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LOS  MILLARES

Localización: desde Granada por la A92 dirección Almería. Se toma la salida 382 (Rioja-Benahadux) y desde allí la A348 en dirección a Santa Fe de Modújar, y luego el acceso señalizado al yacimiento, a la altura del punto kilométrico 141.

Grado de Accesibilidad: Bueno-Centro de Interpretación y Recepción de Visitantes

Descripción: Los Millares se integra en un proceso cultural que afectó al Sureste de la Península Ibérica y que puede describirse a lo largo de las siguientes etapas:
  • Cobre Antiguo (3400 al 3000 a.C.): durante este período se fundaron todos los grandes poblados fortificados del Sureste como Los Millares a los que, a menudo, acompañan necrópolis concentradas con tholos.
  • Cobre Pleno (3000 al 2600 a.C.): se trata del momento de apogeo de la Cultura de Los Millares con la ampliación de las murallas y la construcción de los primeros fortines, expresión de un posible estado primitivo y centralizado que controlaba las redes de circulación de bienes de prestigio.
  • Cobre Tardío (2600 al 2400 a.C.): se produciría el máximo desarrollo de las fortificaciones calcolíticas y al mismo tiempo se iniciaría una crisis que afectaría al universo simbólico de Los Millares y, en última instancia, a su sistema de relaciones sociales. Destaca la llegada al Sureste de los primeros Vasos Campaniformes Marítimos, que se difunden rápidamente aprovechando las redes de circulación existentes.
  • Cobre Final (2400 al 2200 a.C.): los sistemas centralizados del Sureste agudizan la crisis que acabará con sus formaciones sociales. Se desarrolla un estilo local de cerámica campaniforme que circula, de forma restringida, en determinados contextos domésticos y funerarios, en este último caso acompañada de armas, que reflejan el carácter cada vez más violento de las relaciones sociales. Se produce una reducción de la demografía de los grandes asentamientos, confinándose lentamente la población de Los Millares en la ciudadela y en los fortines. Al finalizar este período tuvo lugar el abandono de Los Millares, tras una serie de sucesos catastróficos (conflictos o desastres naturales), reflejados en los incendios generalizados en los fortines y en un fuerte deterioro de las fortificaciones. Al tiempo que se despuebla Los Millares se fundan en sus alrededores los primeros asentamientos pertenecientes a la Cultura del Argar.
El Llano de Los Millares, con una longitud aproximada de 1,5 km en su eje este oeste, tiene una extensión de unas 19 ha, de las cuales la mayor parte, unas 13ha, corresponden a la necrópolis y las restantes al poblado. Hacia el sur la meseta está dominada por varias alineaciones de colinas en cuyas cotas más prominentes, a ambos lados de la rambla de Huéchar, se asientan los trece fortines que completan el potente sistema defensivo que controló el asentamiento y su territorio más próximo. Pasadas las líneas de fortines, sobre las lomas y terrazas situadas bajo el pie de monte de la Sierra de Gádor, se extiende una importante agrupación de necrópolis dolménicas, relacionadas con varios poblados de dimensiones reducidas.
poblado poblado
poblado poblado
El interior del asentamiento ofrece un urbanismo organizado en el que las viviendas de planta circular alcanzan distintas dimensiones en cada área del poblado. Destacan varias estructuras de carácter comunal como el gran edificio central y los talleres metalúrgicos del tercer recinto, así como la balsa o cisterna del cuarto y la conducción de agua que cruzaba la meseta donde se asienta la necrópolis y atraviesa las murallas hasta alcanzar la zona más interna del poblado. Las viviendas, de planta circular, con diámetros que oscilan entre 2,50 y 6,50 m, estaban construidas en todos los casos a partir de una ligera cimentación con zócalos de mampostería sobre los que se alzaban paredes de barro y cañizo. Las cubiertas, posiblemente cónicas, con un hueco central para la salida del humo, eran de ramaje revestido con barro y se apoyaban en pequeños postes de madera, ubicados en el interior de las cabañas y documentados por los hoyos excavados en el suelo o sobre los niveles precedentes, acompañados de calzos de pequeñas piedras que ayudaban a la sustentación. Los hogares estaban formados por una base de barro endurecido y un anillo perimetral del mismo material, sistema presente en numerosos poblados calcolíticos del sur de la Península. Otras estructuras domésticas localizadas en las diferentes viviendas son bancos adosados a las paredes, pequeños recintos de lajas hincadas que sostenían vasijas situadas junto al hogar para calentar líquidos o comida, espacios empedrados donde posiblemente se realizaban trabajos textiles y poyetes para la molienda del cereal. Éstos últimos se construían con mampostería de pequeñas piedras trabadas con barro que sostenían un molino de piedra volcánica o conglomerado, sobre el que se deslizaba la moledera del cereal o mano de molino. Algunos silos y pequeñas cisternas de forma acampanada, impermeabilizados con un revoco de arcilla, se sitúan en la proximidad de las cabañas (en ocasiones presentan la boca tapada con lajas de pizarra).
taller metalúrgico cabaña adosada a la muralla
Taller metalúrgico de la muralla III y cabaña adosada a la muralla II
Entre los edificios dedicados a actividades especializadas destacan los talleres metalúrgicos que se han localizado en dos zonas del poblado. Si bien, junto al tramo norte de la muralla exterior existen varias construcciones cuadrangulares y circulares dedicadas a esta actividad, el taller mejor conservado se sitúa en un amplio edificio de planta rectangular adosado al paramento interno de la tercera línea de fortificación. De dimensiones notables, unos 8 m de longitud por 6,50 m de ancho, fue construido con una técnica de mampostería más sólida que la empleada en las cabañas. Posee una puerta abierta en su paramento este y en su interior destacan los restos de tres estructuras: una fosa de 1,20 m de diámetro, con fragmentos de mineral de cobre, un horno delimitado por un anillo de barro cocido, con una depresión en su parte central para situar las vasijas hornos dónde se calentaba el mineral y una pequeña estructura de lajas de pizarra en su esquina nordeste. La falta de agujeros de poste en el interior hace presumir que una parte de la edificación posiblemente no estuviera techada. La distribución de escorias y fragmentos de vasijas horno sobre el suelo, y en relación con las estructuras internas, demuestra que en este singular edificio se desarrollaron diversas actividades relacionadas con la fundición y la manufactura de objetos de cobre.
muralla muralla
barbacana de la puerta principal puerta sur
Muralla I, barbacana de la puerta principal y puerta sur
La muralla exterior del poblado, muralla I, construida tras una ampliación del poblado hacia el 3000 a.C., tiene un perímetro de unos 400 m desde su extremo norte, junto al cortado del Andarax, hasta su extremo sur, que alcanza y corre paralelo al barranco de la Rambla de Huéchar. Presenta un espesor medio de unos 2 m y un foso poco profundo por delante destinado, sobre todo, a desmantelar áreas relativamente elevadas frente a la muralla con una serie de bastiones y torres huecas a intervalos regulares, hasta ahora se conocen 17, con estratos de ocupación en su interior relacionados con actividades domésticas y especializadas. Se han documentado dos puertas que permitían el acceso al recinto exterior del asentamiento donde se construyeron diversas cabañas circulares de pequeñas dimensiones.

A menudo éstas viviendas se encuentran adosadas a la línea de muralla, junto con pequeños recintos definidos por muros rectos que podrían funcionar como áreas de apoyo a las actividades domésticas o especializadas. En otras ocasiones, especialmente al sur, las viviendas se sitúan en áreas de gran pendiente sobre pequeños aterrazamientos. En este recinto exterior destacan dos sepulturas (las tumbas 17 y 63), que, construidas con anterioridad a la expansión del poblado, quedaron incluidas dentro del último perímetro amurallado (siguieron en uso posiblemente hasta el momento del abandono del asentamiento). En el sector norte de la muralla, originalmente de unos 4,5 m de alzado, se aprecia una alternancia de torres que se abren al recinto interior a través de una puerta situada en una antecámara empotrada en la muralla, y de bastiones adosados al paramento externo de ésta, sin acceso reconocido a nivel del suelo. La muralla ofrece el sistema constructivo típico en las fortificaciones de Los Millares, con dos paramentos de mampostería que descansan sobre una hilera de grandes losas u ortostatos hincados verticalmente, con el interior relleno de capas superpuestas de cascajo y barro. En el sector centro sur de la muralla se encuentra la puerta principal de acceso al poblado, flanqueada por varios bastiones semicirculares. La entrada al recinto, planteada inicialmente como un simple vano en la muralla delimitado por dos grandes losas hincadas, se fue estrechando en varios momentos haciéndose más compleja su estructura. Más tarde se construyó delante de la puerta una gran barbacana, de planta piriforme con antenas exteriores muy salientes, que posee una anchura máxima de 12,50 metros. Los muros están atravesados por estrechas aspilleras, dispuestas a intervalos regulares, que permitían que los defensores dominaran visualmente todo el entorno y que pudieron ser usadas como saeteras. En el sector sur se abre un acceso secundario al recinto constituido por una barbacana con entradas laterales que se prolonga hacia el interior del poblado mediante un pasillo similar al de la puerta principal.

La segunda línea de fortificación, muralla II, se alza sobre una vaguada, cerrando la meseta central del asentamiento. Presenta una gran complejidad interna ya que estuvo en uso durante todo el período de ocupación de Los Millares. Estaba dispuesta sobre una pendiente de mayor inclinación, por lo que fue necesario reforzarla con gran número de cuerpos adosados y superpuestos, hasta alcanzar una masa que supera los 10 m de espesor. Muestra un acceso al recinto interior muy complicado, con varias fases en las que se mantuvo una puerta estrecha y un pasillo, flanqueado por torres huecas. Adosadas al paramento interior de la muralla existen varias cabañas de grandes dimensiones, con diámetros internos que oscilan entre los 6 y los 7 metros. La tercera muralla, muralla III, cierra el área interna de la meseta central.
tholos 17 tholos 17
tholos 25 tholos L2
Tholos 17, tholos 25 y tholos L2
Compuesta por unas ochenta sepulturas colectivas de grandes dimensiones y diversas estructuras de carácter ceremonial, la necrópolis se extiende por la meseta del Llano de Los Millares junto al poblado, ocupando unas 13 ha. Las tumbas muestran una distribución espacial en pequeños grupos y una variada tipología, si bien resulta evidente que la mayor parte de las sepulturas son del tipo tholos con una cámara circular, cuyo diámetro oscila entre 3 y 6 m, construidas con mampostería irregular de piedra caliza procedente de canteras cercanas situadas en el mismo llano. La cámara presenta un zócalo de revestimiento interior con lajas de pizarra verticales (a veces decoradas con pintura roja), que en ocasiones ofrecen nichos laterales. La cubierta se realizaba aproximando progresivamente las hiladas hacia el interior formando una falsa cúpula y en otras ocasiones con un cierre horizontal plano de madera apoyado en un pilar central. Un corredor de longitud y tramos variables, con cubierta plana, conduce a la cámara desde el exterior, ofreciendo también nichos en algunas tumbas. En el acceso exterior, en la entrada a la cámara y dividiendo cada uno de los tramos del corredor se encuentran lajas de pizarra perforadas en su centro que funcionaban como puertas. Un vestíbulo trapezoidal sin cubrir suele preceder a la entrada del corredor aunque en varias tumbas sobresale del túmulo formando un auténtico recinto en el que debieron realizarse actividades ceremoniales. Las sepulturas se cubrían con un túmulo cónico de tierra y piedras, que presenta diversos anillos de mampostería concéntricos para reforzar su estructura. Un círculo más externo de losas o mampostería delimita la periferia del túmulo adaptándose en el frente delantero al vestíbulo formando una entrada monumental. Otras construcciones externas a veces conectan diferentes tumbas formando áreas parcialmente cerradas. La tumba 17 es la única que ha sido reconstruida completamente. Asimismo es una de las dos sepulturas que, construidas al exterior del poblado, quedaron situadas intramuros al edificarse la muralla exterior. El grupo norte de la necrópolis, integrado por siete sepulturas de corredor y cámara circular, se sitúa sobre una pequeña elevación del terreno en la zona inmediata al alcantarillado que cae sobre el valle del Andarax. Carácter peculiar en dos de estas tumbas es su orientación sudoeste, significativa por cuanto el resto de las sepulturas de la necrópolis se orientan al este o al sudeste. La explicación de este hecho probablemente resida en el sistema constructivo pues ambas tumbas fueron excavadas en la roca.

Las tumbas son colectivas con un número de inhumados que en cada sepultura es muy variable, desde una veintena a más de un centenar, lo que implica la práctica de inhumaciones colectivas frente a las inhumaciones individuales de los sepulcros de época neolítica de esta región. En las tumbas sólo los últimos cadáveres introducidos han aparecido en posición; los restantes (depositados con anterioridad) estaban desarticulados y arrinconados junto a las paredes de la cámara. Las inhumaciones se sitúan no solo en las cámaras y los nichos sino también, a medida que estos espacios quedaban totalmente ocupados, en los diferentes tramos del corredor (los nichos se utilizaban para el enterramiento de niños). En los ajuares funerarios de la necrópolis destacan materiales que reflejan el estatus de los individuos enterrados: objetos fabricados con materias primas exóticas (marfil o cáscara de huevo de avestruz), útiles de cobre, vasijas de cerámica con decoración simbólica o campaniforme y puntas de flecha y puñales de sílex. Dentro de las tumbas y en sus inmediaciones se han encontrado recipientes de cerámica común muy fragmentados, fundamentalmente fuentes y cazuelas, que pueden reflejar el consumo de alimentos en banquetes rituales (con ofrendas de comida a los difuntos) y la fragmentación posterior intencionada de los objetos utilizados. Así, el carácter concentrado de la necrópolis enfatiza la cohesión social y la capitalidad de Los Millares frente a la demarcación territorial de necrópolis megalíticas dispersas existentes en el territorio circundante.
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