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PENÍNSULA  IBÉRICA   -  BRONCE  y  EL  ARGAR

METALURGIA

En comparación con la etapa anterior destaca la producción metalúrgica cuyo papel, determinante o no en la organización económica y social argárica, se ha convertido en un tema de debate. Hay que destacar un aumento considerable del número de objetos metálicos recuperados tanto en las necrópolis como en los poblados, así como una mayor diversidad tipológica que abarca utensilios (punzones, cinceles, anzuelos, sierras, clavos, cuchillos, hachas), armas (puñales, puntas de flecha, alabardas y espadas) y objetos de adorno y de uso personal (cuentas de collar, brazaletes, anillos, diademas, pendientes, botones). Otra novedad es el uso de objetos de oro, muy escasos, y de plata, más numerosos pero siempre excepcionales.

La mayoría de los objetos recuperados procede de los ajuares funerarios, con una distribución desigual cuantitativa y cualitativa. Ello ha dado pie para considerar que la metalurgia estaba dirigida sobre todo a la producción de objetos de prestigio. Es cierto que la presencia más o menos abundante de elementos metálicos diferencia la riqueza de los ajuares, pero algunos objetos concretos parecen tener un significado especial como símbolo de estatus social; tal es el caso de la espada, el puñal, la alabarda y el hacha que también aparecen en tumbas ricas de muchas áreas culturales europeas y que son objeto de representación en muchos grabados rupestres y estelas, quizá asociando estos símbolos de poder a principios religiosos masculinos, entre otros objetivos. Montero destaca como novedad el hecho de que algunos tipos sólo aparezcan en ámbitos domésticos (cinceles y puntas de flecha) y no se usen como elementos de ajuar funerario, lo que puede ser indicio de que, entre una mayor variedad tipológica, sólo algunos tuvieran un verdadero significado social. A pesar de la escasa presencia de objetos metálicos en los poblados, hay que presuponer una mayor incidencia de los mismos como instrumentos de trabajo (aunque no en el campo de la agricultura) y de defensa o caza y probablemente se puede explicar esta escasa presencia por las ventajas de la refundición de las piezas amortizadas en cuanto a ahorro de materia prima y por las circunstancias de abandono de estos poblados.

A partir de la cuantificación del número de objetos recuperados y su peso, Montero constata efectivamente un aumento significativo en comparación al Calcolítico, pero sigue considerando un volumen escaso de producción sobre todo en comparación con el recuperado en otras áreas europeas. Y tampoco desde el punto de vista tecnológico supone un desarrollo destacado, puesto que mientras ya en la mayor parte de Europa se constata un verdadero bronce, de cobre y estaño, salvo muy raras excepciones la metalurgia argárica sigue basándose en los cobres o en todo caso en una mayor utilización de cobres arsenicados. Esto le sirve a este autor para ratificar el aislamiento tanto tecnológico como tipológico de la metalurgia argárica con respecto al resto de Europa. De todas formas, que la metalurgia desempeñó un papel más importante que en la etapa anterior queda demostrado por un mayor número de asentamientos localizados en las cercanías de mineralizaciones y porque en un momento avanzado aparecen una serie de poblados en las estribaciones de Sierra Morena, como Peñalosa entre otros, claramente orientados a la explotación metalúrgica, aunque, como ya se ha dicho, no exclusivamente dedicados a ella. Por otra parte, son numerosos los poblados donde hay pruebas de actividades metalúrgicas sin estar cerca de las explotaciones mineras, de lo que se deduce una circulación de la materia prima.

Fuera del territorio argárico sorprende la, por ahora, escasa documentación de actividades metalúrgicas y de objetos metálicos en el resto de Andalucía, en el Sudoeste y en Portugal, dadas las posibilidades mineras de Sierra Morena y sobre todo las de Huelva y del sur de Portugal. Efectivamente, el volumen de objetos metálicos disminuye y, sólo excepcionalmente, se constatan las actividades metalúrgicas. Sin duda, ello es debido en buena parte al deficitario conocimiento arqueológico de estas zonas, que queda subsanado cuando hay algún tipo de intervención, como la excavación de La Mesa de Setefilla (Sevilla) que proporcionó un doble o triple enterramiento con ajuar integrado por espada, alabarda y puñal, o la del enterramiento doble en cista de Morenito 1 en Ardales (Málaga) con un punzón y un puñal. No obstante, hay que tener presente que sí se conocen enterramientos en los que el ajuar brilla casi por su ausencia como es el caso de algunas necrópolis de cistas de Huelva. Mientras que esta escasez de hallazgos afecta también a la Extremadura portuguesa, la presencia de objetos metálicos es algo más abundante en los ajuares funerarios del Sudoeste y también figuran en las estelas alemtejanas (consideradas del Bronce Final, pero con representaciones de espadas y alabardas que parecen más bien del Bronce Pleno). En cuanto a las tipologías, hay algunas formas similares a las argáricas, como los puñales de remaches que sustituyen a los anteriores de lengüeta; sin embargo, otros son propios, como por ejemplo algunas hachas planas con rebordes, la espada de Setefilla, de hoja puntiaguda, o las alabardas tipo Carrapatas y Montejícar diferentes de las argáricas.

En estos territorios occidentales, la información disponible para explicar las prácticas económicas es casi nula. Pero muchos investigadores insisten en una incidencia cada vez mayor de la ganadería, lo que permitiría explicar la fragmentación del poblamiento y la invisibilidad de sus asentamientos, lo que no implica un abandono de la agricultura. Así lo confirman los resultados de las recientes excavaciones en Agroal, en el interior de Portugal al norte del Tajo, donde los niveles de ocupación del Bronce han permitido recuperar restos óseos entre los que predominan con un 55 % los bóvidos, seguidos de ovicápridos y cerdos, mientras que la agricultura sólo se documenta en los instrumentos de sílex relacionados con ella.
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