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PENÍNSULA
IBÉRICA - ARTE RUPESTRE |
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ARTE RUPESTRE LEVANTINO
Cronología: desde el VIII milenio a.C. hasta el V-IV
milenio a.C.
Pobladores: itinerantes dedicados a actividades cinegéticas
y recolectoras.
Temática y Significado:
- Escenas de caza.
- Representaciones aisladas de zoomorfos: ciervos, cabras,
bovinos, jabalíes y caballos.
- Arqueros u hombres en escenas de lucha o danza
de acusado carácter social y ritual.
- Representaciones diversas: escenas de recolección,
figuras femeninas, ritua– les, etc.
Si tuviéramos que sintetizar la temática representada
en el repertorio del Arte Rupestre Levantino lo haríamos
con una escena de caza ya que esta es su esencia: “arqueros
y presas atrapados en la eternidad de las paredes rocosas del
levante peninsular”. Desde el norte de la provincia de
Almería y desde el oeste de la provincia de Jaén
hasta el corazón de las provincias de Huesca y Lérida,
se han documentado numerosos testimonios que se organizan en
torno a cuatro grandes cuencas fluviales: la del Segura en el
sur, la del Júcar y la del Turia en el centro y la del
Ebro al norte.
Aunque no merece la pena analizar detenidamente las tipologías
de emplazamiento de los abrigos, si merece la pena señalar
que se observa un modelo general de ubicación que abarca
todo el espectro. Las características de un emplazamiento
“tipo” de un “abrigo de movimiento”
se pueden resumir en: inmediatez a un curso de agua, localización
altimétrica relativa inferior a la de las cumbres del
entorno y visibilidad desde el abrigo de un entorno mensurable.
La elección de los emplazamientos de los abrigos podría
haber estado determinada además por una serie de valores
en función de la percepción y contenidos simbólicos
que se tenían de la naturaleza desde el aspecto sociocultural.
La problemática radica en la rigidez del modelo económico
de cazadores recolectores que tradicionalmente se ha aplicado
al segmento del Arte Levantino, frente a la permeabilidad que
empiezan a apuntar los modelos económicos que surgen
del análisis arqueológico, mucho más flexibles
y aleatorios, y que permiten evaluar mecanismos más complejos
de interacción que diluyen la frontera entre las últimas
sociedades cazadoras recolectoras y las primeras sociedades
agrarias. Posiblemente, la necesidad de pintar y marcar el territorio
tenga que ver con la presión que sobre los grupos cazadores
recolectores estaban empezando a ejercer los cambios que se
documentan en la etapa Neolítica, introduciendo variables
en el modelo económico que finalmente afectaron a la
propia organización social. En fin, cabe plantear que
posiblemente nos encontremos frente al último intento
de seguir manteniendo un modelo de cazadores recolectores complejos
en la Península Ibérica, cuya contemporaneidad
con las primeras sociedades agrarias es hoy día indiscutible.
En lo que respecta a la técnica de ejecución,
los autores del Arte Levantino representaron los diversos motivos,
normalmente mediante imágenes planas en las que contrasta
la ausencia de detalles interiores con la abundancia y minuciosidad
de aquellos que se sitúan en el contorno de las figuras.
Si bien las figuras de animales presentan un abanico muy amplio
los cérvidos y cápridos dominan sobre las demás
especies. Para su ejecución se trazaba previamente la
silueta de la figura y luego se completaba con el añadido
de detalles externos y con el relleno del interior, con la técnica
de la tinta plana homogénea, o bien mediante un listado
de trazos mas o menos paralelos, continuos o discontinuos (incluso
muchas figuras se consideraron terminadas sin relleno interior).
También se emplearon otros recursos para tratar de ofrecer
una visión más completa de las figuras como la
“perspectiva torcida” que consiste en representar
a los zoomorfos con el tronco, la cabeza y las extremidades
de perfil y la cornamenta de frente o girada aproximadamente
45º.
Preocupación especial merecía la representación
del movimiento, característica que se conseguía
mediante dos recursos diferentes que podían emplearse
al mismo tiempo o de forma independiente: la disposición
de las extremidades de la figura muy abiertas, indicando un
movimiento en carrera, y la ejecución de la figura en
posición oblicua o suavemente inclinada, con las extremidades
rígidas y paralelas.
Las representaciones humanas solían realizarse a partir
del trazado del tronco en posición frontal (normalmente
siguiendo un esquema en forma de “Y” invertida)
y el añadido posterior de diversos detalles como extremidades
y cabeza (ejecutadas de frente, de perfil, o ligeramente giradas),
armamento, ropajes, herramientas, etc.
Para la representación de las figuras, generalmente monocromas,
se empleaban los colores rojo y castaño en sus diversas
tonalidades y, en menor medida, el blanco y el negro. El tamaño
de las figuras es muy variado, y aunque predominan las dimensiones
medias (10 a 20 cm.), hay representaciones de grandes dimensiones
(50 cm.) y figuras diminutas (2 cm.). |
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