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PENÍNSULA
IBÉRICA - BRONCE y EL
ARGAR |
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LAS ESTELAS DEL SUROESTE
Uno de los elementos más significativos y enigmáticos
de esta región son las “estelas decoradas”,
losas grabadas por una cara en la que se dibujan a veces guerreros
con cascos, frecuentemente rematados en cuernos, carros, lanzas
y espadas o diferentes elementos de prestigio (peines, fíbulas,
espejos, instrumentos musicales, etc.), objetos que pueden
aparecer sin necesidad de asociarse a una representación
antropomorfa. Del mismo modo, hay también un grupo
más limitado numéricamente, que incluye figuras
femeninas con diademas. Su distribución generalmente
es interior, a caballo entre la Extremadura española
y el Alemtejo portugués, en un paisaje de dehesas con
abundantes pastos, recursos minerales y escasa agricultura,
dada la escasez de tierras que puedan ser cultivables de una
manera continuada.
Tradicionalmente se ha visto en ellas a estelas o piedras sepulcrales
correspondientes a tumbas, datables cronológicamente
entre el Bronce final y la Primera Edad del Hierro, correspondientes
a clases dirigentes que harían ostentación de
sus riquezas. La identificación de sus propietarios como
invasores centroeuropeos conectados con grupos célticos,
o grupos orientales, egeos o fenicios, ha dado paso últimamente
a plantear su conexión con elites locales que pueden
incorporar a su entorno ciertos marcadores de prestigio, cuyo
origen puede provenir tanto del mundo atlántico, como
del mediterráneo, sin que ello tenga que implicar necesariamente
una igualdad entre la procedencia de los objetos y la de su
hipotético poseedor. En la última década
se ha impuesto un nuevo modelo de análisis en el que
se pone el acento en la conexión de las estelas con los
paisajes de su hallazgo y su contexto, hecho que ha reducido
la posibilidad funeraria a ejemplos puntuales e incluso de dudosa
interpretación.
En consecuencia, las últimas interpretaciones atribuyen
las estelas a grupos ganaderos del interior, que van a entrar
en contacto progresivamente tanto con grupos costeros atlánticos
como con orientales y que marcan sus territorios, fronteras,
o lugares claves de comunicación con estos hitos, en
una época en la que los procesos de territorialización
y aparición de asentamientos estables empiezan a dejarse
notar en los márgenes de unas gentes, en las que el
papel secundario de la agricultura y la amplia movilidad a
la que obligaba el pastoreo no parecía haber incitado
previamente a establecer unos límites precisos. Como
estos personajes, a medida que se acercan al núcleo
tartésico, son retratados rodeados de una mayor cantidad
de objetos de adorno y prestigio, en detrimento de las armas,
y las estelas expresan escenas de cierta complejidad social;
es tal vez éste el momento en que los personajes se
consolidan como verdaderas élites dirigentes, con un
poder de control tan asentado que prescinden de aparecer representados
como simples guerreros, en su día tal vez mas valorados. |
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