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PENÍNSULA
IBÉRICA - CALCOLÍTICO
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METALURGIA
Aunque en los yacimientos peninsulares no se ha documentado
la etapa supuestamente previa (cobre nativo) al desarrollo
de una verdadera minería y metalurgia, suele aceptarse
que fue un foco independiente surgido entorno al III milenio
a.C. El autoctonismo de la metalurgia peninsular se defiende
por tres razones: faltan evidencias claras de contactos entre
la Península y los centros metalúrgicos del
Mediterráneo Oriental, aparece en contextos culturales
en que prima la idea de continuidad cultural, finalmente la
tecnología metalúrgica peninsular primitiva,
no se puede comparar con las tecnologías y tipologías
desarrolladas del Mediterráneo Oriental, incluso del
central, donde ya en el tercer milenio se utilizaban verdaderos
bronces, es decir, con aleaciones intencionadas de estaño.
La tradición investigadora, la abundancia y naturaleza
de los hallazgos y los mapas metalogenéticos actuales
han primado la consideración de las áreas meridionales,
en especial el SE y el SO, como originarias de la metalurgia
y, efectivamente, sigue siendo incuestionable la primacía
cronológica de sus actividades metalúrgicas
desde comienzos del III milenio a.C. en los contextos culturales
de Los Millares, Vilanova de San Pedro y el cobre del SO.
Además de la presencia de objetos metálicos
tanto en poblados como en necrópolis, relativamente
abundantes si se compara con otras áreas peninsulares,
los hallazgos de minerales, gotas de fundición, escorias,
fragmentos de vasijas con adherencias, moldes y crisoles son
reflejo de las actividades de transformación desarrolladas
en los poblados; por otra parte, la proximidad de algunos
poblados a mineralizaciones de cobre permite proponer que
este factor pudo desempeñar un papel importante a la
hora de elegir su ubicación. Si bien esta cronología
calcolítica es indudable, recientes excavaciones realizadas
en el asentamiento al aire libre de Cerro Virtud (Almería);
considerado del Neolítico medio, aproximadamente de
la segunda mitad del V milenio a.C. en fechas calibradas,
han proporcionado evidencias de actividad metalúrgica,
por lo que se trataría de la cronología para
actividad metalúrgica más antigua de Occidente.
Para el resto de la Península Ibérica, siempre
se ha aceptado que los inicios de la metalurgia son posteriores,
de finales del III milenio a.C., coincidiendo con la presencia
del vaso campaniforme, tal como se documenta en algunos asentamientos
meseteños, como El Ventorro. No obstante, algunos hallazgos
en el norte de Portugal y en algunos yacimientos de la Meseta
parecen apuntar ya actividades metalúrgicas algo antes
de la aparición de esta cerámica, pero en todo
caso en la segunda mitad del III milenio a.C. En la Península
no se conocen complejos mineros de envergadura, por lo que
la obtención del mineral debió hacerse con técnicas
extractivas sencillas, a cielo abierto, en trinchera o covacha,
que se han documentado en el SO, en Huelva, y en las cercanías
de algunos poblados calcolíticos del SE como El Malagón,
Herrerías o Almizaraque, aunque se supone que debieron
ser bastante más numerosas. Esta técnica extractiva
implica trabajos poco complejos de productividad baja, aunque
suficiente para una demanda que probablemente no debió
de ser al principio muy elevada (a pesar de su baja productividad,
la abundancia de afloramientos podía favorecer un aumento
de la producción en caso necesario). Los estudios que
se han realizado sobre esta metalurgia coinciden en calificarla
como una actividad poco desarrollada tecnológicamente,
consistente en el aprovechamiento de los recursos locales,
razón que puede ser responsable de las distintas composiciones
de los minerales utilizados por las comunidades calcolíticas;
incluso se señala el "despilfarro" que caracterizó
a estos primeros metalurgos, dada la abundancia de minerales
no utilizados en mina y la cantidad de gotas de fundición
que se recuperan, lo que sería indicio de una demanda
baja, en relación a los recursos, que no obligaba a
optimizar su explotación.
Las actividades de transformación y producción
de objetos metálicos se realizaban en el interior de
los poblados, que por otra parte presentan por lo general
evidencias de actividades de producción relacionadas
con la subsistencia, de manera que no se puede hablar de grupos
mineros y metalurgos totalmente especializados y desligados
de las actividades primarias. En cuanto a las aleaciones durante
el calcolítico, es un tema de debate. Mientras Arribas
y Molina defienden que la presencia de arsénico en
algunos cobres del SE son fruto de aleaciones intencionadas
y de una tecnología metalúrgica desarrollada,
Montera y Rovira insisten en el desconocimiento del proceso
de aleación y justifican la presencia de arsénico
por la explotación, no necesariamente intencionada, de minerales de cobre que ya lo llevan en su
composición.
A partir del conocimiento de los lugares de explotación
y del estudio somero del instrumental lítico se puede
afirmar que el inicio de la metalurgia del cobre no supuso
el desplazamiento del instrumental lítico en la mayoría
de las actividades de producción. |
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