|
|
|
 |
 |
 |
|
PENÍNSULA
IBÉRICA - CALCOLÍTICO
y LOS MILLARES |
|
 |
 |
 |
|
LOS POBLADOS
En líneas generales, se puede afirmar que desde un
momento avanzado del Neolítico, algunas comunidades
van abandonando los hábitats en cueva en favor de asentamientos,
generalmente de mayor tamaño y estables. En el sudeste
se conocen algunos con ocupaciones largas que cubren varios
siglos, como La Peña de los Gitanos habitado desde
un Neolítico final hasta la Edad del Bronce, mientras
que otros, aun siendo permanentes y complejos son de menor
duración como el Malagón que sólo ocupó
el espacio cronológico del Calcolítico. Los
poblados que han servido para definir el período son
los de larga duración, con estructuras domésticas
sólidas y con una manifiesta preocupación defensiva
documentada por la elección de lugares destacados para
su ubicación y por la construcción de una o
varias líneas de murallas de piedra, a menudo reforzadas
por torres y bastiones de planta circular o cuadrada que rodean
todo el poblado o la parte más vulnerable del mismo.
Las necesidades defensivas están corroboradas por la
aparición de numerosas puntas de flecha de sílex
(tanto en los poblados como en los ajuares funerarios) y,
tanto en el poblado de Los Millares como en el de Zambujal,
por las pequeñas aberturas o saeteras en los lienzos
de muralla. En estos dos poblados, con complejas fortificaciones,
se ha podido estudiar cómo, a lo largo de su ocupación,
ha variado la estructura del asentamiento que aumenta o disminuye
el área de ocupación, mientras las murallas
son objeto de ampliación, reconstrucción, refuerzo
o inutilización según las circunstancias.
En algunos casos, la ocupación se plantea ya desde el
primer momento con fortificación, mientras que en otros,
ésta se construye tras una etapa de ocupación
abierta, como ocurre en Vilanova de San Pedro, el Cabezo de
Los Vientos (Huelva) o Los Castillejos de Montefrío.
Sin duda el asentamiento más llamativo es el de Los Millares.
Situado sobre un espolón en la confluencia de la rambla
del Huéchar con el río Andarax, en su emplazamiento
se planifica un espacio rodeado por tres líneas de fortificación
que, durante su época de apogeo, se refuerzan con torres
y bastiones y una gran muralla exterior en el espacio más
vulnerable entre los dos ríos, con una compleja estructura
defensiva de la puerta de entrada o barbacana. Durante las dos
últimas fases, definidas por la aparición de campaniforme
marítimo primero y de campaniforme inciso después
se constata una inutilización progresiva de las murallas
de modo que al final la ocupación quedó reducida
a la ciudadela. Lo más singular es la construcción
de una línea exterior de fortines (se han localizado
hasta 15) situados en las colinas al sur y al este del asentamiento,
con visibilidad entre ellos y sobre el poblado y la necrópolis
que se extiende por la suave pendiente frente a la muralla con
aproximadamente un centenar de tumbas, la mayoría tholoi.
El sistema constructivo de los fortines es similar al del poblado,
con una o varias murallas reforzadas con torres que rodean un
espacio central pequeño (unos 12 m de eje en el fortín
1) y que a veces pueden tener una torre central. Su función
defensiva del territorio de Los Millares parece innegable y
establecería una línea disuasoria frente a comunidades
muy próximas (aunque también desempeñaron
un papel como lugares de producción o almacenamiento).
En el sudeste y del mismo horizonte cultural se conocen otros
poblados fortificados como Almizaraque, Campos, El Tarajal
en Almería, el Cerro de la Virgen, El Malagón,
el Cerro de las Canteras en Granada o el Cabezo del Plomo
en Murcia. Los poblados fortificados suelen ser de dimensiones
reducidas y corresponden a agrupaciones pequeñas, pero,
en todo caso, superiores a las de etapas anteriores. Los dos
más grandes son Los Millares (5 ha) y El Malagón
(probablemente 7,5 ha) para los que se supone una población
de 1.000 y 1.500 habitantes, Cerro de la Virgen con 1,2 ha
y 240 habitantes, mientras que el resto son menores de 1 ha
con estimaciones de población en tomo al centenar.
Las casas son de planta circular, sin divisiones internas
y sólo el registro arqueológico permite deducir
alguna diferencia entre ellas en cuanto a la presencia o no
de actividades específicas como talleres de sílex
o metalúrgicos; no obstante, en Los Millares, las excavaciones
han dado a conocer alguna estructura de planta rectangular,
que se sale de la norma, aunque no hay una explicación
satisfactoria en cuanto a su función; también
aquí algunas torres de las murallas y algún
fortín se utilizaron como unidades de producción,
bien almacenamiento de cereales, bien talleres de sílex
o metalúrgicos.
En Portugal, Vilanova de San Pedro y Zambujal responden al mismo
interés defensivo, con la construcción de recintos
que durante la vida del poblado se multiplican y refuerzan con
torres, bastiones y barbacanas; la mayoría son de nueva
planta y rodean a veces una superficie pequeña, de unas
0,7 ha en el caso de Zambujal. Otros poblados fortificados de
la Extremadura portuguesa son Olelas, Laceia, Lexim, Penha Verde,
mientras que otros carecen de fortificación como Rotura
y Pico Agudo. En el SO, conocido durante mucho tiempo por los
sepulcros megalíticos y los tholoi, los trabajos
desarrollados a partir de los años ochenta han documentado
numerosos poblados de pequeño tamaño y potentes
fortificaciones como el Castelo de Santa Justa y Monte da Tumba,
aunque también los hay sin fortificar, algunos pequeños
como Castelo de Corte Joáo Marques, calificado como "quinta"
más que como aldea, mientras que otros se caracterizan
por la dispersión de estructuras sobre una superficie
muy grande, unas 50 ha en Ferreira do Alemtejo.
Si bien durante mucho tiempo el poblado fortificado se ha
considerado característico del calcolítico,
en los últimos años se ha incrementado el conocimiento
de poblados al aire libre, con estructuras domésticas
más perecederas y con estratigrafías horizontales
que permiten proponer explicaciones sobre su proceso histórico.
Este tipo de poblamiento ya se había identificado a
partir de algunos hallazgos como los silos de Campo Real y
otros en Córdoba y Jaén, configurando el Horizonte
o Cultura de los silos, en contraposición al de Los
Millares. Posteriormente se excavaron asentamientos como el
de Papa Uvas (Huelva), Valencina de la Concepción (Sevilla)
o la Pijotilla (Badajoz) que permitieron reconocer su complejidad
en cuanto a desarrollo cronológico, extensión
y estructuras. Todos estos hallazgos han puesto de manifiesto
una ocupación calcolítica o ya desde un neolítico
final de Andalucía y Extremadura hasta hace poco impensable
o por lo menos no bien documentada.
Muchos de estos poblados tienen una vida larga durante todo
el calcolítico como Marroquíes Bajos (Jaén)
o Llanete de los Moros (Córdoba) o iniciándose
ya en un Neolítico final como el Polideportivo de Martos
(Jaén), por citar algunos de los más recientemente
excavados. A lo largo de este tiempo se aprecia una ampliación
del área ocupada hasta alcanzar a veces grandes superficies
como las 40 ha de Martos o las más de 100 ha de Marroquíes
Bajos, lo que ya anteriormente se había detectado en
yacimientos como Valencina de la Concepción con 300
ha o La Pijotilla con unas 90 ha. Por lo general estas superficies
incluyen las casas y también los campos. En algunos
casos las arquitecturas domésticas cambian con el tiempo
desde las estructuras semisubterráneas o en superficie
delimitadas por agujeros para postes a las de planta circular
ya con basamento de piedra. Suele ser habitual la existencia
de zanjas en U o en V que rodean el complejo doméstico
o bien delimitan toda el área ocupada; mientras que
algunos otorgan a estas zanjas una finalidad de drenaje, otros
defienden su significado delimitador, excluyente y defensivo,
destacando el volumen de trabajo comunitario requerido para
su construcción. |
Ir
arriba Volver |
|
|