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LA  HOYA

Localización: el yacimiento, que ocupa una superficie de 4 ha, se sitúa en las proximidades de la Villa de Laguardia.

Grado de Accesibilidad: Bueno – Acceso señalizado – Posee cuadros explicativos - Museo y Centro de Interpretación.

Cronología: siglo XII a.C. al siglo III a.C.

Descripción: el yacimiento se encuentra situado en un terreno llano, sin defensa natural, en un cruce de caminos que unía las tierras ribereñas del Ebro, en la Rioja Alavesa, con las septentrionales de la Montaña Alavesa y con los caminos que discurren en dirección este-oeste, al pie de la Sierra de Cantabria.
Entre el 1200 y el 450 V a.C. (Bronce Final y Primera Edad del Hierro) se desarrolló la primera fase de ocupación del poblado, primero defendido por una empalizada de madera y, posteriormente, con una muralla de mampostería. Las viviendas, que se situaban perimetralmente junto a la muralla, también muestran una cierta evolución: las más antiguas fueron realizadas en base a postes de madera acuñados en la roca natural y con paredes de entramado vegetal manteado de barro y las posteriores de piedra y adobe, unas junto a otras compartiendo muros laterales, con techumbres vegetales. En este período se utilizó utillaje de bronce, en menor medida de piedra y hueso, y cerámica realizada a mano. La economía estaba basada en la agricultura cerealista, la ganadería, la caza y la recolección.
En el transcurso de la segunda fase de ocupación, que se desarrolló entre el 450 y el 250 a.C. (Segunda Edad del Hierro), se produjo una profunda reestructuración del poblado de la mano de un cambio cultural de índole celtiberizante. La muralla se hizo más potente, constatándose rituales de fundación en la presencia de cuernas de ciervo entre sus hiladas inferiores. El poblado se organizó con una nueva preocupación urbanística distribuyéndose las viviendas en manzanas en torno a las calles y plazas pavimentadas con piedras o asentadas directamente sobre la roca y dotadas de aceras y piedras pasaderas (en la plaza de acceso al poblado por el sur se ven todavía las huellas dejadas por los carros en la piedra arenisca). En general, las calles estaban hechas para la circulación peatonal ya que la estrechez de algunas de ellas y las piedras pasaderas impedirían el paso de carros. Las viviendas, algunas bastante grandes, se organizaron en torno a los viales, agrupadas y compartiendo muros medianeros. Fueron construidas con zócalos de piedra, paredes de adobe y techumbres de materias vegetales, con una distribución interna en tres estancias: vestíbulo, habitación principal y área de almacenaje.
En este período llegaron desde el Valle del Ebro las innovaciones técnicas y económicas propias del mundo celtibérico: el desarrollo de la metalurgia del hierro, metal con el que se fabricaron armas y herramientas que potenciarían el rendimiento agrícola; el torno rápido de alfarero, con el que se crearían nuevos tipos de recipientes destinados al uso en mesa y almacenaje y el molino circular adaptado a la molienda de los cereales panificables. La agricultura de producción de cereales conoció un desarrollo tan espectacular que, con el excedente y a través del trueque, se posibilitó el acceso a productos manufacturados producidos fuera del poblado. Si bien en este período comenzaron a surgir centros metalúrgicos y alfareros especializados en la aplicación de las nuevas tecnologías, se mantuvieron las actividades artesanales para obtener una buena parte de los elementos necesarios para sus pobladores. La Hoya se convirtió en esta fase en un importante centro de intercambios y servicios que vertebraría un amplio territorio en su entorno, determinados objetos de hierro y las cerámicas de tipo celtibérico fueron importados de otros lugares mediante el intercambio comercial (en el transcurso de las excavaciones se han localizado algunas tiendas). El ataque, incendio y posterior derrumbe que sufrió el poblado en este período ha dejado interesantes datos in situ. De ellos se ha podido deducir que la destrucción tuvo lugar precisamente en un día de mercado en el que las mercancías estaban expuestas en las calles. Tras una ulterior reconstrucción, el poblado se abandonó en un momento impreciso del siglo III a.C., sin que al momento se conozcan las causas ni el destino de sus habitantes.
poblado poblado
poblado acceso sur y huellas de carros
Además de una abundante información sobre la vida cotidiana de sus habitantes, este yacimiento ha ofrecido datos interesantes sobre su mundo funerario. Se tiene constancia de que se enterraba a los niños muy pequeños dentro del poblado, en fosas excavadas bajo el suelo de las viviendas y solo en contadas ocasiones acompañados de ajuares funerarios. El hallazgo de una necrópolis en las proximidades del poblado, en su mayor parte enterramientos de guerreros de la Segunda Edad del Hierro, puso en evidencia la utilización del ritual funerario de incineración. Una selección de restos óseos cremados del individuo se depositaban en el interior de cistas de piedra junto a su ajuar, principalmente armas. Respecto de los ritos y cultos, si bien se trata de un punto complejo y de difícil interpretación, uno de sus aspectos parece corresponder a un cierto zoolatrismo. Así aparecen con cierta profusión representaciones de ofidios en pulseras de bronce (en un caso como elemento exento, en hierro, depositado sobre el suelo de una vivienda); representaciones de bóvidos en fíbulas, fragmentos de estelas y en una escultura zoomorfa y representaciones de caballos en fíbulas. De igual manera al ciervo debió de ofrecérsele un cierto culto como parecen indicarlo las cuernas colocadas en la cimentación de la muralla. Aparecen también reiteradamente algunos depósitos de restos jóvenes de animales rodeados por cistas de piedra enterrados en el suelo de ciertos recintos.
escultura estela funeraria
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