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PENÍNSULA
IBÉRICA - CALCOLÍTICO
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EL CAMPANIFORME
Este término hace referencia a un conjunto de cerámicas
decoradas que, en realidad, presentan formas, técnicas
y motivos decorativos diversos, pero cuya definición
ha estado mediatizada por el predominio de la forma acampanada.
Desde las investigaciones de los años cincuenta, esta
cerámica fue estudiada como una entidad cultural, independientemente
del contexto en el que aparecía y, dada su amplia distribución
geográfica se la consideró identificadora de
una cultura o civilización para la que había
que explicar su inicio y expansión. El mecanismo de
expansión lo proporcionaba la movilidad de grupos humanos
cuya actividad económica (se les consideraba pastores
o bien prospectores mineros y metalurgos itinerantes) les
proporcionaba el motivo para trasladarse. Al mismo tiempo,
la asiduidad con la que esta cerámica aparecía
asociada a otros elementos como puñales de cobre, puntas
de flecha de sílex y brazales de arquero parecía
otorgarles un carácter guerrero que les aseguraría
el éxito. A partir de los sesenta, esta hipótesis
fue reemplazada por la de Sangmeister. Mediante el estudio
de las decoraciones se distinguieron dos estilos, sucesivos
cronológicamente: el Marítimo, llamado también
Internacional por la similitud de formas y decoraciones en
buena parte de Europa, con decoración puntillada o
a ruedecilla, y el Continental o Regional, con decoraciones
incisas y estampadas o seudoexcisas, para el que se conocen
diferentes grupos geográficos con características
propias. Sangmeister defendió un origen peninsular,
en los poblados de la desembocadura del Tajo, para el Marítimo
y su expansión por vía marítima hasta
el Rin. Tras la mezcla con las tradiciones decorativas locales
de la Cerámica de Cuerdas y los ricos estilos decorativos
de la cultura de Vucedol de Europa central se produjo un reflujo
hacia Occidente que culminó con el desarrollo de los
estilos regionales con decoraciones incisas y toda una serie
de novedades que siempre se han asociado al campaniforme como
los puñales de lengüeta, puntas de flecha, brazales
de arquero y cuentas con perforación en V, así
como la generalización de la metalurgia del cobre.
Posteriormente, los trabajos realizados en el Bajo Rin y la
revisión de materiales procedentes de antiguas excavaciones
han tenido como consecuencia el reconocimiento de otros estilos
decorativos y nuevas propuestas cronológicas.
En realidad, los planteamientos sobre la genealogía
del vaso campaniforme se están demostrando estériles
y se duda que todas las cerámicas que colocamos dentro
de ese saco haya que entenderlas como un único problema;
sólo los campaniformes marítimos responden a
una idea similar en cuanto a forma y decoración allí
donde aparece. Por ello, las investigaciones más recientes
van encaminadas a tratar de comprender el significado y la
función de estas cerámicas en sus propios contextos
culturales, muy diferentes entre sí, y se ha abandonado,
salvo contadas excepciones, la explicación de gentes
portadoras de estas cerámicas y del resto de los elementos
acompañantes.
La distribución europea de estas cerámicas no
es uniforme, sino que hay muchos vacíos geográficos
en los que no aparece, mientras que en las zonas donde sí
se documentan lo hace con densidades muy desiguales; por ejemplo,
los campaniformes marítimos presentan en el estuario
del Tajo la mayor densidad de hallazgos, siguiéndole
la Bretaña francesa, mientras que su presencia en el
resto de la Península es por ahora bastante más
minoritaria y en algunos lugares, como el SO peninsular, prácticamente
no aparece esta cerámica. En lo que a metalurgia respecta,
si bien es cierto que su generalización coincide a
veces con la presencia de esta cerámica, hay que constatar
por un lado que en la Península ya se conocía
y se usaba más o menos regularmente y, por otro, que
los análisis metalográficos realizados sobre
objetos contemporáneos no denotan cambios tecnológicos
significativos que permitan defender la llegada de nuevos
conocimientos. Por otra parte, no todos los objetos asociados
son de procedencia centroeuropea; uno de los elementos peninsulares
que puede acompañar al campaniforme es la punta de
Palmela, de origen portugués, cuya distribución
es casi exclusivamente peninsular.
Actualmente suele aceptarse que esta cerámica pudo
cumplir una función de objeto de prestigio, por estar
asociada a algún ritual determinado o a alguna bebida
concreta (se ha propuesto la cerveza o la hidromiel), y por
ello entrar en los circuitos de circulación e intercambio
que ya estaban trazados por la circulación de otras
materias primas o producciones de calidad. Precisamente el
estudio de la distribución de las diferentes materias
primas permite reconocer la existencia de varios circuitos
regionales que interfieren entre sí. Serían
los mecanismos de circulación a través de las
diferentes rutas los responsables de esa aparente unificación
de territorios muy amplios y de contextos culturales diferentes.
Ha sido frecuente vincular la presencia de los estilos regionales
con cambios en el ritual funerario: fin del megalitismo y
sustitución del ritual de enterramiento colectivo por
el de enterramiento individual, junto con un mayor interés
en reflejar mediante el ajuar la personalidad del enterrado,
no sólo su edad y sexo, sino también su categoría
social; es evidente que la distribución desigual en
los ajuares de esos objetos considerados de prestigio pudo
utilizarse para refrendar la categoría del muerto por
parte de los vivos. Independientemente de su significado,
esta cerámica se ha utilizado como marcador cronológico
para dividir el Calcolítico en dos etapas, pre y campaniforme
o para considerar el fin del campaniforme como inicio de la
Edad del Bronce. |
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