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PENÍNSULA
IBÉRICA - CALCOLÍTICO
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MANIFESTACIONES FUNERARIAS
Durante buena parte del Calcolítico continúan
realizándose enterramientos colectivos en megalitos,
en tholoi y cuevas artificiales; aunque más
excepcionalmente, también se encuentran enterramientos
en silos en Córdoba, Jaén y Sevilla. En lo que
a construcciones megalíticas respecta, conviven en esta
época tanto los sepulcros pequeños corno los de
mayores dimensiones, siendo de destacar las divisiones internas
del corredor y los grabados o pinturas que deben responder a
comportamientos rituales y simbólicos. El número
de enterramientos, cuando se ha podido determinar, puede variar
entre una decena o menos hasta un centenar o más, y están
distribuidos tanto en la cámara corno en el corredor.
En algunos casos, corno ocurre en la necrópolis megalítica
de La Camarilla, una de las correspondientes al poblado de La
Peña de los Gitanos, algunos sepulcros, que responden
a la planta característica de los megalitos granadinos
de cámara trapezoidal y corredor corto, se utilizaron
sólo para realizar uno o dos enterramientos, lo que,
en el contexto del megalitismo, parece un proceder algo excepcional.
En principio, pues, el ritual funerario en sí aparenta
ser una continuidad con respecto al final del Neolítico.
A pesar de que cada enterramiento supuso un tratamiento individual,
lo cierto es que en el resultado final destaca lo colectivo
sobre lo individual y se acepta que esto no es sencillamente
la consecuencia de la práctica de sucesivos enterramientos,
sino que responde a una intencionalidad de expresar una idea
de colectividad, posiblemente, tal como proponen varios autores,
entre individuos unidos por lazos de parentesco. En todo caso,
lo que parece diferenciar al Calcolítico es una mayor
complejidad arquitectónica y, en líneas generales,
un mayor número de elementos de cultura material depositados
en los ajuares entre los que destacan las representaciones
simbólicas (cerámicas, ídolos falange,
ídolos cilíndricos, placas de pizarra con representaciones
antropomorfas y geométricas) y las materias primas
exóticas o de calidad y por lo tanto valiosas por su
escasez o por la dificultad de su manufactura. Los temas representados
en las cerámicas e ídolos, aparte de los geométricos
y algún zoomorfo (cérvidos), suelen ser diseños
circulares, interpretados como soles y ojos, y se suelen relacionar
con cultos femeninos, asociados tradicionalmente a las primeras
etapas del megalitismo. Este interés por la representación
de rasgos antrópicos es una novedad del Calcolítico,
por lo menos así parece documentarse en Portugal, donde
las placas de pizarra alemtejanas llevan durante el Neolítico
final diseños exclusivamente geométricos y durante
el Calcolítico antropomórficos. Estas representaciones
se documentan también en áreas de habitación,
destacando la aparición de un gran número de
ídolos en la Pijotilla. No hay que olvidar que representaciones
geométricas, zoomorfas y antropomorfas (cruciformes,
soles, signos en phi) suelen aparecer a veces también
en las losas de algunos megalitos y en las pinturas de algunas
cuevas y abrigos situados en zonas altas.
La última etapa, representada por la presencia de cerámica
campaniforme, se documenta en muchas de las tumbas megalíticas.
La mayor facilidad de reconocer ajuares individuales cuando
éstos tienen cerámica campaniforme se ha interpretado
en numerosas ocasiones, para todas las áreas peninsulares
donde aparecen en megalitos, como una reutilización
de esos espacios pero sin la ideología propia de sus
primeros constructores. Para justificarlo se aduce la utilización
de monumentos en un momento ya de deterioro de la estructura,
o la situación de los enterramientos en el corredor,
a veces en estructuras específicas. Algunos investigadores
proponen como explicación alternativa el que al tratarse
muchas veces de los últimos enterramientos practicados,
si no ha habido posteriores limpiezas o reordenaciones del
espacio para proseguir con nuevas inhumaciones, se conserva
la asociación ajuar enterramiento. No obstante, es
cierto que, fuera del área cultural de Los Millares,
sobre todo en el Guadalquivir y Portugal se documentan enterramientos
realmente individuales que vendrían a confirmar una
tendencia al tratamiento individual de la persona en el ritual
funerario y a la desaparición de la monumentalidad
que va a ser un rasgo característico de la Edad del
Bronce; algunos enterramientos en grieta natural, en fosa
o en cista como los de Bélmez y El Bramadero en Córdoba,
o Fuente de San Ginés y Cañada Rosal en Sevilla,
son buen ejemplo de ello. |
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