pieles
de buey o de capas de lana en grandes cantidades). La agricultura
no fue una actividad muy importante en la estructura comercial
de los numantinos. A fin de suplantar esta y otras carencias,
se sabe que mantuvieron relaciones comerciales con diversos
pueblos cercanos para adquirir productos de primera necesidad.
Entre estos últimos, se cuentan especialmente los vacceos,
que les proporcionaban trigo y otros cereales. |
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Conquista y asedio de Numancia:
el cónsul Quinto Cecilio Metelo "el Macedónico",
que había conquistado y sometido gran parte de la Península,
conquistó la mayoría de las ciudades de los arévacos,
vacceos y pelendones, pero se le resistieron Numancia y Tiermes.
En el año 153 a.C. los habitantes de Segeda, que habían
combatido a las órdenes de Viriato en el país
de los arévacos, hicieron frente a las legiones consulares
de Fulvio Nobilior, quien dejó 6.000 hombres en la batalla
siendo obligado a huir hasta que la caballería romana
que iba a retaguardia convirtió en derrota el anterior
triunfo. Los arévacos supervivientes se refugiaron en
Numancia y decidieron continuar las hostilidades. Tres días
después Fulvio Nobilior se presentó a las puertas
de Numancia con un ejército cuya primera línea
estaba formada por 10 elefantes, hecho que provocó que
los numantinos corrieran a refugiarse en su ciudad. Tras ser
herido por una pedrada, uno de los elefantes se volvió
contra los legionarios, siendo imitado por los restantes, causando
numerosas víctimas entre los propios asaltantes. El ataque
que siguió a continuación a los desbandados romanos,
hizo que las víctimas se fijaran en 4.000. Fulvio Nobilior
no quiso intentar nada más e invernó en su campamento
con escasez de víveres, a la vez que recibía continuos
ataques de los numantinos. Llegada la primavera en el 152 a.C.,
Quinto Pompeyo relevó a Nobilior. Si bien disponía
de 30.000 soldados y 2.000 jinetes, los fue perdiendo en las
numerosas emboscadas hasta que, cansado, intentó sitiar
a la ciudad por hambre. Este hecho provocó la reacción
de los numantinos que, además de evitar el sitio, volvieron
a causar numerosas pérdidas. Trató de terminar
la guerra intercambiando rehenes, prisioneros y desertores y
recibió de los numantinos cierta cantidad de dinero,
en definitiva, pactó con ellos. Al ser sustituido por
Marco Popilio Lenas, el pacto (considerado vergonzoso) fue anulado
por el Senado de Roma y se decidió continuar con la guerra.
A Popilio le sustituyó Cayo Hostilio Mancino, cuyo fracaso
fue superior a los anteriores puesto que cuantas veces como
peleó con los numantinos, fue vencido. Mancino firma
la paz, pero es desautorizado por el senado de Roma que la considera
deshonrosa. Como castigo, es humillado por los propios romanos
ante las murallas del poblado. En sustitución fue enviado
el cónsul Marco Emilio Lépido que, al ser derrotado
en Numancia, decidió seguir hasta la zona de los vacceos
y sitió Pallantia. Tras cuatros años de ataques,
también fracasó. Este cúmulo de humillaciones
decidió a Roma que, en el año 134 a.C., envió
a su mejor soldado, el vencedor de Cartago, Publio Cornelio
Escipión Emiliano "el Africano". Éste,
tras reunir un cuerpo de ejército de 4.000 hombres, se
trasladó a la Península donde le aguardaban fuerzas
más numerosas. Cauto y sagaz, Escipión concibió
el plan de guerra de reducir, cercar y sitiar a los numantinos
hasta que, faltos de fuerza, se rindieran. Según Apiano,
Escipión no hizo caso de las frecuentes salidas con las
que los numantinos lo provocaban y cercó la ciudad con
siete fuertes, un foso y un vallado. Habiendo reunido un ejército
de 60.000 hombres, destinó la mitad de las fuerzas para
guardar el muro, preparó 20.000 hombres para las salidas
que fueren necesarias y dejó de reserva otros 10.000.
Tras quince meses de asedio la ciudad cayó vencida por
el hambre en el verano del 133 a.C. Sus habitantes prefirieron
el suicidio a entregarse e incendiaron la ciudad para que no
cayera en manos de los romanos. Tras la victoria Escipión
ahora "el Numantino", regresó a Roma y celebró
su triunfo. |
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