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PENÍNSULA
IBÉRICA - CALCOLÍTICO
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LA SOCIEDAD
El proceso poblacional que a veces comienza en el Neolítico
final o tránsito al Calcolítico se suele relacionar
con la aparición y expresión de desigualdades
sociales que, con interpretaciones diversas en lo relativo
a la naturaleza y las causas de las mismas, se entiende caracterizan
las sociedades complejas del calcolítico.
En el SE ya es clásico el estudio en términos
sociales de la necrópolis de Los Millares propuesto
por Renfrew y desarrollado por Chapman. Renfrew, tomando en
consideración el número de individuos recuperado
en la necrópolis, el número de habitantes que
se podía calcular para el poblado, así como
la duración del mismo, llegó a la conclusión
de que no toda la población tuvo acceso a ser enterrada
en la necrópolis, hipótesis actualmente bastante
extendida para la mayoría de las áreas peninsulares
con enterramientos colectivos. En el posterior estudio de
Chapman, admitiendo que cada tumba pertenece a un mismo grupo
parental amplio, se relaciona el esfuerzo invertido en los
diferentes tipos de construcciones funerarias (sencillas o
más complejas), el número de enterramiento por
construcción, así como su distribución
espacial interna, y la presencia o ausencia de elementos calificados
de prestigio como marfil, cuentas en cáscara de huevo
de avestruz, ámbar, azabache, calaíta, cobre
y cerámica pintada, simbólica y campaniforme.
La consideración de todas estas variables pone de manifiesto
que se pueden detectar diferencias, no a nivel individual
sino de linajes, entre las diferentes agrupaciones parentales
que, a su vez, sería una contradicción entre
una diferenciación emergente y el mantenimiento de
formas de enterramiento colectivas unificadoras.
De todas formas, la información funeraria debería
poder completarse con un conocimiento más extenso de
los poblados. En el interior de los asentamientos no se han
podido documentar diferencias arquitectónicas significativas
en cuanto a tamaño y complejidad entre las distintas
casas. En todo caso, las diferencias pueden apreciarse a partir
de la presencia o ausencia de determinados elementos de producción,
de actividades líticas o metalúrgicas que sirven
para constatar una cierta especialización de algunas
actividades o bien se pueden interpretar en términos
de una mayor o menor riqueza; por ejemplo, en Zambujal, la
coincidencia en algunas casas de actividades metalúrgicas
y de un mayor número de cerámica campaniforme
suele interpretarse en estos términos de mayor riqueza
y de un cierto prestigio ligado a las actividades metalúrgicas.
En aquellas zonas donde los trabajos de prospección
y excavación han permitido conocer un buen número
de asentamientos se acepta por lo general una jerarquización
de los poblados basándose en diferencias de tamaño
y riqueza de materiales, en la presencia o no de fortificaciones
y en la distribución de los asentamientos dominando
tierras de labor, de recursos metalúrgicos o líticos
o de control visual, lo que implica una incipiente complementariedad
y dependencia entre distintos asentamientos de una unidad
social o política que incluye varios poblados.
Durante mucho tiempo se ha considerado que el control de los
recursos mineros, de las actividades metalúrgicas y
de la circulación de las manufacturas es la causa que
desencadena la aparición de estas elites, el inicio
de la división del trabajo y la organización
jerarquizada de los asentamientos. Conceptos como economías
de bienes de prestigio, control de materias primas y de rutas
de intercambio se utilizan también para explicar la
complejidad social en la mayor parte de Europa. Todo ello
en un contexto de crecimiento y presión demográfica
que lleva a una intensificación agrícola.
Pero otras hipótesis tratan de buscar una explicación
en la organización de la explotación del suelo.
Nocete, a partir del estudio del poblamiento del Alto Guadalquivir,
propone un proceso gradual que se iniciaría con la
colonización agrícola durante el Neolítico
por parte de pequeños grupos, según un modelo
de tala y quema que solucionaría los problemas de la
presión demográfica y el agotamiento de los
suelos. Lo que caracteriza al poblamiento en una fase avanzada
del Calcolítico en la campiña de Jaén
es la diversidad de poblados en cuanto a tamaño, distribución
espacial y presencia o ausencia de elementos coercitivos como
murallas y puntas de flecha, así como de elementos
de producción agrícola, lo que se explica en
términos de diversidad funcional en un territorio organizado:
algunos poblados abiertos están orientados a la explotación
agropecuaria; otros de tamaño grande o pequeño
están fortificados y se sitúan tanto en el interior
como en la periferia del territorio primando con su ubicación
el control visual y la defensa, y no la producción
agrícola, lo que se documenta también por la
ausencia de utensilios agrícolas, por lo que se les
atribuye una función de control de los productores
y defensa del territorio. El consumo desigual de materias
primas y manufacturas exóticas o valiosas (como objetos
de cobre y cerámica campaniforme) serviría para
demostrar la capacidad de control de esos objetos de prestigio
por parte de los no productores.
Recientemente, otros investigadores como Cámara y Lizcano
ponen especial énfasis en el control de la fuerza de
trabajo para obtener riqueza, control que se ejercería
al principio sobre la capacidad reproductiva y productiva
de las mujeres y sobre la capacidad productiva de otros hombres
de fuera del grupo. Éstas serían las razones,
y no la necesidad de asegurar o mejorar la producción
agrícola, que explicarían la aparición
de poblados grandes y sus sistemas de cierre, fortificaciones
o zanjas. |
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